Cuál es el mejor ejercicio contra el hígado graso: reduce la grasa hepática y mejora la sensibilidad a la insulina

El ejercicio físico es un tratamiento de primera línea contra esta afección porque ayuda a reducir la grasa acumulada en el órgano

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Primer plano de una persona vistiendo camiseta negra, sosteniendo una banda de resistencia negra con ambas manos, estirándola. Ventanas y luz natural de fondo.
Una persona realiza ejercicios de fortalecimiento para las manos y muñecas utilizando una banda de resistencia, mejorando la fuerza y la flexibilidad articular en un espacio bien iluminado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ejercicio físico es un tratamiento de primera línea contra el hígado graso porque ayuda a reducir la grasa acumulada en el órgano y mejora la sensibilidad a la insulina.

Estudios clínicos recientes muestran que una rutina semanal que combine fuerza y cardio es más eficaz que actividades aisladas, señala el doctor Guillermo Coayla, cirujano digestivo, en un video publicado para sus propias redes sociales.

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El especialista afirma que el ejercicio actúa como “medicamento natural” para tratar la enfermedad hepática grasa no alcohólica.

La recomendación es realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada. Caminar a paso ligero, nadar o andar en bicicleta son ejemplos de ejercicios que pueden incorporarse en la vida diaria.

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El beneficio para el hígado ocurre incluso si no hay pérdida de peso corporal inmediata: la grasa hepática disminuye y la función metabólica mejora, explica Coayla.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El ejercicio físico es un tratamiento de primera línea contra esta afección porque ayuda a reducir la grasa acumulada en el órgano (Imagen Ilustrativa Infobae)

La combinación de fuerza y cardio reduce la grasa hepática

El entrenamiento de fuerza, como levantar pesas, usar bandas de resistencia o trabajar con el propio peso (flexiones, sentadillas), estimula la lipofagia, es decir, la autodegradación de grasa almacenada en el hígado.

Según el doctor Coayla, este tipo de entrenamiento mejora el metabolismo hepático y contribuye a la reducción del tejido graso en el órgano.

Las actividades aeróbicas, como caminar rápido, correr, nadar o bailar, son efectivas para oxidar triglicéridos atrapados en el hígado. El especialista enfatiza que alternar ambos tipos de ejercicio potencia el efecto benéfico, ya que cada uno actúa sobre diferentes mecanismos metabólicos.

Un método que gana popularidad es el entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT, por sus siglas en inglés). Coayla indica que estos ejercicios “logran una reducción de grasa hepática en menos tiempo” y pueden ser útiles para personas con limitaciones de tiempo o dificultades para mantener rutinas largas.

Frecuencia, intensidad y resultados más allá del peso

(Imagen Ilustrativa Infobae)
mujeres en el gimnasio (Imagen Ilustrativa Infobae)

El doctor Coayla recomienda ejercitarse al menos de 3 a 5 días a la semana. La intensidad debe permitir mantener una conversación pero sin poder cantar durante la actividad. Esta referencia ayuda a identificar si el esfuerzo es suficiente para inducir cambios metabólicos sin exceder la capacidad física de cada persona.

El especialista reitera que el beneficio para el hígado se observa aunque el peso corporal no disminuya a corto plazo. El ejercicio mejora la sensibilidad a la insulina, reduce la inflamación y limita la progresión del daño hepático. “La constancia es clave: el ejercicio es un medicamento natural para el hígado graso”, afirma Coayla.

Ejercicios recomendados para cada perfil

Para quienes inician una rutina, caminar a ritmo rápido es seguro y accesible. Las personas con mayor experiencia pueden incorporar rutinas de fuerza utilizando pesas, bandas elásticas o el propio peso corporal. Nadar y andar en bicicleta son opciones para quienes buscan proteger las articulaciones. El HIIT es recomendable para quienes cuentan con buena condición física y desean resultados en menos tiempo.

La variedad y el gusto personal influyen en la adherencia a la rutina. El doctor Coayla sugiere alternar ejercicios y ajustar la intensidad de acuerdo con la respuesta del cuerpo. Recomienda consultar a un médico antes de iniciar cualquier plan de entrenamiento, sobre todo en personas con enfermedades crónicas o antecedentes cardiovasculares.

El ejercicio como pilar del tratamiento

La actividad física constante se mantiene como pilar en el tratamiento del hígado graso, junto con una dieta balanceada y el control de enfermedades asociadas como la diabetes tipo 2 y la obesidad. El doctor Guillermo Coayla concluye que la “mejor estrategia es la combinación de fuerza y cardio”, adaptada al perfil y condición de cada persona.

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