
En la isla hawaiana de Oahu, un grupo de científicos documentó una especie de oruga carnívora con comportamientos desconocidos hasta ahora en otros insectos de este tipo. Apodada “la recolectora de huesos”, a este insecto se le observó viviendo entre telarañas, alimentándose de presas atrapadas y decorando su envoltura de seda con fragmentos corporales de las presas que consume.
El hallazgo se publicó recientemente en la revista Science, donde se detalla el trabajo hecho por un equipo de investigadores de la Universidad de Hawái en Mānoa. Después de más de dos décadas de observación en campo, solo se han registrado 62 ejemplares, lo que subraya tanto su rareza como la dificultad para documentar su comportamiento.
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Según Michael San Jose, coautor del estudio, este patrón de vida representa una rareza extrema, ya que la gran mayoría de orugas y polillas son herbívoras; mientras que las orugas carnívoras representan apenas el 0.1 % de las especies conocidas de lepidópteros.
Camuflaje de huesos: una estrategia de caza y supervivencia

El comportamiento que distingue a esta oruga del resto de los animales de su especie es su capacidad de utilizar los restos corporales de otros insectos no como alimento, sino como elementos de camuflaje. Vive en telarañas ocultas dentro de árboles en descomposición o bajo rocas, donde la visibilidad es mínima. Allí, se alimenta de insectos debilitados o muertos atrapados por arañas, sin ser detectada por sus anfitriones.
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Para protegerse de las arañas y evitar convertirse en presa, la oruga recubre su funda de seda con fragmentos de las mismas víctimas que ha consumido: cabezas de hormiga, alas de mosca y otras partes duras que selecciona, mide y encaja cuidadosamente. Los investigadores consideran que esta cobertura actúa como un disfraz diseñado para hacerla pasar por simple carroña. “Creemos que estas orugas engañan a las arañas haciéndoles creer que son restos inertes de presas anteriores, y por eso no las atacan”, explica San Jose.
Esta táctica, lejos de ser aleatoria, implica un proceso activo de elección y manipulación de los fragmentos, lo que sugiere una estrategia evolutiva compleja, a diferencia de otras especies del mismo género que recubren sus estuches con arena, líquenes o madera.
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Además de carroñera, esta oruga se comporta como depredadora oportunista y, ocasionalmente, como caníbal. Estos comportamientos, raros dentro del orden Lepidoptera, son una muestra de las adaptaciones extremas que pueden surgir en ecosistemas aislados, donde los recursos son escasos y la presión selectiva es intensa.
Extrema rareza y amenazas a su conservación

A pesar de que se estima que esta especie tiene un linaje evolutivo anterior a la isla de Kauai —la más antigua del archipiélago—, actualmente su distribución se limita a una pequeña superficie de 15 kilómetros cuadrados en las laderas montañosas de Oahu. Este hábitat restringido la vuelve vulnerable a amenazas múltiples, como la pérdida de cobertura vegetal, el cambio climático y la presencia de especies invasoras.
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El archipiélago de Hawái es considerado uno de los entornos con mayor número de especies introducidas en el mundo. Plantas no nativas como la guayaba fresa, el jengibre del Himalaya y la albizia, así como animales asilvestrados como cabras y cerdos, alteran significativamente los bosques nativos y repercuten directamente a especies endémicas como la oruga recolectora de huesos, al modificar su entorno y reducir sus posibilidades de reproducción y supervivencia.
A pesar de haberse adaptado a interactuar con arañas no nativas, la limitada población observada y la especificidad del entorno donde habita implican un riesgo elevado de extinción. Según los investigadores, el incremento de la temperatura global podría reducir aún más la extensión de su hábitat, mientras que la expansión de especies invasoras continúa afectando negativamente el ecosistema local.
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Los científicos proponen dos líneas de acción para evitar la desaparición de esta y otras especies nativas: mitigar el impacto del cambio climático y controlar el avance de especies invasoras. Sin una estrategia de conservación específica, advierten, el linaje representado por esta oruga podría extinguirse de forma silenciosa, como ha ocurrido con numerosos insectos endémicos del archipiélago.
“Los insectos nativos, incluida esta oruga, se perderán a medida que desaparezcan los bosques nativos. Prevenir la propagación de plantas invasoras y reducir la población de ungulados asilvestrados puede ayudar a proteger a muchas especies de la extinción”, se concluye en el estudio.
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