
“La jefa”, se escuchó responder al público desde el fondo de la sala de audiencias de Comodoro Py 2002 cuando a Cristina Kirchner le preguntaron si tenía algún apodo. En su respuesta formal ella dijo que no. Fue en medio del interrogatorio personal que hizo el presidente del Tribunal Oral Federal 7, Enrique Méndez Signori, por la causa Cuadernos que investiga corrupción en la obra pública durante los gobiernos kirchneristas.
Se trató de una de las perlitas del pase a la presencialidad de un juicio que por primera vez tuvo público en la sala, en su mayoría referentes sociales, ex funcionarios y legisladores que acudieron a mostrar su apoyo a la ex presidenta en su declaración indagatoria. Estuvieron Adolfo Perez Esquivel, Wado De Pedro, Mariano Recalde, entre muchos otros.
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Todos se ubicaron en el sector para el público de la planta baja, mientras que la prensa estuvo en la tribuna superior de la sala con capacidad total para 200 personas.
Hubo también aplausos para coronar alguna de las frases de Cristina durante su exposición de 40 minutos y algún que otro comentario aislado proveniente desde atrás, el lugar donde se ubicó el público, cuando hablaron los jueces del Tribunal. Detalles de la presencialidad que no llegaron a reflejarse en la transmisión que se realizó por Zoom para el resto de los imputados y por YouTube para el público en general.
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El Tribunal llevó adelante la audiencia integrado por los jueces Méndez Signori, Fernando Canero y Germán Castelli y la presencia del cuarto juez suplente, Néstor Costabel.
Los tres primeros no tienen despachos en Retiro porque trabajan en el Palacio de Justicia de Talcahuano 550. Por eso, y a su pedido, se les asignó otra sala de audiencias más pequeña, en la planta baja, que usaron en los cuartos intermedios del debate oral.

En la sala también estuvo el detenido Julio De Vido, mientras que desde la cárcel de Ezeiza se conectó el ex secretario de Obra Pública, José López, condenado también en la causa Vialidad.
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Para garantizar la seguridad, se montó un operativo con la custodia del edificio a cargo de la Policía Federal, mientras que el Servicio Penitenciario se encargó del traslado de y hacia la cárcel de Ezeiza del ex ministro de Planificación Federal del kirchnerismo.
“Muy buenos días a todos y todas”
La ex presidenta llegó a Comodoro Py 2002 con su escolta personal desde San José 1111, donde cumple el arresto domiciliario con tobillera electrónica condenada a seis años de prisión por administración fraudulenta en el caso Vialidad. Ingresó directo desde un estacionamiento lateral a la sala de audiencias y se ubicó entre sus abogados Carlos Beraldi y Ary Llernovoy.
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Poco después saludaba desde el banquillo. “Muy buenos días a todos y a todas, la verdad es que... ” y ahí llegó una primera interrupción por parte de Méndez Signori, “Tengo que cumplir con algunas formalidades”, le explicó el juez antes de comenzar con el interrogatorio de doce preguntas.
“Estoy sentada acá para venir a hablar y hacer mis manifestaciones claramente”, respondió en relación a su voluntad de declarar y nuevamente el juez intervino: “Aguarde un segundo, ya va a tener la oportunidad de hablar, doctora”. Y le explicó que se trataba de un interrogatorio de identificación que marca la ley “independientemente de que usted es una figura conocida”.
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Se le preguntó nombre completo, edad, estado civil, apodo. “Mire, eh, no. Me dicen Cristina, podría decirle algunos otros, pero no me parecen adecuados”.
Otro momento tenso se vivió cuando le preguntaron dónde vive. Dio el domicilio de San José 1111. “Es de público y notorio, mis condiciones de vida también”.
A la hora de los antecedentes penales, repreguntó: “Perdón, ¿qué me dijo?” y siguió: “Bueno, si usted me deja hablar, le voy a contar, porque usted sabe que yo estoy detenida acá. Me parece que todas estas preguntas son de público y notorio”.
“Doctora Fernández, es un interrogatorio que marca la ley, no es un capricho personal”, remarcó Méndez Signori.
“Bien, adelante doctor, el único antecedente penal que tengo es la condena Vialidad de la que pienso hablar en este momento”, terminó de responder antes de iniciar su indagatoria. Cuarenta minutos después concluyó que la causa Cuadernos es un “gran disparate” y provocó un último aplauso cerrado desde el fondo de la sala.
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