“¡Esto es la guerra!: disparos, explosivos, un gas secreto y 130 muertos en la toma de rehenes del Teatro Dubrovka de Moscú

El 23 de octubre de 2002, un comando checheno irrumpió en la sala colmada y secuestró a 916 personas exigiendo la retirada de las tropas rusas que ocupaban Chechenia. Después de tres días de tensión y la muerte de algunos rehenes, las fuerzas de seguridad atacaron el teatro con un gas desconocido que causó la muerte secuestradores y víctimas por igual. El gobierno ruso nunca reveló su composición argumentando que se trataba de un secreto militar

Asalto teatro ruso Dubrovka víctimas
Un comando checheno de 40 integrantes tomó como rehenes a más de 850 personas durante una función en el Teatro Dubrovka de Moscú
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“¡Esto es un asalto! ¡Somos chechenos! ¡Esto es la guerra!”, gritó el hombre enfundado en un uniforme negro que saltó al escenario del teatro e interrumpió el segundo acto de la obra ante la mirada atónita de los actores y los espectadores. Después, para que nadie se confundiera, hizo varios disparos al techo. No estaba solo: con él, distribuidos por toda la sala y otros espacios del edificio, había otros 39 hombres y mujeres armados con pistolas Makarov y rifles Kalashnikov y que, además, llevaban colgadas de sus cinturones cuatro o cinco granadas cada uno. Fueron algunos de ellos los que comenzaron a instalar explosivos plásticos en lugares estratégicos.

La noche del 23 de octubre de 2002 en las instalaciones del Teatro Dubrovka, en Moscú, no cabía un alfiler. Más de ochocientas personas habían desembolsado en rublos el equivalente de 15 dólares – una entrada cara en ese momento – para ver el musical Nord-ost (Nordeste), de Aleksei Ivaschenko y Georgiy Vasiliev, un verdadero suceso de taquilla estrenado el año anterior. La obra exigía un gran despliegue de actores y técnicos, por lo que si se los contabilizaba junto con el público sumaban 916 personas dentro del teatro.

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Minutos después de las 9 de la noche, cuando recién comenzaba el segundo acto y el desvalido Sanya Grigoriev – testigo del asesinato de un cartero - deambulaba por los decorados en busca de su amigo el profesor Korablev, el hombre de negro hizo su aparición y desató el pánico. Se llamaba Movsar Barayev, era sobrino del comandante de la milicia rebelde chechena Arbi Barayev, y estaba al comando del grupo armado, que incluía a 21 hombre y 19 mujeres, en su mayoría de entre 21 y 23 años. Después se sabría que estas últimas eran “viudas negras”, esposas de combatientes rebeldes musulmanes chechenos muertos por las tropas rusas que ocupaban su país, y que estaban dispuestas a todo.

En los primeros momentos de confusión, algunos técnicos y actores que estaban fuera de escena lograron escapar por ventanas y puertas auxiliares, pero fueron pocos. En la sala, rodeados por los integrantes de comando checheno quedaron más de 850 rehenes que pronto se enteraron de que serían asesinados si las tropas rusas no abandonaban inmediatamente Chechenia. Eso les anunció desde el escenario Movsar Barayev y el mismo mensaje les transmitió a las fuerzas de seguridad rusa que rápidamente rodearon el teatro. Si intentaban entrar, los combatientes harían volar el teatro y morirían junto con los rehenes. No tenían nada que perder.

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El 23 de octubre de 2002, cincuenta terroristas chechenos tomaron por asalto el teatro Dubrovka, en la planta número uno de la Casa de la Cultura, a unos cuatro kilómetros al sureste del Kremlin (REUTERS)
El grupo armado liderado por Movsar Barayev exigió la retirada de las tropas rusas de Chechenia para no detonar sus explosivos (REUTERS)

La Chechenia ocupada

Cuando el grupo comandado por Barayev tomó el Teatro Dubrovka en octubre de 2002, la segunda guerra de Chechenia llevaba tres años y hacía dos que el primer ministro ruso, Vladimir Putin, había instalado en la capital, Grozni, un gobierno que respondía al Kremlin. Aquellos que no se sometían su mandato eran considerados bandidos. La ideología de los combatientes chechenos había derivado desde la guerra anterior – entre diciembre de 1994 y agosto de 1996 – del independentismo laico al islamismo wahabista.

Mientras el señor de la guerra Shamil Basáyev representaba esta tendencia, el presidente electo de la Chechenia independentista (la autoproclamada República de Ichkeria), Aslán Masjádov, era la voz moderada de los separatistas y buscaba infructuosamente negociar con Moscú, aunque su autoridad era muy débil frente al poder de los combatientes islámicos. Su voz casi no era escuchada.

Durante los primeros meses del conflicto, la ofensiva rusa se apoyó en un masivo ataque aéreo y terrestre utilizando misiles contra las principales ciudades. Gran parte de la población civil fue evacuada de las localidades donde se combatía. Los rusos avanzaron hacia Grozni, cuyo cerco completaron poco antes de Navidad; la capital chechena fue tomada por los rusos a principios de febrero de 2000, tras destruir lo poco que quedaba de ella luego de los bombardeos.

Teatro ruso Dubrovka ataque comando checheno
El grupo armado liderado por Movsar Barayev exigió la retirada de las tropas rusas de Chechenia para no detonar sus explosivos (Stanislav Krasilnikov/TASS/Sipa USA)

Los rebeldes se retiraron a las montañas del sur, desde donde comenzarían una larga guerra de guerrillas contra las tropas rusas y los chechenos promoscovitas. También iniciaron una serie de atentados en territorio ruso, pero nunca de la envergadura de la toma del Teatro Dubrovka, ni tampoco con sus sangrientas consecuencias.

La ecuación del 10 x 1

Después de anunciar sus intenciones, el comando permitió que los rehenes se comunicaran por teléfono con sus familiares. De ese modo las fuerzas de seguridad rusas supieron que tenían granadas, minas y artefactos explosivos atados a sus cuerpos, y que habían desplegado más bombas en todo el teatro. También, que los chechenos usaban nombres árabes entre ellos.

Cerca de las diez de la noche las unidades policiales, el Servicio Federal de Seguridad (FSB), la policía antidisturbios, ya estaban desplegadas alrededor del teatro. También había periodistas y móviles de televisión, que comenzaron a transmitir en directo. Minutos más tarde, los secuestradores liberaron alrededor de 150 personas, entre ellas niños, mujeres embarazadas, algunos musulmanes, extranjeros y personas que necesitaban tratamiento médico. Los enviaron con un mensaje: que matarían a diez rehenes por cada uno de ellos que muriera si las fuerzas de seguridad intentaban recuperar el teatro.

El primero que intentó negociar con los secuestradores fue el teniente coronel Konstantin Vassilev, un abogado militar que se adentró en el teatro para ofrecer intercambiar otros rehenes a cambio de los niños retenidos. No pudo hacerlo, porque los chechenos lo recibieron con una lluvia de balas y lo mataron. También, y pese al cerco montado alrededor del teatro, una empleada de una perfumería cercana, Olga Romanova, de 26 años, logró filtrarse entre las líneas policiales, entró a la sala y gritó instando a los rehenes a que se rebelaran. Le dispararon y permitieron que la policía retirara su cuerpo, que en un primer momento se creyó que era el de una rehén. Nadie se había dado cuenta de que había burlado la vigilancia de la policía rusa sin que la descubrieran.

Una negociación imposible

Quisiera o no negociar con Shamil Basáyev, el gobierno ruso no podía retirar las tropas de todo el territorio checheno como exigían los secuestradores. Era logísticamente imposible en tan poco tiempo. “Cuando se les dijo que la retirada de tropas era poco realista en el corto período, que era un proceso muy largo, los terroristas presentaron la demanda de retirar a las tropas rusas de cualquier parte de la República de Chechenia, pero sin especificar qué área era”, relató después Sergei Yastrzhembsky, uno de los asesores de Vladimir Putin.

Los chechenos también pidieron que el ejército ruso dejara de utilizar la artillería y los aviones de combate desde el día siguiente, y que el propio Putin diera un mensaje público prometiendo detener la guerra. El gobierno ruso no aceptó y, como contrapropuesta, ofreció a los integrantes del comando dejarlos en libertad y enviarlos a cualquier país que pidieran si se rendían y no había más muertos.

Durante los dos días siguientes, hubo idas y vueltas, con negociaciones que no llegaban a ningún resultado concreto. Varias figuras públicas se propusieron como intermediarios, e incluso el último líder de la antigua Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, se ofreció a entrar al teatro y dialogar cara a cara con el jefe del comando para buscar una solución pacífica. Con el correr de las horas, los secuestradores fueron liberando rehenes con cuentagotas, la mayoría de ellos niños o personas con problemas de salud. También pidieron que se presentara personal sanitario de la Cruz Roja y de Médicos sin Fronteras para atender a los secuestrados.

La situación fue ganando en tensión y casi estalla cuando una tubería de agua caliente se rompió e inundó la planta baja del teatro. Los secuestradores tomaron el hecho como una “provocación” por parte de las fuerzas de seguridad rusas. En realidad, no era una provocación, sino una falla del plan que ya estaba en marcha para recuperar el teatro tomado. La rotura de la cañería se debió a que las fuerzas de seguridad rusas estaban realizando pequeños agujeros en las paredes y revisando los accesos a las rejillas de ventilación del edificio para realizar la primera parte del asalto al teatro y liberar a los rehenes.

El asalto y el gas secreto

A las 5.10 de la mañana del 26 de octubre, los rusos inyectaron un gas narcótico a través de esos accesos para dormir y dejar sin capacidad de reacción a los secuestradores. Que los rehenes sufrieran las mismas consecuencias fue considerado como un mal necesario. Veinte minutos más tarde, las Fuerzas Especiales “Alpha” y “Vimpel” irrumpieron en el Dubrovka con máscaras, lanzando granadas de gas y disparando sobre algunos secuestradores que no habían sido afectados por la primera oleada de gas.

Según testimonios de algunos rehenes que permanecían despiertos, las fuerzas especiales ejecutaron disparándoles a la cabeza a todos los miembros de comando que estaban dormidos. Después sacaron a los rehenes inconscientes y los fueron apilando en el piso del hall y en las escaleras, para que enfermeros y médicos los trasladaran en ambulancias hacia los hospitales más cercanos, donde se habían montado operativos de emergencia.

El primer balance que dieron las autoridades rusas fue de 40 secuestradores muertos – es decir, todos -, 67 rehenes asesinados por los chechenos, ninguna baja entre las fuerzas de seguridad y más de 750 personas liberadas. En ese primer comunicado no se detalló como había sido el asalto ni se mencionó el uso de gas para dejar inconscientes a quienes estaban dentro del teatro. La versión oficial fue que las fuerzas especiales debieron atacar porque un grupo de rehenes estaba intentado escapar y los secuestradores dispararon sobre ellos.

Asalto teatro ruso Dubrovka víctimas
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a Rusia por la planificación inadecuada del rescate en el Teatro Dubrovka

Después se sabría, aunque muy parcialmente, la verdad. La primera información sobre la verdadera naturaleza del operativo vino desde el interior mismo del teatro cuando se inició el bombeo de gas. “Nos parece que desde afuera están haciendo algo. Están tirando gas. Así no va a salir nadie vivo, ni nosotros ni los chechenos. ¡Nuestro gobierno no quiere que salga nadie vivo de acá! Hay gas, los vemos, lo sentimos, lo estamos respirando y viene desde afuera”, avisó la rehén Anna Andrianova, corresponsal de Moskovskaya Pravda, en una llamada al estudio de radio Echo of Moscow que fue transmitida en vivo.

La situación se volvió inocultable cuando en los hospitales a donde habían sido trasladados, muchos rehenes empezaron a agonizar y murieron de insuficiencia respiratoria. En total, fallecieron 130 rehenes por los efectos del gas narcótico. Los médicos, desesperados, preguntaron a las fuerzas de seguridad qué gas habían utilizado, para así proporcionarles un antídoto a las víctimas. Les dijeron que el gas era un secreto militar y no podían revelar su composición.

Recién en 2012, el laboratorio británico en Salisbury pudo descubrir que los anestésicos carfentanil y remifentanil eran parte del gas, pero sin poder determinar las proporciones y otros ingredientes. Para entonces, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ya había condenado a Rusia por la mala planificación inadecuada de la operación de rescate y la falta de una investigación adecuada sobre la operación y otorgó un total de 1,3 millones de euros a los rehenes sobrevivientes y a los familiares de las víctimas. Ni siquiera entonces el gobierno ruso modificó su versión. La última declaración sobre el tema de Vladimir Putin fue que los rehenes no habían muerto por efectos del gas utilizado sino por el resultado de enfermedades crónicas exacerbadas, estrés e incapacidad para adaptarse a circunstancias inusuales. La composición del gas sigue siendo desconocida.

Luego de la toma de octubre de 2002, el edificio del antiguo Teatro Dubrovka dejó de funcionar como una sala comercial y fue reinaugurado como el Palacio de la Cultura, un complejo gestionado por el estado con varias salas equipadas con tecnología de audio profesional y una capacidad de hasta 1.000 espectadores, donde se realizan ciclos de música en vivo, se presentan obras teatrales y se montan ferias temáticas.

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