
“Creo que este es un momento clave para repensar el modelo de negocio en nuestro sector”, destaca Andrés, en cuanto a la necesidad de, sin dejar de competir, desarrollar una visión colaborativa y construir relaciones perdurables en el mundo del comercio exterior y la logística. Sobre esto y las particularidades del desafiante abastecimiento industrial, entérate en esta entrevista.
¿Qué particularidades tiene el abastecimiento en industrias como la metalúrgica o minera, y qué rol cumple el comercio exterior?
En empresas con base en Argentina, el abastecimiento para la industria metalúrgica, minera, de servicios o de petróleo y gas está muy atravesado por el comercio exterior. Por un lado, hay un mercado laboral muy profesionalizado y reconocido. Pero por otro, el 70% de los insumos y equipos industriales provienen del exterior. Entonces, cualquier situación que ocurra afuera —ya sea en China, por nuevas disposiciones, o por aranceles en otros mercados— impacta directamente en la operación local. Es una relación diaria, absolutamente interdependiente.
¿Qué desafíos presenta la importación de insumos específicos para estos sectores?
Muchos de estos materiales requieren certificaciones por tratarse de mercaderías peligrosas, ya sean equipos tecnológicos con componentes eléctricos o explosivos, o materias primas como ácidos que deben manejarse a granel. Esto implica exigencias tanto documentales como logísticas. Por ejemplo, el tipo de embalaje, el fraccionamiento o el transporte. A veces, si una carga tiene algún tipo de riesgo, se la ubica en la parte superior del buque para minimizar el impacto ante un incidente. Todo está regulado y cuidadosamente planificado.
¿Qué tipo de productos gestionás habitualmente?
Soluciones de bombeo industrial, orientadas al tratamiento de fluidos corrosivos y agresivos. Para dar una idea: una bomba convencional para pileta no serviría. Acá hablamos de mezclas con piedra, agua, ácidos... Se necesitan equipos con motores especiales y aleaciones resistentes. Estos productos se usan tanto en minería tradicional y de litio como en petróleo y gas. Pero también en industrias como la alimenticia o la producción masiva, donde hay fluidos agresivos que requieren equipos muy específicos.

¿Y cómo manejan la logística de productos voluminosos o pesados?
Depende del acuerdo con el cliente. A veces ellos se encargan del transporte final, otras veces lo gestionamos nosotros. Son traslados muy particulares. Recuerdo tres casos el año pasado con equipos del tamaño de un contenedor “High Cube” y tres veces el peso estándar, unas 18 toneladas. Ahí interviene mucho el ruteo, por ejemplo: si hay que ir hasta Mar del Plata con esta carga no se puede ir por la Ruta 2, porque hay puentes bajos o cables. Para eso, se estudia el recorrido óptimo, el horario, y los permisos necesarios. En algunos casos hay que contratar grúas para sortear cruces peatonales elevados o coordinar con empresas de energía para cortar cables de alta tensión. Son desafíos logísticos muy interesantes.
¿Qué importancia tiene el proceso de instalación y de capacitación para el usuario?
Es fundamental. Estos equipos trabajan con presiones altísimas y fluidos que, si no están bien contenidos, pueden afectar tanto a los operarios como al entorno. En plantas cercanas a zonas urbanas, incluso a vecinos. Capacitar bien al usuario final no solo protege a las personas, sino también a la infraestructura. Además, permite extender la vida útil del equipo, evitar paradas imprevistas y planificar mantenimientos. Eso reduce costos y garantiza continuidad operativa. Las paradas de planta existen, pero tienen que estar planificadas.
Trabajás en la zona de Bahía Blanca. ¿Cómo afectó la inundación a la dinámica de tus operaciones?
El impacto fue directo. La ciudad quedó totalmente aislada. Hubo rutas que se hundieron. Tuvimos corte total de operaciones, pérdida de comunicación y semanas sin saber cómo acceder. Todavía hoy, algunas empresas de la zona no tienen circuito para salir, sobre todo por el peso que manejan y los caminos afectados.
Pero también pasó algo muy valioso desde lo social. Cuando detectamos que había una empresa con un vehículo que podía entrar, nos autoconvocamos. Se organizó una campaña de donaciones en nuestro depósito de Buenos Aires. Fue muy emocionante ver cómo se sumaron colaboradores, clientes y proveedores. Relaciones que, en teoría, eran transaccionales, se transformaron en vínculos solidarios. Hoy seguimos haciendo envíos semanales gracias a esa red improvisada. Fue una muestra clara de lo que la logística puede generar, incluso en contextos adversos.
¿Te gustaría dejar un mensaje final?
Sí. Creo que este es un momento clave para repensar el modelo de negocio en nuestro sector. Más allá del contexto de apertura económica, en el mundo del comercio exterior y la logística hay una oportunidad para dejar de buscar resultados inmediatos y empezar a construir relaciones perdurables. Es momento de apostar por partnerships reales, dejar de maximizar ganancias en una única transacción porque tengo la ventaja momentánea. Podemos ser eficientes, rentables y a la vez generar una comunidad empresarial que trabaje con contratos claros, exigencias justas y compromisos mutuos. La visión colaborativa no significa resignar ganancias, sino pensar en el largo plazo.
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