Hacer un "dorodango", un pasatiempo tradicional de los niños japoneses, se convirtió en una forma de arte. Es una bola hecha de barro y polvo, meticulosamente refinadas hasta convertirlas en "hikaru dorodango".

Doro significa barro y dango es el nombre que reciben las bolas de harina de arroz que se utilizan comúnmente en las comidas de Japón. Consiste en una técnica que recrea esferas perfectas a base de tierra y agua. Pasó de ser un ejercicio reservado para los años de infancia a un ritual recreado por adultos cuando a comienzos del siglo XXI, el profesor de educación de la Universidad de Kioto Fumio Kayo se interesó por el dorodango como herramienta para el estudio del desarrollo de la psicología infantil.

El proceso sirve para meditar y es muy satisfactorio, y muchos lo ven como una motivación primaria para el arte. Son esferas perfectas, brillantes y pulidas que puedes tardar días en completar.