El estrés sostenido en el tiempo puede contribuir al desarrollo de enfermedades (Getty Images)
El estrés sostenido en el tiempo puede contribuir al desarrollo de enfermedades (Getty Images)

Todos los seres humanos atravesamos distintos miedos, ansiedades y preocupaciones. Estas emociones son una parte inevitable de la vida. A medida que vamos creciendo y madurando, vamos superándolas y haciéndonos cargo de lo que nos pasa para así poder administrarlas sabiamente. Somos fuertes cuando podemos hacernos cargo de nuestras debilidades.

El miedo, ya sea que lo deseemos o no, nos acompaña a lo largo de toda la vida. Por ello, ser capaces de reconocerlo nos lleva a la acción y a no quedarnos paralizados.
En mi nuevo libro Calma Emocional, describo algunos de estos estados de temor y de angustia que con frecuencia desestabilizan nuestro accionar diario. Estos son algunos ejemplos:

La ansiedad es como una "reacción automática" que nos prepara para actuar frente a una amenaza o un futuro que percibimos desfavorable. Frente a eso, el cuerpo nos presenta una llamada de atención o alerta que cumple una función adaptativa y nos capacita para la resolución. Siempre y cuando, la ansiedad que experimentamos sea normal y leve y podamos manejarla. Ahora bien, cuando la ansiedad se vuelve crónica y comienza a afectar nuestro ritmo de vida y la de nuestro entorno, necesitamos accionar en pos de resolverla. ¿Qué podemos hacer frente a ella? Uno de los ejercicios sugeridos es anotar cuatro o cinco acciones que podríamos realizar para después pasar a la acción y descubrir que la fantasía no coincide con la realidad. También podemos consultar en alguno de los excelentes centros de salud que hay en el país.

La fobia es otro punto interesante que tratamos en el libro. Por lo general, nace del hecho de haber tenido padres sobreprotectores que le transmitieron a su hijo/a el siguiente mensaje: "El mundo es peligroso. ¡Cuidado!". De ahí que, cuando crezca, ese niño se convierta en una persona evitativa que oculta sus emociones y busca adaptarse de la mejor manera posible al mundo que teme enfrentar. Lo ideal frente a este trastorno es realizar una terapia cognitivo-conductual que suele ser breve pero muy eficaz. ¡Evitemos evitar! Necesitamos llenarnos de coraje y enfrentemoslo con ayuda profesional y un tratamiento adecuado.

El miedo a la enfermedad es un miedo muy común que todos tenemos, ya sea por estar enfermo yo o por tener a un familiar querido enfermo. Ante esto, necesitamos tener en claro que la enfermedad es solo una parte de nuestra vida y, de ninguna manera, es toda nuestra vida. Aunque con frecuencia parezca un gigante que debemos derribar. El enfermo tiene que procurar cuidarse y hacer lo que nadie hará por él o por ella. ¿Cómo? Comiendo algo rico y sano (si le está permitido), cuidando su aspecto físico en la medida de sus posibilidades, haciendo alguna salida especial al cine, a tomar algo, etc. Todas acciones que brindan bienestar. Es fundamental entender que uno "tiene" una enfermedad pero no "es" esa enfermedad. En lugar de decir: "Soy diabético", es preferible decir: "Tengo diabetes". Una manera de prolongar nuestra vida es teniendo sueños y declarando: "No me voy a morir, aún tengo mucho por hacer aquí".

Otro miedo que mucha gente experimenta es a hacer un cambio a cierta altura de su vida. Los que somos adultos de más de 50 años hemos crecido en una sociedad conservadora que nos entrenó para mirar el pasado y repetirlo en el presente. Todo lo que aprendíamos en el colegio debíamos aplicarlo al pie de la letra. Pero los tiempos han cambiado y el mundo no detiene su marcha. Hoy manejamos otros paradigmas, otras ideas y la innovación está a la orden del día. De modo que, si no cambiamos, nos quedaremos en el camino. La creatividad, el progreso y todo aquello que sea nuevo y útil son hoy valores fundamentales para funcionar en cualquier ámbito.

La mayoría de la gente le tiene miedo a la violencia. No podemos negar que vivimos tiempos convulsionados a nivel mundial y la violencia se ha colado en todas partes. Si no, basta con encender la televisión. Todo lugar posee una determinada atmósfera pero uno no necesariamente debe quedar envuelto en esta, sobre todo si es negativa. Para ello, necesitamos no temerle pero tampoco emitir juicio sobre ella. Lo ideal para no quedar inmerso en la violencia es convertirnos en un "transformador de ambientes". ¿Cómo lo logramos? Haciendo todo lo contrario de lo que ocurre allí. Por ejemplo, si llego a mi trabajo y varias personas están peleando, puedo escoger transmitir tranquilidad y no unirme a ellos. Tan sencillo como eso.

Hoy en día muchos se separan y le temen al futuro, sobre todo cuando ocurre de manera traumática. Lo cierto es que toda separación de pareja equivale a la pérdida de un ideal y es invariablemente una etapa de cambio, con mayor o menor turbulencia según el caso. Es normal sentir este miedo. Pero la realidad es que nadie se separa de un día para el otro, por lo general, uno se separa del otro antes de separarse. Es decir, que hay primero una desconexión emocional antes de la separación física. Los dos motivos más comunes de separación son los conflictos de pareja y la frustración personal. Sea lo que sea, necesitamos recordar que después de una tormenta, el sol siempre vuelve a salir.

Y por último, compartimos en el libro el tema del miedo al sufrimiento y al dolor. Nadie desea experimentar ninguno de los dos pero la realidad es que son un capítulo ineludible de la vida, incluso a veces durante la infancia. Uno de los mayores dolores que todos tenemos que enfrentar alguna vez es la muerte de un ser querido. ¿Qué hacer cuando pasamos por el duelo? En primer lugar, buscar consuelo. Y luego, expresar lo que estamos sintiendo, sin reprimir nada, pues todo lo que sentimos y no decimos tarde o temprano aparece en forma de dolencia en el cuerpo. Necesitamos aceptar nuestra vulnerabilidad y, sobre todo, "el libro" que la persona que partió nos dejó, el cual incluye tanto los momentos tristes como los tiempos felices. Como decía Viktor Frankl, el dolor tan temido, una vez que lo hemos agotado, debería convertirnos en mejores personas.

Sin duda, enfrentar nuestros miedos es todo un desafío y, en especial, atrevernos a buscar ayuda y decidir que no seremos derrotarlos por ellos sino que aprenderemos a manejarlos y superarlos. La libertad comienza con una decisión.

Por Bernardo Stamateas