
A inicios de la década de 1960, ocurrió algo inesperado: decenas de gatos cayeron del cielo de Borneo como parte de la operación “Cat Drop”, con la que la Organización Mundial de la Salud (OMS) buscaba aumentar la población felina luego de que múltiples miembros de esta especie fallecieran a causa de una cadena de tragedias.
Años atrás, una plaga de malaria azotó a la tercera isla más grande del mundo, por lo que la OMS decidió erradicarla mediante la fumigación aérea con diclorodifeniltricoloetano, insecticida mejor conocido como “DDT”, el cual redujo la cantidad de mosquitos portadores de la enfermedad, pero también acabó con gran parte de la población de avispas, geckos y gatos.
La disminución de la cantidad de gatos de la isla pronto trajo más problemas, como el rápido aumento de la población de roedores, que a su vez acarrearon dos enfermedades graves: la peste selvática y el tifus.
Una cadena de desgracias

A mediados de la década de 1950 hubo un brote de malaria en el pueblo dayak de Borneo. Para solucionar el problema la OMS roció grandes cantidades de DDT con el objetivo de matar a los mosquitos portadores de la enfermedad.
Al poco tiempo, los mosquitos comenzaron a morir y los casos de malaria se redujeron drásticamente, sin embargo, los efectos secundarios de la fumigación pronto se hicieron presentes.
Una de las primeras consecuencias notables fue que los techos de las casas de la gente comenzaron a caer de sus cabezas, según relata un artículo publicado en la National Library of Medicine (NLM). El DDT erradicó la plaga de mosquitos, pero también mató a avispas parásitas que se alimentaban de orugas, cuya dieta principal era la paja de los tejados.
A su vez, los insectos que murieron a causa del envenenamiento con insecticida fueron devorados por los lagartos gecko, que más tarde se convirtieron en la cena de múltiples gatos de la isla. Con el paso del tiempo, los gatos comenzaron a morir.
Sin depredadores naturales que les impidieran proliferar, cientos de roedores invadieron la zona y los lugareños se vieron amenazados por dos nuevas enfermedades graves transmitidas por las ratas: la peste selvática, y el tifus, que de acuerdo con el Centers for Disease Control and Prevention (CDC) es una afección transmitida a través del contacto con pulgas infectadas que puede provocar fiebre, náuseas, vómitos, sarpullido entre muchos otros síntomas.
La epidemia de malaria fue controlada, sin embargo, sus soluciones acarrearon una nueva problemática, a la que combatieron con una curiosa táctica: la “Operation Cat Drop”, que consistía en lanzar gatos vivos equipados con paracaídas desde el cielo de Borneo.
El día que los gatos cayeron del cielo

Los reportes oficiales de medios de la época relatan que la operación lanzó entre 23 y 14.000 felinos, sin embargo, se desconoce la cantidad exacta.
De acuerdo con Tom Harrison, ciudadano que afirmó haber presenciado personalmente la caída de los gatos, mencionó que la OMS recolectó a dichos felinos en ciudades costeras y los colocó en “contenedores con paracaídas”, para dejarlos caer en las tierras altas del interior con la ayuda de la Royal Air Force (RAF), misma que voló desde Kuching, capital de Sarawak.
Un informe contenido en el Operations record book de los registros de vuelo que guarda la RAF afirma que el 13 de marzo de 1960, una tripulación de un avión de transporte de Beverly, voló desde Changi, en Singapur y realizó un descenso único a Bario en las tierras altas de Kelabit en Sarawak.
Según la NLM, ese día se arrojó un total de 7.000 libras de provisiones, incluidos “más de 20 gatos para hacer la guerra a las ratas que amenazaban los cultivos”. El informe asevera que las fuerzas armadas recibieron respuesta de una persona en el terreno, quien agradeció a la RAF y “a los donantes y cesteros de gatos” y agregó que todos están a salvo y que eran muy apreciados por los lugareños.
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