
Kathy Patten estaba en la habitación de parto acompañando a su hija Stacey Fifer cuando sintió un malestar que terminó en un paro cardíaco de casi una hora sin pulso. El episodio ocurrió en 2021 en el Greater Baltimore Medical Center, en Estados Unidos, y la familia lo relató en una entrevista exclusiva con la revista People, publicada el 20 de octubre.
Patten había llegado al hospital para acompañar a su hija en uno de los primeros partos que, tras las restricciones impuestas por la pandemia de COVID-19, permitió la presencia de un segundo acompañante en la sala. Fifer esperaba a su primera hija mientras su esposo atravesaba un tratamiento contra el cáncer. “Tener esa luz positiva fue la inspiración que necesitábamos para seguir adelante con coraje y fortaleza”, relató a People.
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El malestar se presentó minutos antes del parto

Mientras esperaba junto a su hija, Patten sintió un malestar estomacal que la llevó a vomitar y, poco después, una molestia en el brazo. “Creo que estoy teniendo un ataque cardíaco”, le dijo a Fifer antes de pedir que llamaran a un médico. Ella le respondió que no se preocupara y que se concentrara en su propia atención, mientras el personal retiraba a Patten de la habitación.
Minutos más tarde, Patten sufrió un paro cardíaco. El doctor Dov Frankel, quien participó en la reanimación, relató a People que el aviso se convirtió rápidamente en un código azul. “Cada vez que la reanimábamos con una descarga, volvía a la línea plana, lo que exigía más compresiones y, luego, más descargas”, explicó el médico.
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El equipo mantuvo la reanimación durante 45 minutos
Mientras los médicos intentaban reanimar a su madre, Fifer continuaba en trabajo de parto. “Por favor, por favor, por favor, no puedo perder a mi mamá el día en que doy a luz a mi hija”, recordó haberles rogado a los médicos. La angustia alteró su estado y, según contó, el equipo intentó mantenerla calmada para no afectar a la bebé.

Frankel sospechó entonces que Patten podía tener una embolia pulmonar, es decir, un coágulo alojado en el pulmón, y decidió administrar un medicamento para disolverlo. Ante la consulta de un farmacéutico sobre la dosis a utilizar, el médico respondió: “No lo sé. No me importa. Llenen una jeringa. Empújenla. No se puede matar a quien ya está muerto”. Tras la siguiente descarga eléctrica, el corazón de Patten recuperó su ritmo, después de 45 minutos sin pulso.
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La paciente pudo sobrevivir sin secuelas neurológicas
Patten fue trasladada con vida a otro centro médico, aunque permaneció inconsciente. Fifer relató que su madre presentó insuficiencia hepática y renal, además de un corazón debilitado, con un pronóstico incierto sobre posibles daños neurológicos.
Según explicó Frankel, el hecho de que Patten ya estuviera internada en el momento del paro permitió aplicar reanimación cardiopulmonar y oxigenación de forma inmediata y continua, lo cual resultó determinante para preservar la función cerebral pese al tiempo prolongado sin pulso.

Durante la recuperación, el padre de Fifer llamaba para que su esposa pudiera hablarle a Patten por altavoz. “Te amo, no te rindas, tienes una hermosa nieta”, le decía. Un mes después de la emergencia, Patten pudo sostener por primera vez a su nieta, Alora, a quien calificó como su ángel guardián. “Ella me salvó. Es un milagro”, dijo a People.
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El diagnóstico inicial resultó ser incorrecto
Tiempo después, los médicos determinaron que Patten no había sufrido una embolia pulmonar, como se sospechó durante la emergencia, sino un infarto causado por la obstrucción de una arteria coronaria, conocido coloquialmente como “ataque widowmaker”.
Según explicó Frankel, el medicamento administrado para disolver un supuesto coágulo en el pulmón terminó por abrir esa obstrucción arterial, lo que permitió la recuperación del ritmo cardíaco. “Fue lo correcto, por la razón equivocada”, señaló el médico.
Fifer también contó que su esposo falleció a causa del cáncer tiempo después del nacimiento de su hija. Al reflexionar sobre la posibilidad de haber perdido a su madre el mismo día en que nació Alora, concluyó: “Dios o el universo la salvó ese día porque sabían que la necesitaba”.
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