
“Una vida organizada contribuye a cómo te desarrollás laboralmente”. Mario asocia la logística con algo más profundo que horarios y traslados: una forma de vivir. Entre periodismo, coaching y madrugadas sin margen de error, comparte cómo la organización, el hacerse cargo y la vocación de servicio pueden transformar cualquier profesión.
¿Encontrás similitudes entre tu vida y la logística?
Sí, claro. La logística fue uno de los grandes aprendizajes de mi vida. Cumplir horarios, no hacer las cosas a las apuradas, darme tiempo.
Trabajo en un noticiero que arranca a las siete de la mañana. Si yo no estoy, el noticiero arranca igual. Entonces no tengo opción: eso es logística pura. Si me acosté a horario, me levanto cinco y cuarto de la mañana. Si me acosté después de las doce de la noche, ya todo se altera y me voy con un nudo en la cabeza si no cumplo mi rutina.
No sé manejar, entonces parte de mi logística es pedir el auto cinco minutos antes para asegurarme de que esté. Porque si no, no me esperan donde tengo que estar.
Cada vez me gusta más la logística. No la estudié, es pura intuición, pero una vida organizada da menos trabajo. Cuando tenés una vida organizada y aparece un contratiempo, podés ocuparte de la contingencia porque no tenés nada pendiente. La vida siempre te despeina y el destino ni te digo. Pero el orden te da margen.
¿Cómo impacta esa organización en el trabajo?
Van de la mano. Una vida organizada contribuye a cómo te desarrollás laboralmente. Cuando tu vida es un desorden, eso termina impactando en tus compañeros, en la dinámica del trabajo, en cómo atendés a un cliente. No hablo de convertir la vida en una dictadura. Hay grados de flexibilidad. Pero hay cosas que son sí o sí. El noticiero no espera. Eso no lo puedo modificar.
Cuando me fui organizando, rendí mucho mejor. Y organizarse no es solo lo económico o los horarios. Es organizar tus pensamientos, chequear en qué emociones estás. Si estoy todos los días en modo enojo, no estoy organizado.
Implica seleccionar quiénes sí y quiénes no dentro de tu vida, qué sí y qué no. Identificar tus hobbies, tus peligros, tus tentaciones posibles para no desviarte de ser lo más sano posible. Todo eso termina impactando en el trabajo. Una vida organizada da como resultado una mejor performance.

¿Qué te dio el coaching en ese proceso?
El coaching me organizó la vida. Yo ya venía haciendo cosas, pero pude entenderlas. Es como haber trazado un camino y después ponerle las señales de tránsito. Me ayudó a entender que el trabajo es un trabajo y no es mi vida. Que mi opinión es apenas una cosita chiquita, no la verdad. Que nadie tiene la verdad, cada uno tiene su propia verdad.
Me ayudó a escuchar más y hablar menos. A preguntar siguiendo la huella del entrevistado y no desde mi previa. Y me puso en crisis: ¿puedo ser periodista y coach al mismo tiempo? Un profesor me dijo que el desafío era integrar los dos mundos. Ahí hizo falta otra logística: la logística de integrar dos universos. Y es posible.
Para quienes trabajan en logística o comercio exterior, que viven urgencias constantes, ¿qué mensaje les darías?
Aprendí hace muy poco que un trabajo es menos pesado cuando uno pone el foco no en lo que hace, sino en la misión o el servicio que cumple hacia los demás. Sé que logística y comercio exterior son disciplinas estresantes, con alta carga horaria, con urgencias. Se prende fuego un buque y perdiste todo. Hay contratiempos todo el tiempo.
Pero cuando entendés que estás solucionando la vida de alguien, que estás impactando en otros, cambia la energía. Es como el bombero en los incendios del sur. Están agotados, sí. Pero saben que en ese lapso de su vida lo están dando todo.
Siempre detrás de las grandes tragedias hay grandes bendiciones. Cuando el esfuerzo es muy grande, después viene la recompensa. A veces hay que saber esperar esa recompensa, no solo económica sino humana.
Poner el foco en cuál es mi servicio a la comunidad hace que la carga sea menos pesada. Pensar: ¿a quién le estoy facilitando la vida? ¿Qué estoy haciendo posible que sin mí no sería posible?
Hablaste también de gratitud y de hacerse cargo. ¿Cómo lo vinculás con el liderazgo?
Primero, es esencial dar las gracias. No lo hacemos lo suficiente. Pedimos más de lo que agradecemos y exigimos más de lo que damos. Conté una vez la historia de una psicóloga en Bahía Blanca que perdió todo en la inundación. El día anterior estaba furiosa por una mosca que no se iba. Después perdió casa, consultorio, auto. Esa imagen me marcó. Muchas veces vivimos quejándonos por una mosca, hasta que perdemos algo grande y recién ahí valoramos.
Y lo de hacerse cargo es central. El líder se hace cargo de sus decisiones, de sus sueños y de sus consecuencias. Pero hacerse cargo no es cargarse todo encima. Es asumir responsabilidad.
Una persona que lidera ve más allá. No porque sea iluminada, sino porque insiste, golpea puertas, inspira. El verdadero poder no es el poder sobre otros, es el poder para transformar.
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