
“La gente de logística y de comercio exterior sabe claramente cómo algo que pasa en un país afecta absolutamente todo lo que sucede a otro nivel”. A partir de ahí, Daniela repasa la incertidumbre que atraviesa a las cadenas globales con los desafíos que enfrenta hoy cualquier líder que decide implementar inteligencia artificial en su organización.
¿Cómo describirías el impacto que la inteligencia artificial está generando en los negocios, la producción y la economía en general?
La inteligencia artificial es un cambio existencial, porque es la primera vez que algo nos va a superar en lo que consideramos inteligencia. Siempre hemos sido, como civilización, superiores a todo lo que nos rodea, y esta vez tenemos el potencial de no serlo. Por eso digo que es existencial: a todo nivel, como persona y como empresa, nos tenemos que replantear quiénes somos, qué valor damos y cómo compito, cómo mejoro.
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Es una revolución existencial, así la veo. Y por otro lado, es la primera revolución en la que Latinoamérica no está tarde. Todas las otras revoluciones las hemos vivido tarde, nos enteramos después de que ya había llegado todo. En esta no.
¿Tuviste oportunidad de asesorar a profesionales de logística o comercio exterior?
Tuve un cliente que importa hace más de treinta años productos de cocina, principalmente para retails y algunos mayoristas. Con ellos trabajé los errores de operación, que tienen mucho más que ver con el error humano. ¿Se puede implementar inteligencia artificial para prevenir errores humanos? La respuesta es sí.
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El análisis de datos tradicional que se usa en logística para predecir y prevenir era limitado: en la cantidad de datos que podés procesar, en la cantidad de variables que le podés meter a la proyección, en la cantidad de patrones que podés encontrar. Hoy la inteligencia artificial permite encontrar patrones que el ojo humano no podría ver.
Cuando la inteligencia artificial ve lo que está sucediendo en el mar, en el clima, en el contenedor y en el sensor del barco, tiene un nivel de proyección y de credibilidad muchísimo más alto. En la logística el tiempo y los errores son muy valiosos: si podés predecir que algo va a suceder en un contenedor, le avisás antes al retail y evitás un problema de reputación de último momento.
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Con ese cliente primero trabajamos en limpiar los procesos operativos, no en meter inteligencia artificial en todo. En un año bajaron el 43% de los errores operativos, lo cual es una locura de optimización. Recién en un segundo paso uno se puede ir a modelos predictivos más avanzados.
¿Qué retos identificás para los líderes en este contexto?
El reto del líder no es aprender una tecnología en particular; esa habilidad es nula comparada con la transformación a nivel persona que hay que hacer para poder liderar en esta época. Antes el saber era poder; hoy hay información por todos lados, y no alcanza con tener los datos: hay que tomar una decisión, y tomarla en un mundo cambiante, donde nada es cierto.
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La gente de logística y de comercio exterior sabe claramente cómo algo que pasa en un país afecta absolutamente todo lo que sucede a otro nivel. Esa incertidumbre, ese saber tomar una decisión en la incertidumbre, tiene un factor nuevo, porque el mundo está más incierto.
El líder al final es quien logra que esa ejecución se haga bien, en tiempo y forma. La revolución de la inteligencia artificial trajo mucha más humanización de lo que es un líder: hoy se pide empatía, se pide que lo traten a uno bien, se pide un motivo por el cual ser y vivir.
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¿Qué lugar ocupa la marca cuando la logística y el producto dejan de ser lo difícil?
Cada vez es más fácil importar; la importación bajó su nivel de complejidad. Armar un prototipo de un producto con inteligencia artificial es facilísimo, en un segundo. Cuando el producto deja de ser la magia y la logística no es tan difícil, ¿qué te queda como empresa? Te queda la marca, y ahí la marca pasa a ser muy valiosa.
Las nuevas generaciones buscan autenticidad, el storytelling de la marca; cada vez es más importante el packaging, de dónde viene la trazabilidad del producto, porque conecta con los valores de cada uno. La marca pasa a ser muy importante a todo nivel, también para las empresas que se dedican a logística: ya no es la logística, es la marca lo que importa.
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¿Cómo imaginás que estas tecnologías van a impactar a la logística en los próximos años?
Considero que la inteligencia artificial nos lleva más a lo humano, más a lo local, más de nuevo al storytelling, a entender de dónde vienen las cosas. Por eso creo que las marcas locales van a empezar a tener, en unos años, un poco más de fuerza.
Vamos a tener que tener mayor trazabilidad: cuántas paradas hizo el camión, cuál fue la materia prima, de dónde vino el producto que se generó acá. Y esto claramente va a afectar a todo lo que es el comercio exterior y a todo lo que es la logística.
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