El hígado graso no es solo un problema de dieta: el estrés silencioso también lo dispara

Las emociones constantes pueden afectar el equilibrio hepático mucho más de lo que solemos imaginar

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Un hombre con expresión de fatiga se toca la frente, con un hígado realista superpuesto en su abdomen, mostrando acumulaciones de grasa en tonos amarillos.
Las demandas cotidianas pueden alterar ese órgano clave y facilitar problemas de salud que a menudo pasamos por alto. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La relación entre el estrés y el hígado graso suele pasar desapercibida en la conversación sobre salud pública.

Aunque factores como la obesidad, el sedentarismo y el consumo de alcohol se identifican como las principales causas de esta enfermedad, distintos estudios advierten que el estrés crónico también puede alterar el funcionamiento del hígado y favorecer la acumulación de grasa en este órgano.

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La evidencia reciente señala que el impacto de las emociones y la presión cotidiana va más allá del bienestar mental: también afecta la salud metabólica y hepática.

Una mujer de cabello despeinado y pijama color malva se sienta en la cama agarrándose las sienes con expresión de dolor. Una lámpara y cortinas oscuras al fondo.
La relación entre el estrés y el hígado graso se encuentra subestimada en la salud pública, pese a su impacto comprobado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por qué el estrés también es un factor que incrementa el riesgo de desarrollar hígado graso

El estrés es un factor que incrementa el riesgo de desarrollar hígado graso, aunque no es tan conocido como otros factores como la obesidad o el consumo de alcohol.

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El mecanismo principal es la liberación prolongada de hormonas como el cortisol y la adrenalina, que alteran el metabolismo normal del hígado, según señala un estudio publicado en la Revista Mexicana de Endocrinología, Metabolismo y Nutrición.

Cuando el estrés es crónico, el cuerpo mantiene altos niveles de estas hormonas, lo que genera inflamación y favorece la acumulación de grasa en las células hepáticas.

El hígado, encargado de regular la glucosa, metabolizar grasas y eliminar toxinas, se ve sobrecargado por la presencia constante de cortisol, explica la investigación.

Lo anterior no solo promueve el desarrollo de hígado graso no alcohólico, sino que también incrementa la resistencia a la insulina, creando un círculo vicioso de daño metabólico.

Además, el estrés suele estar acompañado de hábitos poco saludables, como el consumo de alimentos ultraprocesados, azúcares, grasas saturadas, alcohol o medicamentos, lo que suma una carga adicional al hígado.

Otro punto relevante es que el estrés crónico altera el sistema inmunológico y la capacidad del hígado para desintoxicar el cuerpo, lo que puede agravar enfermedades hepáticas o favorecer su aparición.

Por estos motivos, aunque poco difundido, el estrés es un factor de riesgo importante y silencioso para el desarrollo de hígado graso.

Infografía médica que ilustra un cuerpo humano con el hígado resaltado, acompañado de paneles explicativos sobre cómo el estrés afecta la salud hepática.
El estrés crónico puede alterar el metabolismo del hígado y favorecer la acumulación de grasa, siendo un factor de riesgo subestimado para el hígado graso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Síntomas que pueden indicar niveles de cortisol elevados

Si bien el cortisol elevado es un factor de riesgo para el hígado graso, esta condición suele pasar desapercibida en muchos casos por lo que es importante estar atento a los siguientes síntomas:

  • Aumento de peso, especialmente en la zona abdominal, cara y parte superior de la espalda.
  • Dificultad para dormir o insomnio frecuente.
  • Fatiga constante o sensación de cansancio a pesar de descansar.
  • Cambios de ánimo, como irritabilidad, ansiedad o depresión.
  • Presión arterial alta sin causa aparente.
  • Debilidad muscular o pérdida de masa muscular.
  • Aumento del apetito y antojo por alimentos altos en azúcar o grasa.
  • Alteraciones en la piel, como aparición de acné, piel fina o estrías violáceas.
  • Infecciones frecuentes, debido a un sistema inmunológico debilitado.
  • Problemas de memoria o dificultad para concentrarse.
  • Cicatrización lenta de heridas o lesiones.
  • Menstruaciones irregulares en mujeres.

Estos síntomas pueden estar relacionados con situaciones de estrés crónico o con trastornos endocrinos como el síndrome de Cushing.

Si se presentan varios de estos signos de manera persistente, es recomendable acudir al médico para una evaluación y estudios de laboratorio.

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