
La relación entre Argentina y Brasil combina cercanía geográfica con desafíos persistentes en términos de comercio exterior e integración. “Prácticamente existe una sola industria con la cadena productiva integrada entre Argentina y Brasil, que es la automotriz, y ni siquiera fue una decisión tomada en la región”, precisa Federico en esta entrevista, en la que destaca el rol de la logística y la necesidad de avanzar hacia esquemas más coordinados y eficientes.
¿Cómo describís tu rol en la Cámara de Comercio Argentino-Brasileña de São Paulo?
Estoy desde hace ya un tiempo con la responsabilidad de ser lo que llamamos en Brasil Director Presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Brasileña en San Pablo (CAMARBRA). Es una entidad privada sin fines de lucro, con más de 80 años, que representa a diversos sectores de la actividad.
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Nuestro propósito es ayudar a emprendedores, empresas y empresarios a desarrollar o ampliar la relación bilateral, no solo comercial sino también social y cultural entre ambos países. Le dedicamos mucho entusiasmo y esfuerzo porque creemos firmemente que una mayor integración es clave para el desarrollo.
¿Cómo resumís la relación comercial histórica entre Argentina y Brasil y su situación actual?
La relación se puede resumir en dos o tres grandes etapas. Antes del Mercosur era una relación muy pequeña. A partir del Mercosur se incrementó significativamente, aunque todavía es baja en términos relativos y tiene una gran oportunidad de crecimiento.
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Hay un punto importante: ambos países son economías grandes pero muy domésticas. El comercio exterior, en proporción al PBI, es bajo si lo comparamos incluso con países como Chile. Aun así, la relación bilateral creció.
Hoy vemos una oportunidad de que esa relación sea más estratégica, con integración de cadenas productivas. Actualmente, esa integración es limitada. De hecho, prácticamente la única industria con integración real es la automotriz, y fue una decisión tomada fuera de la región.
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¿Dónde están las principales oportunidades de integración entre ambos países?
Argentina y Brasil tienen ventajas comparativas enormes: recursos naturales, tierra, agua, población joven. Pero el desafío es transformar esas ventajas en ventajas competitivas, agregando valor.
Hoy muchas exportaciones están basadas en materias primas. Por ejemplo, Brasil exporta mucho poroto de soja, mientras que Argentina agrega más valor con derivados como aceite. Hay una oportunidad clara de avanzar en industrialización y en cadenas productivas regionales.
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Si logramos eso, podemos generar más producto bruto, más prosperidad y más riqueza para nuestras poblaciones.
¿Cómo analizás el crecimiento del comercio exterior de Brasil en las últimas décadas?
Brasil tuvo un crecimiento exponencial en su comercio exterior en los últimos 20 o 30 años, impulsado en gran parte por commodities y por el crecimiento de China, su principal socio comercial.
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Hubo factores externos, como la demanda global, y factores internos, como el desarrollo tecnológico en producción de alimentos y cierta mejora en infraestructura, aunque aún insuficiente.
Sin embargo, el gran punto pendiente sigue siendo el mismo: agregar valor a esas materias primas. Ahí hay una oportunidad enorme tanto para Brasil como para Argentina.
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Desde el punto de vista logístico, ¿cómo ves la conexión actual entre ambos países?
La logística nunca fue tan importante como ahora. No solo por los conflictos globales, sino porque hoy forma parte del valor del producto: la rapidez, la calidad de entrega, la protección. Es un componente clave en la agregación de valor.
Entre Argentina y Brasil tenemos mucho para hacer. Estamos muy cerca y muy lejos al mismo tiempo. Hay problemas estructurales: las trochas ferroviarias son diferentes, falta integración ferroviaria, faltan puentes, carreteras y mejoras en infraestructura.
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También hay barreras no físicas, como las barreras para-arancelarias: diferencias en horarios de aduanas, reglas de origen, certificados. Se avanzó mucho, pero todavía hay duplicidades y burocracia que afectan la eficiencia.
Hoy incluso hay más barreras del lado brasileño que del argentino, pero existe un consenso creciente de que generar barreras no ayuda en este contexto global.
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¿Qué objetivos te planteás desde tu rol en la Cámara?
El objetivo es simple: aumentar la relación bilateral. Cuanto mayor sea el flujo de importaciones y exportaciones, mejor.
Para lograrlo, hay tres aspectos clave. Primero, el conocimiento: argentinos y brasileños se conocen poco entre sí, incluso estando cerca. Hay que profundizar en el entendimiento de los negocios y las personas.
Segundo, la humildad: reconocer los tamaños, las diferencias y las fortalezas de cada país.
Y tercero, pensar en el mediano y largo plazo. Muchas decisiones hoy se toman por variables coyunturales, como el tipo de cambio. Pero la integración real requiere una visión más estratégica.
¿Cómo ves el futuro de la integración entre Argentina y Brasil?
Estamos en un momento importante para avanzar en una mayor integración de las cadenas productivas. Es difícil planificar a largo plazo en un mundo con tanta incertidumbre, pero es necesario tener un norte claro.
Argentina y Brasil tienen una oportunidad enorme. Son casi 270 millones de personas entre ambos países. Hay una responsabilidad de quienes pueden pensar estratégicamente de impulsar ese desarrollo.
Muchas veces se dice que estamos condenados a trabajar juntos. Más allá de la frase, lo cierto es que no podemos perder esta oportunidad. La Cámara es un espacio para pensar y construir esos caminos, sin la presión del corto plazo, pero con una gran responsabilidad de generar impacto real.
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