De un problema cotidiano a una solución logística con escala

Melina Caporaletti, fundadora de una empresa de transporte para estudiantes, reflexiona sobre el rol de la logística en la prestación del servicio y la importancia de coordinar operación, tiempos y capacidad

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Melina Caporaletti es fundadora de una empresa de transporte para estudiantes (Foto: Movant Connection)
Melina Caporaletti es fundadora de una empresa de transporte para estudiantes (Foto: Movant Connection)

En una operación donde cada detalle impacta directamente en la experiencia del usuario, la coordinación se vuelve central. “La logística es como un engranaje de cosas que tienen que funcionar todas juntas y coordinadas”, señala Melina al describir los desafíos de un servicio que exige precisión diaria.

Desde esa mirada, repasa cómo fue construir y escalar una propuesta de transporte en un contexto atravesado por imprevistos y necesidad de respuesta inmediata.

¿Cómo surge tu perfil emprendedor y el paso hacia el transporte?

Bueno, yo me crié en una familia de empresas, entonces como que de muy chiquita lo fui viendo día a día en mi casa. Arrancó como un juego. Yo no sabía lo que era el concepto de emprender. Tenía 13 años, estaba en el colegio y usé los ahorros que tenía, que eran 12.000 pesos, compré una caja de maquillaje y ahí empecé. Siempre mi sueño fue tener una empresa.

Después empecé con lo que es el transporte, sacando micros para fiestas. A los 17 años me di cuenta que no había ningún servicio eficiente desde zona norte de Tigre hasta la puerta de las universidades. Ahí entendí que era una necesidad real y junté la poca experiencia que tenía con esa oportunidad. Así nació el proyecto.

En ese proceso, ¿cuáles fueron los principales desafíos operativos y de logística?

Al principio no sabía bien lo que estaba haciendo. Era un juego hasta que entendí que era una responsabilidad real. Empecé a liderar un equipo, con personas y padres confiando en mí para que todos los días sus hijos lleguen a la universidad. Uno de los mayores desafíos fue delegar, porque yo estaba muy metida en la operativa diaria y me costaba soltar.

Otro desafío grande fue la flota. Tenía un techo con proveedores que me podían dar pocos micros, y eso limitaba el crecimiento. Yo quería crecer, pero manteniendo la misma calidad. Entonces tuve que salir a buscar alianzas estratégicas con empresas más grandes para poder escalar sin perder ese estándar.

"A los 17 años me di cuenta que no había ningún servicio eficiente desde zona norte de Tigre hasta la puerta de las universidades. Ahí entendí que era una necesidad real", comenta Melina (Foto: Shutterstock)
"A los 17 años me di cuenta que no había ningún servicio eficiente desde zona norte de Tigre hasta la puerta de las universidades. Ahí entendí que era una necesidad real", comenta Melina (Foto: Shutterstock)

¿Qué dificultades encontraste al empezar, tanto por tu edad como por el sector?

Lo más difícil fue la edad. Era muy chica y no me tomaban en serio. Tenía ganas y energía, pero estaba aprendiendo: no sabía negociar, no sabía tratar con proveedores ni lo que implicaba la atención al cliente.

También, al ser un sector más masculino, en mi primera reunión le pedí a mi papá que me acompañe porque pensaba que no me iban a tomar en serio. Después entendí que todo pasa por la comunicación, el respeto y la responsabilidad. Hoy tengo un equipo con el que compartimos visión y eso hace que todo sea más colaborativo.

¿Cómo describís el rol de la logística dentro de la operación diaria?

Lo que me pasó al principio es que hay muchas cosas en la logística que no dependen de vos. Podés tener todo optimizado: rutas, horarios, operativa, pero en el día a día pasan situaciones que cambian todo.

Es como un engranaje donde todo tiene que funcionar coordinado. Y cuando algo falla, hay que reaccionar rápido. Se rompe un micro o surge un imprevisto, y tenés que resolverlo en el momento. Tenés personas esperando una solución y la resolución rápida es clave para que el sistema funcione.

Hoy, con una operación en crecimiento, ¿qué desafíos aparecen en esta nueva etapa?

Hoy tenemos 500 estudiantes diarios y nos estamos expandiendo a nuevas zonas y ciudades importantes del país. Uno de los desafíos era la flota, que ya lo resolvimos con una alianza.

Ahora el foco está en la automatización. Teníamos muchos procesos manuales, con Excel y gestión por WhatsApp, y el equipo no daba abasto. Entonces empezamos a trabajar en sistemas, gestión de reservas, CRM y herramientas más eficientes. El desafío es hacer todo más ágil sin perder la cercanía con el cliente, porque cuando crece la logística, muchas veces se pierde ese diferencial.

¿Qué aprendizajes de la logística creés que pueden aplicarse a otras industrias?

Creo que uno de los puntos más importantes es la cercanía con el cliente. Muchas veces en empresas grandes es difícil comunicarse, hay muchas barreras y no hablás con una persona real.

Esa relación directa es clave. Poder levantar el teléfono y hablar con alguien genera confianza. Es algo que a nosotros nos destacan mucho, sobre todo quienes contratan el servicio.

¿Qué mensaje le dejarías a quienes están empezando?

Que se animen. Las mejores ideas están en lo cotidiano, en problemas simples del día a día. No hace falta tener todas las respuestas para empezar. Es cuestión de animarse, equivocarse, mejorar constantemente, ser autodidacta y pedir ayuda. El ecosistema emprendedor es muy grande y hay mucha gente dispuesta a acompañar. Los emprendedores son los que hacen el mundo más fácil.