
La aparición de cáncer de hígado se relaciona con múltiples factores ambientales y alimentarios. Uno de los agentes menos conocidos es la aflatoxina B1, una toxina producida por un hongo microscópico presente en numerosos alimentos almacenados en condiciones de calor y humedad.
La exposición repetida a este compuesto, sobre todo en regiones como África subsahariana, el sudeste asiático y China, se asocia a un aumento en el riesgo de desarrollar este tipo de cáncer.
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El consumo habitual de productos contaminados con aflatoxina B1 expone al organismo a una sustancia considerada especialmente dañina para las células hepáticas.
Qué es la aflatoxina B1 y cómo se produce

La aflatoxina B1 es una molécula tóxica generada por hongos del género Aspergillus, capaces de proliferar en ambientes cálidos y húmedos. Esta toxina se forma principalmente durante el almacenamiento inadecuado de cereales, semillas y frutos secos.
Cuando los alimentos permanecen expuestos a humedad y temperatura elevadas, los hongos se multiplican y liberan aflatoxinas que después pueden ser ingeridas por las personas.
El hígado, al intentar procesar y eliminar estas toxinas, puede sufrir daños que favorecen la aparición de células anómalas. Existen estudios que demuestran que la exposición prolongada a concentraciones elevadas de aflatoxina B1 aumenta las probabilidades de desarrollar cáncer hepático.
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Alimentos más propensos a contener aflatoxina B1

Entre los productos donde se detecta con mayor frecuencia aflatoxina B1 se encuentran el maíz, los cacahuetes (maní), los frutos secos como nueces y almendras, las semillas de algodón, el arroz, algunas especias y el aceite vegetal crudo.
Estos alimentos pueden contaminarse durante la cosecha, el transporte o el almacenamiento, sobre todo si no se mantienen en condiciones secas y frescas. Las autoridades sanitarias de varios países han establecido límites estrictos para la presencia de aflatoxinas en productos alimenticios. Aun así, en regiones donde la vigilancia es limitada, el riesgo de ingestión se mantiene elevado.
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Cómo prevenir la exposición a la aflatoxina B1

La prevención de los efectos de la aflatoxina B1 comienza con prácticas adecuadas de almacenamiento. Mantener los alimentos secos, protegidos de la humedad y a temperaturas bajas reduce la proliferación de hongos.
Además, la revisión periódica de granos, semillas y frutos secos permite descartar aquellos que presenten signos de moho. En algunos países, existen campañas educativas para agricultores y comerciantes sobre el manejo seguro de los productos susceptibles a contaminación.
El procesamiento industrial, como el tostado o la cocción, puede disminuir la presencia de aflatoxinas, pero no la elimina por completo, por lo que la prevención primaria sigue siendo la medida más eficaz.
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