
Cada hogar presenta una diversidad microbiana particular en prendas y textiles, reflejo de las actividades cotidianas y laborales de sus integrantes.
La ropa huele mal después del lavado porque bacterias, hongos y biofilm sobreviven en telas y lavadoras dependiendo de ciertos factores, de acuerdo con un estudio publicado en la Revista de Microbiología Aplicada y Ambiental, de la Sociedad Estadounidense de Microbiología.
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Usar más detergente no basta: la temperatura del agua, el tipo de tela y las condiciones de secado determinan si los microorganismos responsables del olor persisten o se eliminan.

Los microbios que generan mal olor sobreviven en telas gruesas y cestos cerrados
El grosor del tejido, la composición del material y el uso previo de las prendas influyen en la persistencia de bacterias y hongos tras el lavado.
La Sociedad Estadounidense de Microbiología indica que la sobrevida bacteriana es mayor en toallas gruesas —faciales y de baño—, donde con frecuencia se encuentran microorganismos bacterianos incluso después de lavar y secar.

Almacenar ropa sucia en ambientes húmedos o en cestos cerrados favorece el desarrollo de bacterias, moho y microorganismos patógenos. En condiciones calurosas, la cantidad de microorganismos crece por la humedad y el sudor acumulados.
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Los textiles sintéticos, en particular los poliésteres, retienen más compuestos odoríferos que el algodón, lo que dificulta eliminar el mal olor solo con detergente.
El crecimiento de bacterias se asocia a su capacidad para sobrevivir en condiciones de desecación y exposición a luz UV.
Bacterias, virus y hongos que habitan la ropa antes y después del ciclo de lavado
El principal origen de los microorganismos en la ropa es la piel humana y las secreciones corporales, aunque también influyen las actividades diarias, el contacto con animales y el entorno.
Entre los patógenos detectados en textiles antes del lavado destacan Salmonella, Staphylococcus aureus (causante de infecciones en piel, sangre y corazón), E. coli y bacterias de origen fecal, presentes sobre todo en ropa interior y toallas.
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El reporte señala que 79% de las lavadoras domésticas muestreadas para el estudio resultaron positivas para hongos como Candida y Fusarium, especies que pueden afectar a personas con el sistema inmunológico comprometido.
Respecto a los virus, se detectó transmisión de hepatitis A y B, rotavirus, SARS-CoV-2, influenza y herpes a través de toallas compartidas o ropa insuficientemente lavada.
Además, los huevos de lombrices como Enterobius vermicularis, causante de infecciones estomacales, pueden permanecer en ropa y ropa de cama por más de una semana, lo que facilita la transmisión de parásitos en entornos domésticos, de acuerdo con los especialistas.
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La temperatura del agua es la variable que más reduce gérmenes y olores
La Sociedad Estadounidense de Microbiología establece que la temperatura del agua es la variable más importante para el control microbiano.

Los especialistas a cargo de la investigación realizada indican que es necesario superar los 40°C a 60°C para la inactivación adecuada de patógenos, ya que a temperaturas bajas ciertos virus y bacterias resistentes, como el rotavirus, pueden sobrevivir e incluso proliferar si el secado y el almacenamiento son inadecuados.
Cuando el lavado se realiza con agua por debajo de los 20°C, el cloro y los blanqueadores oxigenados cobran relevancia por su capacidad desinfectante superior sobre virus entéricos y hongos.
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La lavadora y el secado incompleto concentran bacterias y dispersan olores
Según los datos de los especialistas, en América del Norte, aproximadamente el 82% de la ropa se lava en máquina automática.
A pesar de su eficiencia, los tambores de las lavadoras pueden convertirse en reservorios de biofilm bacteriano y hongos.

El secado inmediato después del lavado es fundamental. El calor de la secadora destruye la mayoría de los microorganismos, aunque la exposición prolongada al exterior en condiciones húmedas contamina de nuevo las prendas.
Los investigadores advierten que reutilizar la misma superficie para doblar ropa sucia y limpia facilita la contaminación cruzada.
Pasos para lavar con higiene y eliminar el olor desde la raíz
El protocolo de la Sociedad Estadounidense de Microbiología para el manejo higiénico de la ropa incluye: separar las prendas por tipo antes de lavarlas; evitar almacenarlas húmedas en cestos cerrados; emplear el ciclo y la temperatura apropiados; asegurar el secado inmediato; limpiar las superficies de doblado y almacenamiento; y mantener estricta higiene de manos al manipular tanto ropa sucia como limpia.
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De acuerdo con los datos de la institución, la contaminación de manos al cargar y descargar la lavadora es una principal vía de transmisión de microorganismos al interior de la familia, y la frecuencia de contacto con boca, ojos y nariz multiplica el riesgo si no se observan medidas higiénicas.
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