La pobreza sólo engendra más pobreza

Christian Joanidis

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Mis alumnos de marketing pasan un cuatrimestre conmigo para aprender a hacer un plan de negocios. Les asigno una empresa y ellos tienen que desarrollar un nuevo producto y hacer el correspondiente plan. Al principio, les asignaba empresas muy cercanas a sus situaciones de consumo: grandes marcas con las que se sentían identificados. Empecé a notar que caían en algunos errores, sobre todo el de creer que esa marca era lo mejor que había. Es que, si ellos consumían ese producto, tenían que tener la convicción de que era lo mejor. Un día decidí cambiar su perspectiva y comencé a asignarles marcas que tal vez nunca habían visto, en general, terceras marcas. Sin que yo lo haya planificado, además de aprender algo más de marketing y negocios, hoy aprenden a mirar al costado y a entender que su realidad no es la única que existe.

Eduardo Duhalde, con gran lucidez, aceptó el fracaso de la política del último tiempo. Hizo lo que muy pocos se atrevieron a hacer: mirarse al espejo y entender que es uno de los responsables de que la Argentina tenga la pobreza que tiene hoy. Absurdo como suena, después del regreso de la democracia, después de los gloriosos noventa, después de la década ganada y seguramente también después del segundo semestre, seguiremos siendo un país con pobreza. Cuando el kirchnerismo no publicaba la información sobre la situación de los argentinos, yo insistía en que la mitad de la población era pobre. No era una estadística, era una intuición, porque la realidad a veces no hace falta medirla para entenderla, basta con sentirla. Y eso es lo que hacemos todos nosotros cuando salimos a la calle todos los días: sentimos la realidad.

En particular, siento un gran respeto por Duhalde. No sólo ha tomado el país en uno de los momentos más complejos, sino que además es uno de los pocos políticos que suele asombrarnos con su autocrítica. Su frase adicionalmente pone de manifiesto algo que la sociedad no termina de entender: la realidad del país la construye la política. No se trata de una cuestión de fanatismos e hinchadas, nuestro sufragio construye el país que tenemos. Se dice hasta el hartazgo que con nuestro voto definimos nuestro futuro, pero no se hace carne el hecho de que con la política se transforma el país.

La política en la Argentina se fue construyendo cada vez más con líderes únicos que reclutaban un ejército de obsecuentes y disciplinados subalternos. El Gobierno actual no parece ser la excepción. Una vez escuché a alguien decir que hay que rodearse de incapaces, para que nunca puedan convertirse en una amenaza. Parece que fue el lema de los últimos veinte años de la política nacional. Una figura central que a su alrededor tiene gestores sin ideas ni pensamiento, esa fue la construcción que se repitió gobierno tras gobierno. Eso se ve hoy en la pobreza del panorama político, donde las figuras son cada vez más escasas y los partidos políticos no son más que la extensión de sus líderes. Y es justamente la pobreza de nuestra política la que engendra la pobreza del país.

Nuestra dirigencia, encerrada en sus despachos y digitando las cosas desde el escritorio, se parece mucho a mis estudiantes de marketing, que sólo pueden ver lo que sucede a su alrededor. A veces salen de excursión y, rodeados por la burbuja de asesores y custodios, caminan las calles. Pero el barro a veces no les llega. Salvo honrosas excepciones, ninguno tiene interés en mirar al costado. Por eso solemos escuchar cómo desde quienes ocupan cargos electivos provienen las ideas más absurdas y uno se pregunta si viven en Argentina o en Dinamarca. Hablan de problemas que sólo preocupan a quienes viven en su entorno, a quienes viven su misma realidad danesa, mientras media Argentina vive en la pobreza.

Este ignorar la realidad y refugiarse en lo que sucede en su círculo es algo natural para todas las personas. Quienes ocupan cargos electivos no hacen ningún esfuerzo por salir de esa zona de confort y es justamente la falta de ideas, la falta de profundas convicciones la que los vuelve un oficinista más, cuando quienes los elegimos esperamos que se comporten con un poco más de heroísmo. Pero quienes llegan a las listas a fuerza de ser complacientes cortesanos difícilmente puedan comportarse de otra forma. La permanencia supera a la inteligencia.

Mientras la política se siga nutriendo de la obsecuencia, seguiremos siendo un país con la mitad de la población en la pobreza. Mientras los partidos políticos no sean generadores de disenso y de ideas, mientras la política no sea más que la asociación de muchos para que un jefe llegue al poder, seguiremos siendo el país que somos. Y estoy evitando mencionar la corrupción.

La actual dirigencia no ha sabido resolver el problema de la pobreza y nada indica que será capaz de hacerlo. Sólo una nueva generación, alejada de la metodología de trabajo de los últimos treinta años, tiene una probabilidad de triunfar donde otros fracasaron. Si no enriquecemos de alguna forma la política, nuestro país seguirá igual. Nos faltan ideas, nos falta discutir los temas centrales. Todos coincidimos en lo obvio, pero hay mucho para armar en nuestro país más allá de lo evidente.

@Chrisjoanidis

El autor es ingeniero industrial (ITBA) y realizó un MBA en la Cranfield University (Inglaterra). Actualmente es docente en la UCES y el ISSP. También asesora a empresas y gobiernos sobre cómo mejorar la forma en que se gestionan.