Marcha del Orgullo en Caracas: un “No va más” a la homofobia de Estado en Venezuela

La multitudinaria concentración del pasado domingo, la más grande para un evento de este tipo en la historia del país, demuestra que las demandas de las personas LGBT+, a las que el régimen chavista les ha dado la espalda en más de 20 años en el poder, ya no pueden esperar más.

Una imagen de la Marcha del Orgullo LGBT+ realizada el pasado domingo en el centro de Caracas (Foto: @yendrive)
Una imagen de la Marcha del Orgullo LGBT+ realizada el pasado domingo en el centro de Caracas (Foto: @yendrive)

En la mañana del pasado domingo ocurrió en la capital de Venezuela un hecho sin precedentes para el país, sumido en una emergencia humanitaria compleja desde 2018. La ciudad de Caracas fue escenario de una movilización masiva de más de 20.000 personas de la comunidad LGBT+, quienes a la voz de “Ni más, ni menos, los mismos derechos” marcharon en conmemoración del Día del Orgullo.

Después de más de dos años de cuarentena sanitaria por el COVID-19, la comunidad diversa volvió a tomar las calles de Caracas para visibilizar su existencia, resistencia y exigencias, todo en la búsqueda de la consecución de los derechos fundamentales que en Venezuela todavía no se les han sido reconocidos, a diferencia de otros países hispanos como España, Colombia, Argentina o Chile, tanto por gobiernos de izquierda o como de derecha

El estado venezolano es uno de los más atrasados en la región en cuanto a leyes inclusivas y derechos esenciales de primera a cuarta generación. La omisión de políticas públicas por parte del gobierno venezolano, así como la negativa a legislar de parte de la Asamblea Nacional acerca de materia LGBT+ para reivindicar y promover acciones afirmativas efectivas en beneficio del colectivo, es una de las mayores causas de malestar en la población sexodiversa que día a día es sometida a riesgos por ser quienes son o por amar a quienes aman.

Teniendo en cuenta ese deprimente contexto, era lógico que el descontento se manifestara tan fuertemente en el Parque Francisco de Miranda el pasado domingo, a través de una marcha plural que en la opinión pública venezolana ha sido comparada con las recientes movilizaciones de los diferentes agrupaciones políticas del país. Desde 2020, las grandes concentraciones y marchas con fines políticos en Venezuela son cada vez más reducidas ante la falta de representación política y la poca legitimidad del gobierno ejecutivo. La población venezolana está absorta en satisfacer sus necesidades básicas y en suplir las deficiencias de los servicios públicos, problemáticas que no son ajenas al colectivo LGBT+. Por tal razón, el activismo se ha enfocado en lo local incidiendo en los niveles de gobierno más cercanos a la ciudadanía.

El Orgullo como ejercicio democrático

El activismo diverso nacional ha hecho uso de la imaginación inmanente para transformar los espacios públicos, ideando nuevas formas de ser LGBT+ y de expresarse social como también políticamente por medio de medios innovadores. La articulación de esfuerzos entre casi 50 organizaciones defensoras de derechos humanos en el país es a su vez una de las razones del crecimiento exponencial de las convocatorias de este tipo.

Del mismo modo, la innovación en el activismo ha trascendido a espacios virtuales, permitiendo que cada vez más personas de la comunidad se involucren, colaboren y se organicen desde cualquier lugar del territorio venezolano. En la gran marcha de este domingo no sólo asistieron residentes de la ciudad de Caracas, sino también de los estados Aragua, Miranda, Zulia, Mérida, Lara y Carabobo para celebrar el Orgullo y la valentía de ser fieles a sí mismos.

Hablando sobre las exigencias del activismo en el país, hay que tener en cuenta que, en pleno 2022, identificarse y mostrarse como persona LGBT+ en Venezuela es todavía un gran acto de valentía, ante la ausencia de leyes que les protejan, y debido al riesgo que corren en uno de los países más violentos de América, en donde los esfuerzos para registrar los delitos de odio son insuficientes por parte de los organismos de justicia venezolanos.

El dictador venezolano Nicolás Maduro ha evitado impulsar cualquier tipo de legislación o política pública en favor del colectivo LGBT+ en Venezuela. (REUTERS)
El dictador venezolano Nicolás Maduro ha evitado impulsar cualquier tipo de legislación o política pública en favor del colectivo LGBT+ en Venezuela. (REUTERS)

El Poder Judicial tiene una deuda histórica pendiente con la ciudadanía venezolana, en especial con las personas LGBT+, quienes son doblemente victimizadas al ser blancos de actos de violencia por su sexualidad y género, y al mismo tiempo ser estigmatizadas en las instituciones de justicia que deberían fomentar espacios seguros para su orientación, identidad o condición. Huelga decir que en los diferentes niveles de gobierno prepondera notablemente todavía el machismo, el sexismo, la misoginia y la LGBTfobia a la hora de atender cuestiones que respecta a la comunidad, imposibilitando la cohesión social y la vida digna y próspera de una parte importante de millones de venezolanos.

Por lo que activistas, académicos y especialistas coinciden en que es imprescindible un proceso de justicia restaurativa focalizada en atender los delitos de odio LGTB+, puesto que su propósito es resarcir el daño sufrido por determinados individuos teniendo en cuenta la naturaleza de los delitos de odio. Para así garantizar a las víctimas la dignidad y la seguridad que como seres humanos jamás han tenido en el país.

Ante la falta de apoyo gubernamental, el rol clave de organizaciones y delegaciones

Además de la masiva convocatoria, otra de las novedades del Desfile del Orgullo realizado en Caracas fue el espaldarazo de las delegaciones diplomáticas de varios países que tienen representación en Venezuela, entre ellos México, Francia, Suiza, Reino Unido, Países Bajos y Alemania, que comprometidos con los derechos humanos de todas las personas se hicieron presentes en la concentración.

Dichas delegaciones también han representado un soporte neurálgico para el activismo LGBT+ venezolano, abriendo canales de colaboración y formación académica en cuestiones sociales y culturales de sus integrantes. Ante la inexistente voluntad política y la falta de acción gubernamental para impulsar legislación y políticas públicas en favor de las personas LGBT+, apoyos como estos son edificantes en el avance de la lucha para asegurar espacios seguros, la libre expresión, la no discriminación por raza, orientación, identidad o género y la tan olvidada aprobación del matrimonio igualitario en Venezuela.

Sobre este punto, el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo ha quedado relegado desde 2015 ante otros intereses políticos de “mayor urgencia”, ignorando las consecuencias sociales, económicas y políticas que acarrea marginar a un sector de la población civil, privándole de derechos y oportunidades esenciales.

El éxito de la Marcha debería ser, entonces, un claro recordatorio a los actores políticos del país de que los venezolanos LGBT+ ya no están dispuestos a seguir siendo tratados como ciudadanos de segunda cateorgía o ser usados como estrategia de captación de votos.

En ese sentido, está claro que llegó el momento de que la comunidad LGBT+ venezolana sea tomada en serio para la construcción de un proyecto de país viable, porque las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans, queer, intersexuales, y asexuales también votan, participan políticamente y requieren urgente atención del Estado. El momento para actuar es ahora.

El autor es un periodista y politólogo venezolano. Es colaborador de la agrupación LGBT+ venezolana “Okay, no”.

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