
“La salud tiene un gran problema, que es la falsificación, el robo y la corrupción”. Carlos lo dice pensando en las cadenas de distribución de medicamentos y prótesis, pero la idea recorre buena parte de su mirada sobre el sistema de salud: la logística sanitaria no es solo transporte, también es trazabilidad, regulación y control en cada eslabón, desde la innovación en un laboratorio hasta el mostrador de una farmacia de barrio, pasando por años de gestión pública.
Después de combinar medicina, gestión pública y análisis de políticas sanitarias, ¿qué aprendiste sobre el sistema que sostiene el acceso a la salud, algo que no se ve desde el consultorio?
En el consultorio la única prioridad es el paciente. Pero para que ese paciente tenga un servicio disponible hace falta un sistema completo: el que forma al médico, el que sostiene hospitales, ambulancias, análisis de sangre, radiografías, medicamentos y farmacias.
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Y después hace falta un sistema que financie esa relación entre el médico y el paciente. Es una tríada: un sistema financiero, un sistema prestador y la concreción de la prestación médica, el delivery, donde el paciente resuelve su problema y se crea el bien salud.
Medicamentos, vacunas y tecnología médica dependen hoy de cadenas internacionales cada vez más complejas. ¿Cuánto condiciona esa dependencia la autonomía sanitaria de un país?
Ningún país puede producir la totalidad de los medicamentos que necesita, porque la innovación ocurre a destiempo y en distintos lugares del mundo, y detrás hay toda una cadena de insumos para fabricar remedios y prótesis que está en permanente evolución.
Una innovación médica puede tardar de ocho a diez años en llegar a un país en vías de desarrollo, por cuestiones de precio pero también de logística. Y la logística no es solo transporte: también es la correcta formulación de la demanda.
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Hay que definir con precisión qué tecnología se necesita, quién la busca, en qué parte del mundo, cómo se resuelve el precio y cómo se arma la cadena de distribución hasta transferir el producto en tiempo y forma al lugar donde se lo necesita.
¿Qué debería aprender hoy un médico que no formaba parte de su formación hace diez años?
La inteligencia artificial pasa a ser un trabajador más del sistema de salud, con una enorme capacidad de resolver problemas. El médico tiene que aprender a trabajar con ese nuevo agente de cambio, así como antes tuvo que aprender a usar la tomografía computada.
Hoy los médicos tenemos que estudiar más matemáticas y estadística, entender cómo funcionan los modelos y desarrollar mecanismos para gestionar la incertidumbre, porque nunca hay un modelo final: todos son provisorios y avanzan a pasos acelerados.
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¿Cómo se cuelan los debates éticos en esto?
El 80% de la población mundial no tiene acceso a todo. La cobertura universal, como puede haber en España, Francia, Suecia o Alemania, donde alguien accede a la totalidad de los bienes que produce la medicina moderna por vivir en esa comunidad, se ve en pocos países.
Argentina tuvo un período de acceso muy extendido, el mayor de América Latina sin dudas, pero hace 50 años que lo viene perdiendo año tras año. No tener acceso universal es muy duro, y en algún momento vamos a empezar a extrañar lo que teníamos.
¿Hasta qué punto la capacidad logística de un país puede convertirse también en una cuestión de seguridad sanitaria?
Lo es. La salud tiene un gran problema, que es la falsificación, el robo y la corrupción. Existen fábricas enteras que falsifican prótesis con el embalaje de una marca reconocida, hechas en el taller de un chapista, y lo mismo pasa con medicamentos e insumos descartables.
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Por eso son tan importantes las regulaciones: que el medicamento se dispense siempre en una farmacia, con un farmacéutico entrenado que se haga responsable, con trazabilidad, mecanismos de verificación y una autoridad sanitaria que controle dónde se produjo cada insumo.
Todo esto tiene un antecedente fuerte en la posguerra: cuando Berlín quedó devastada, los aliados armaron un puente aéreo para proveer alimentos, agua y medicamentos. De ahí nace la investigación operacional, que cambió para siempre la logística mundial y que hoy, asistida por inteligencia artificial, también sirvió para distribuir las vacunas durante la pandemia.
Destacaste que la Argentina tiene un buen sistema de distribución de medicamentos. ¿Por qué funciona así?
La Argentina tiene 16.000 farmacias en todo el país, así que a casi todo el mundo le queda una cerca. Ahí está el profesional y las condiciones para conservar el producto y garantizar su autenticidad y calidad, aunque el fraude nunca desaparece del todo.
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Después está la red de droguerías, con depósitos muy sofisticados. Una farmacia puede tener mil productos distintos, entre frascos, blísteres y ampollas, y hay que abastecerla dos o tres veces por día, todos los días del año.
Arriba de eso están las mandatarias, que coordinan entre laboratorios y droguerías todo lo que tiene que ver con el depósito. Hay medicamentos que no pueden recibir luz, otros que no toleran vibración o necesitan temperatura específica: la insulina es de lo más complejo, y el oncológico exige un trabajo muy profesional.
Con la inteligencia artificial se habla cada vez más de medicina personalizada. ¿Es ese el próximo gran desafío logístico?
Los grandes modelos predictivos ya pueden combinar muchas variables para resolver el problema exacto de un paciente. El desafío está en el delivery: no se podrían tener comprimidos estandarizados en la farmacia, y hay que ver si eso se justifica en todos los casos.
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Diseñar una dosis específica para cada persona sería económicamente inconveniente y muy difícil de gestionar. Muchas veces conviene discretizar: un comprimido para un rango de pacientes y otro para otro rango, de la misma manera en que los lotes se arman en medidas prácticas.
A mí los temas de coordinar me fascinaron siempre, y la logística es un gran problema de coordinación que deja una enseñanza profunda: nada lo podemos hacer solos. Así como la logística depende de que mucha gente haga bien su trabajo, en los sistemas de salud pasa exactamente lo mismo.
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