
Para la Justicia federal, los millones de dólares del caso de las coimas de los cuadernos escritos por el chofer Oscar Centeno se convirtieron en ladrillos.
De acuerdo a la investigación del fiscal Carlos Stornelli, en una causa por el delito de lavado de activos que espera ser elevada a juicio y que sigue abierta hasta hoy, el dinero recolectado de manos de empresarios por el ex funcionario Roberto Baratta y entregado a Daniel Muñoz, el fallecido secretario de Néstor Kirchner, se convirtió en una serie de 14 propiedades controladas por empresas offshore radicadas en paraísos como las Islas Vírgenes Británicas. Fueron departamentos premium en zonas VIP de Miami como Collins y Brickell Avenue y el icónico Plaza Hotel de New York, con un precio final más de 70 millones de dólares.
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Esa lista de propiedades, de acuerdo a la imputación de Stornelli que hoy está en manos del juez Julián Ercolini, fue comprada y controlada por empresarios testaferros, abogados y prestanombres. Son casi una veintena de imputados -muchos de ellos convertidos en arrepentidos- que se suman en un expediente paralelo a los 75 de la causa principal de los cuadernos, con Cristina Fernández de Kirchner a la cabeza, cuyo juicio comenzará este 6 de noviembre en el Tribunal Federal N°7. En la cima de este conglomerado se encontraba, supuestamente, Carolina Pochetti, empresaria, chubutense, la viuda de Daniel Muñoz.
En el expediente, el largo peregrinaje mundial de toda esta plata tiene un comienzo: la mesa de entradas de una cueva financiera, o dos, o tres.
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Sergio Todisco, empresario acusado de ser el testaferro original del caso, fue detenido y luego liberado, con un pedido de elevación a juicio firmado por Stornelli. Todisco relató ese comienzo en su su confesión. “Yo no soy de la AFIP”, aseguró, al desconocer de dónde venía la fortuna que Muñoz le traía en efectivo. “Jamás dijo cuál era el origen del dinero. Me decía que tenía una empresa de transporte de combustibles”, continuó. Es un poco irónico: el nexo de Muñoz con Néstor Kirchner ya era perfectamente público para aquel entonces.
A ese dinero había que girarlo al exterior. Entonces, Todisco y otro imputado, Fabián Parolari, emplearon, de acuerdo al relato de Todisco, el viejo instrumento: cuevas. Y las cuevas se llevaban su comisión.
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“Era variable, entre 1 o 1,5%, hubo picos donde costaba hasta 6%”, aseveró. El empresario marplatense, acusado junto a su ex pareja, la martillera Elizabeth Todisco, de administrar los inmuebles que dejaban jugosas rentas por alquiler -o que se convirtieron en residencias VIP en Miami para Muñoz y Pochetti-, marcó cuatro financieras distintas.

Otro acusado de participar en la misma maniobra, el santacruceño Carlos Temistocles Cortez, también señado como testaferro, aseveró, más parco:
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“He usado empresas, conocidos y brokers de quienes no recuerdo los nombres y pequeñas financieras o cuevas para transmitir el dinero a las cuentas, el sistema es poner el dinero en efectivo aquí y solicitar que el mismo sea transferido a la cuenta que lo requiera”.
Al menos en las operaciones en las que se involucró Cortez, las propias cuevas enviaban un cadete de confianza a buscar el cash. Cortez apuntó: “En algunas oportunidades me retiraban el dinero por delivery, la misma cueva lo giraba. Depende del momento porque cuando mucha gente quiere enviar dinero al exterior lo cobraban más caro, en el año 2005 con las restricciones cambiarias el tema se encareció porque aumentó el flujo de dinero que iba y venía”.
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La fecha que el imputado aportó, 2005, es notable también. Marca el comienzo del poder kirchnerista, con Daniel Muñoz con bolsos de dinero en la Casa Rosada, de acuerdo al relato de Miriam Quiroga, o en vuelos al sur a bordo del Tango 01, con misteriosos bolsos también.
Cortez, tal como Todisco, también fue detenido. Lo esposaron octubre de 2018 en el aeropuerto de Ezeiza. El fiscal Stornelli pidió su elevación a juicio al juez original del caso, Claudio Bonadio en junio del año siguiente.
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En su pedido de elevación a juicio, el fiscal marcó la importancia de las cuevas en la trama:
“Semejantes cantidades de dinero –bolsos y hasta sitios de atesoramiento-, como ha sido plasmado en los autos principales 9608/18″, la causa principal del caso de los cuadernos, que originó el expediente por lavado “no podía ser objeto de una simple transferencia bancaria, depósito en instituciones formales o bien aplicado sin más en operaciones comerciales o inmobiliarias, sin disparar la inmediata alerta de los sujetos obligados o los entes de contralor” como la UIF, querellante en el caso, o el Banco Central. “Por eso era necesario disimularla, introduciéndola mediante testaferros en “cuevas”“, o en operaciones comerciales, continuó Stornelli.
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Elizabeth Municoy -que tras su divorcio de Todisco en plena época de las operaciones financieras de Muñoz y Pochetti cobró un rol de notable importancia en el esquema internacional- aseguró que su marido operaba con dos cueveros de confianza. Uno de ellos hacía sus negocios en CABA, en una oficina cercana a las Galerías Pacífico. El otro fue un conocido operador de la ciudad de Mar del Plata, donde Todisco y Municoy vivían.
Sin embargo, de acuerdo a los documentos consultados por Infobae, ningún cuevero de los que se llevaron al menos el 1% de la fortuna offshore de los cuadernos fue identificado por la Justicia e identificado en el expediente por lavado.
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