
La digitalización acelerada está redefiniendo la manera en que se planifican, ejecutan y supervisan los flujos vinculados al movimiento internacional de bienes. Al referirse a este escenario, Jorge destaca que “lo único constante es el cambio”. En esta entrevista aborda el impacto de las arquitecturas flexibles, la colaboración global y la disponibilidad de información para fortalecer la agilidad en entornos logísticos.
¿Qué significa cuando hablamos de software de código abierto?
Cuando hablamos de software de código abierto, nos referimos a un modelo donde el desarrollo no depende únicamente de una empresa. Es un enfoque colaborativo en el que participan desarrolladores e ingenieros de todo el mundo, muchos de ellos sin pertenecer a una organización en particular. A eso lo llamamos la comunidad del software. Eso permite una evolución más rápida, porque la innovación surge de aportes diversos y globales.
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Cuando ese software pasa por procesos de maduración, soporte, homologaciones y versiones estables, hablamos de código abierto empresarial. Es decir: un software robusto, seguro y preparado para ser utilizado por cualquier organización, pública o privada, regulada o no. La diferencia con el propietario es que el modelo abierto utiliza suscripciones y no licencias, pero en ambos casos hablamos de soluciones completamente aptas para entornos críticos.
¿Este modelo influye en diversas industrias?
Sin duda. Podemos hablar de código abierto en medicina, en el agro o en cualquier industria que impulse desarrollos colaborativos. Los principios básicos —colaboración, transparencia, participación y adaptabilidad— son aplicables en múltiples sectores. Incluso la meritocracia, entendida como “la mejor idea es la que prospera”, se puede trasladar a equipos de innovación de cualquier rubro.
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Si cuatro organizaciones trabajan en un prototipo de solución, la que demuestra mejores resultados es la que evoluciona. Ese espíritu acelerado de mejora continua solo es posible cuando el conocimiento se abre y se comparte. Y si lo llevamos a cadenas de suministro, logística, transporte o e-commerce, esos mismos principios pueden favorecer evoluciones muy rápidas.
En esos casos aparecen conceptos como estándares abiertos, que permiten que muchas partes contribuyan dentro de un marco común. Sin estándares, la colaboración se vuelve más difícil; con ellos, la innovación se multiplica.
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¿Ves una evolución tecnológica relevante en logística y comercio exterior?
Sí, claramente. En logística y comercio exterior hay un enorme potencial de transformación. Tecnologías como la inteligencia artificial, la automatización, los esquemas híbridos de infraestructura, el “edge computing” —procesar datos lo más cerca posible de donde se generan— y la sensorización están cambiando la manera en la que se toman decisiones.
A eso se suma la posibilidad de interoperar datos en tiempo real, algo crítico en cadenas con múltiples puntos geográficos. Con esa información, una organización puede anticipar rutas, reducir costos, optimizar inventarios o evaluar alternativas de importación o transporte. La computación cuántica y el procesamiento avanzado van a potenciar aún más esas capacidades.
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En definitiva, la tecnología es un vehículo para hacer que toda la cadena —desde el transporte hasta los inventarios— sea más eficiente, más predictiva y más integrada.
¿Por qué el software suele funcionar como semillero de ideas que luego adoptan otras industrias?
Porque el software históricamente necesitó metodologías ágiles, flexibilidad y velocidad para evolucionar. Y esos principios terminaron migrando a sectores como la logística, donde la adaptabilidad es clave.
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En entornos cambiantes, las metodologías colaborativas permiten trabajar en comunidad, adaptarse rápido y generar prototipos que evolucionan con aportes diversos. Esa es la esencia del código abierto.

¿Cómo es liderar en este ámbito?
La clave es fomentar lo que llamamos un estado de beta continuo. En software, una versión beta es algo que está en desarrollo; no es la versión final. Trasladado al liderazgo, significa asumir que lo que hoy es una buena solución no necesariamente será la definitiva. Todo puede evolucionar, y como líderes debemos sostener esa mentalidad.
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El beta continuo implica entender que habrá errores. Y es lógico: vivimos en una industria donde un libro que leíste hace seis meses puede estar desactualizado. En lugar de ver el error como fracaso, hay que incorporarlo al proceso y convertirlo en una forma de evolución. Esto vale para cualquier industria: una cadena de suministro, una operación logística, una planta productiva o un equipo del sector público.
¿Cómo se acompaña a los equipos?
Primero entendiendo que trabajamos con personas, no solo con tecnología. Las organizaciones necesitan que las personas tengan tiempo para aprender, profundizar conceptos y procesar información. Una vez me dijeron que muchas transformaciones se sienten como “cambiarle la turbina a un avión mientras está volando”. Y es verdad: se exige velocidad sin interrumpir la operación.
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También es importante entender que la tecnología es un vehículo, no un fin en sí mismo. Su objetivo es mejorar indicadores, agilizar recorridos, optimizar tareas repetitivas, hacer una entrega más eficiente o permitir un proceso más ágil. Cuando una organización adopta tecnologías solo por moda, sin estrategia, es muy difícil que el proyecto sea sostenible.
Por eso hablo de liderazgo adaptativo. Implica trabajar diversidad, inclusión, múltiples miradas y la capacidad de elegir la mejor opción entre varias ideas posibles. Es el mismo espíritu del código abierto: cuantas más alternativas tengo, mejores decisiones puedo tomar.
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¿Qué habilidades necesitan hoy los trabajadores para no quedar atrás en este contexto de cambio constante?
Hay tres pilares en cualquier transformación: tecnología, procesos y cultura. Y es en el aspecto cultural donde más se juega el futuro del talento. Las personas necesitan estudiar, capacitarse y mantenerse en movimiento constante.
Creo que la inteligencia artificial es un colaborador, no un reemplazo. Puede automatizar tareas repetitivas, liberar tiempo para que una persona agregue valor y ayudar a que el aprendizaje sea más continuo. También mejora la calidad del servicio, reduce tiempos y simplifica experiencias tanto en el sector privado como en el público.
Además, hay habilidades fundamentales: la adaptación al cambio, la autonomía, la velocidad para ejecutar y la capacidad de tomar decisiones basadas en datos. Todo eso permite navegar un entorno donde el ritmo de evolución tecnológica es cada vez más acelerado.
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