
Para Julián, que un pago entre países se resuelva en segundos y que una terminal POS llegue a tiempo cuando un comercio necesita un equipo nuevo o un recambio son parte del mismo desafío. “Si hay un problema, necesitan cambiar el dispositivo para que pueda seguir vendiendo”, señala, y esa urgencia atraviesa tanto las transferencias digitales como el transporte de equipamiento por distintos países de la región.
¿Se están utilizando medios de pago digitales en operaciones de comercio exterior?
Algo que se está utilizando mucho para comercio exterior y remesas internacionales son las stablecoins: monedas digitales ancladas a una moneda fiat, como el dólar, que funcionan como su gemelo digital. Eso permite convertir cualquier moneda local en un equivalente digital de esa divisa.
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Hay países que tienen obstáculos para acceder al dólar formalmente, y ahí las stablecoins terminan siendo una vía para hacerse de esa moneda y transferirla. También sirven mucho para remesas internacionales, para mandar dinero de un país a otro reemplazando el circuito tradicional.
¿Y qué ventaja concreta tienen frente a una transferencia bancaria internacional tradicional?
La transferencia bancaria tradicional todavía tiene fricción: hay que conocer los datos de la cuenta, el dinero no llega en el momento, tarda unos días y tiene comisiones altas. Las stablecoins ayudan a que esas operaciones de comercio exterior funcionen con menor fricción, un costo más bajo y de forma prácticamente inmediata.
Es un uso que viene creciendo, aunque todavía no está tan regulado como para tener números confiables sobre cuánto se transfiere entre países. Lo que sí se ve con claridad es que la tendencia va reemplazando, de a poco, a los circuitos tradicionales de pago entre países.
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¿Cómo entra la logística en el traslado de dispositivos físicos para la gestión de pagos?
Nosotros damos tecnología de aceptación de pagos, tanto para el comercio electrónico como para el mundo presencial, en dieciséis países de la región. En las tiendas físicas eso implica un dispositivo con el software y la conexión necesarios para que el pago digital se acepte en uno o dos segundos, sin fricción.
Ahí es donde entra la logística: hacer que ese dispositivo llegue al comercio de manera rápida. Cuando un comercio pide la solución, tiene que llegarle lo antes posible, en el día o en veinticuatro horas, porque de esa velocidad depende que pueda empezar a vender.
¿Qué problemas te tocó enfrentar en ese cruce entre un negocio pensado en lo digital y una operación que también depende de embalajes, envíos y aduanas en distintos países?
Lo más importante para nosotros es que el producto llegue rápido a los comercios, que son el usuario final. Nosotros no vendemos directo al comercio, le vendemos a otras fintech o a bancos grandes de la región, que son quienes dan el servicio final. Si hay un problema, necesitan cambiar el dispositivo para que pueda seguir vendiendo.
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No fabricamos los dispositivos ni hacemos nosotros mismos la última milla, sino que trabajamos con terceros que se encargan del almacenamiento y del envío a cada comercio. Los obstáculos más grandes no fueron con esos socios logísticos, sino tecnológicos, para lograr que todo se conecte vía APIs y no se resuelva mandando un mail pidiendo que se envíe un dispositivo a una ubicación.
¿Qué decisiones son más difíciles de tomar cuando se lidera una empresa de tecnología en un contexto que cambia tan rápido?
Lo más difícil es saber qué priorizar y adelantarse a lo que va a pasar. Eso implica experimentar mucho, pero acotando bien los experimentos y sabiendo cuándo bajarse si algo no funciona. Y escuchar muchísimo a los usuarios, que también van orientando hacia dónde hace falta innovar.
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Nuestros clientes, a su vez, hablan con sus propios clientes y están muy cerca de lo que necesitan. A veces esas conversaciones le dan sustancia a una idea de innovación, aunque también puede pasar que algo que en la teoría parecía necesario, en la práctica no termine funcionando.
¿Qué cambio tecnológico creés que va a tener mayor impacto sobre el comercio y las cadenas de suministro en América Latina?
Lo que vemos que se viene es el desarrollo de agentes que empiecen a comprar por las personas, y el crecimiento de las stablecoins para remesas internacionales, conviviendo con las monedas de cada economía. Para que eso funcione todavía falta infraestructura, ya que los agentes necesitan poder interpretar el catálogo de un comercio y comunicarse con esos sistemas.
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También vemos que las barreras de tecnología siguen bajando. Hoy es mucho más accesible que cada compañía cuente con sus propias soluciones de pagos y ofrezca una propuesta diferencial sin construir todo desde cero, gracias a infraestructuras modulares ya existentes listas para operar.
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