
Al referirse al rol del área dentro de la operación, Luis comenta que “nosotros trabajamos para que todo funcione sin que se note, para que el producto llegue en tiempo y forma y el cliente nunca se entere de lo que pasó en el medio”. En esta entrevista, detalla la vinculación entre provisión y fabricación, los retos del sistema y la necesidad de anticiparse en cada instancia.
¿Cómo describirías el rol de abastecimiento y logística en la industria cervecera?
El rol dentro de la industria cervecera, desde abastecimiento y logística, es lo que nosotros llamamos la “magia” de que todo funcione sin que se vea. Es decir, que las cosas lleguen en tiempo y forma, que se respeten las condiciones de calidad, los acuerdos de pago, que producción tenga todo lo que necesita en el momento justo y que todo fluya.
Muchas veces los manuales hacen foco en el proceso productivo, en la fábrica, en la línea. Pero nosotros estamos antes y después de eso. Somos ese engranaje que no se ve, pero que es necesario para que todo funcione.
Desde abastecimiento, le damos a producción todos los insumos que necesita. Y desde logística, una vez que el producto está terminado, nos encargamos de almacenarlo —ya sea en frío o en seco— y distribuirlo a los clientes. Nuestro objetivo es que todo suceda y que nadie se entere de lo que pasó en el medio. Si algo falla, tratamos de resolverlo antes de que impacte.
¿Qué particularidades tiene la cerveza artesanal desde el punto de vista logístico?
La cerveza artesanal tiene varias diferencias respecto a la industrial. Primero, el foco en la calidad. No significa que la industrial no la tenga, pero en lo artesanal hay un nivel de cuidado muy alto. El producto tiene que salir siempre igual, no importa si se hizo una vez o cien veces.
El consumidor espera tomar una cerveza hoy y que le genere la misma experiencia que tuvo hace años en otro lugar. Eso implica un control muy fuerte y también un vencimiento más corto, justamente para garantizar esa frescura.
Después está la masividad. La cerveza industrial trabaja con grandes volúmenes. La artesanal no. Entonces la logística también cambia. No trabajás con camiones completos en todos los casos, sino con cargas más pequeñas, más frecuentes y más personalizadas. Incluso el vínculo con el cliente es distinto. Muchas veces el chofer conoce al cliente, hay una relación más cercana.
¿Cómo gestionan los picos de demanda?
Nosotros tenemos dos momentos muy marcados en el año. El pico alto, que es la previa del verano, donde el consumo crece mucho. Y el pico bajo, que es el invierno, donde la demanda cae.
Desde logística, trabajamos todo el año mirando esos momentos. Analizamos históricos, tendencias y nos apoyamos en la planificación comercial. En el pico alto, el foco está en anticiparse. Ayudar a producción a tener los insumos, planificar recursos y asegurarse de poder cumplir con el volumen.
En el pico bajo, el desafío es distinto. Ahí el problema es el stock. Tener demasiado es un problema porque el producto pierde calidad. Entonces hay que trabajar muy fino, con niveles bajos y rotación constante. Son dos momentos diferentes, pero ambos igual de complejos.

¿Qué implica abastecer la producción desde el punto de vista logístico?
La cerveza tiene cuatro ingredientes principales: agua, malta, lúpulo y levadura. Y se dice que hay un quinto ingrediente, que es la pasión. El lúpulo, por ejemplo, en parte se consigue en Argentina, sobre todo en el sur, pero no alcanza para toda la demanda. Entonces también se importa, principalmente desde Estados Unidos y Europa.
La malta se produce en el país, y en mi caso se trabaja con proveedores cercanos. Cada insumo tiene su particularidad y su cuidado. Y el mismo nivel de exigencia que tenemos con el producto final, lo tenemos con los insumos. Después está todo el proceso donde “pasa la magia”. Y ahí es donde esos ingredientes se transforman en el producto final.
¿Qué desafíos ves a futuro?
El principal desafío es la eficiencia. Hoy todas las empresas están buscando reducir costos y mejorar procesos, y eso implica salir a buscar mejores proveedores, optimizar la logística y revisar cada parte de la operación. También hay un desafío en el crecimiento del consumo. Ver hasta dónde puede escalar el mercado y cómo acompañar ese crecimiento desde la operación.
¿Qué reflexión te gustaría compartir sobre el rol de logística?
Siempre digo que logística es como el mozo en un restaurante. Es la cara visible. Si algo sale mal, el cliente no le va a reclamar a producción ni a administración. Le va a reclamar a logística.
Entonces tenemos que estar preparados para dar la cara, para responder y para resolver. Y eso es lo lindo del rol. Saber que somos parte fundamental del funcionamiento de la empresa.
No siempre estamos en el centro, pero somos clave para que todo funcione. Y también es una oportunidad de crecimiento personal. No es solo trabajo, es aprendizaje constante, adaptación y desarrollo. Creo que eso es lo que hace tan interesante a la logística.
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