
Más de cincuenta mil personas pasaron frente al féretro de Rosa Parks cuando sus restos quedaron ante una formación de honor en la Rotonda del Capitolio de Washington, el 30 de octubre de 2005. Fue la primera mujer en la historia de los Estados Unidos en recibir ese homenaje. Entre quienes se acercaron a despedirla estuvo el entonces presidente George W. Bush.
Esa despedida masiva llegó apenas seis días después de su muerte. Parks falleció el 24 de octubre de 2005, a los 92 años, en su casa de Detroit, después de una vida que había torcido el rumbo de la segregación racial en Estados Unidos. Había sido diagnosticada con demencia progresiva un año antes y arrastraba desde la década de 1950 insomnio, úlceras estomacales y un problema cardíaco.
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Su abogado, Gregory Reed, confirmó esa misma noche de hace 21 años que Parks había muerto en compañía de amigos cercanos. La mujer conocida como “la madre del movimiento por los derechos civiles” llevaba años fuera de escena por su edad y su fragilidad física.

El deterioro de su salud no le había impedido, meses antes, seguir presente en los actos que la homenajeaban. En febrero de 2005 había cumplido 92 años y se hizo una reunión en una iglesia de Detroit, donde estudiantes de escuelas públicas recrearon su histórico arresto en el colectivo ocurrido en 1955.
El 1 de diciembre de 1955, Parks viajaba de regreso a su casa después de una jornada de trabajo como costurera. Subió al ómnibus manejado por James Blake y se sentó en la segunda fila de cuatro asientos que no pertenecía al sector reservado para pasajeros blancos.
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Años antes, ese mismo chofer la había dejado en la calle después de cobrarle el boleto: la había obligado a bajar para que volviera a subir por la puerta trasera, como exigía la norma segregacionista, e hizo arrancar el colectivo antes de que pudiera reingresar. Era una práctica que se repetía a diario contra la población negra en Montgomery.
Cuando el colectivo se llenó esa tarde de diciembre, Blake corrió hacia atrás el cartel que delimitaba la zona exclusiva para blancos y ordenó a los pasajeros negros de esa fila que se levantaran. Los otros tres hombres obedecieron. Parks se negó tres veces seguidas y solo cambió la dirección de su mirada cada vez que el chofer insistió.
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El conductor pidió entonces que llamaran a la policía. Ella respondió, sin alterarse: “Llame a la policía, si quiere”.
Años después, en su autobiografía, Parks desmintió que su negativa se debiera al cansancio: “No dije que estaba cansada. Tenía 42 años. Era una mujer joven y con buena salud. De lo único que estaba cansada era de seguir cediendo y aceptando esas cosas”, escribió.
Parks dijo, además, que en esos minutos pensaba en Emmett Till, un chico negro de 14 años que había sido linchado meses antes en Misisipi tras una acusación falsa, y cuyos asesinos habían quedado impunes. No fue la primera mujer negra que se negó a ceder su asiento en Alabama: antes que ella lo habían hecho Irene Morgan, Lillie Mae Bradford y Sarah Louise Keys, aunque ninguno de esos casos tuvo la repercusión del suyo.
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La policía la detuvo y quedó libre ese mismo día tras el pago de una fianza que afrontó la National Association for the Advancement of Colored People (Asociación para le progreso de la gente de color) (NAACP). El juicio se realizó tres días más tarde y apenas duró media hora: el juez la condenó a pagar una multa de diez dólares más otros cuatro en concepto de costas.

Al día siguiente del arresto de Rosa Parks, la NAACP llamó a boicotear el sistema de colectivos de Montgomery. El mensaje se difundió a través de las iglesias de los barrios negros y de miles de volantes repartidos en las calles, porque los principales diarios y radios de la ciudad respondían a intereses de los blancos.
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Las y los afroamericanos representaban el 75% de los usuarios del transporte público de la ciudad. Durante el boicot organizaron sistemas de autos compartidos, taxis que cobraban la misma tarifa que un colectivo y, sobre todo, caminaron largas distancias todos los días antes de volver a subirse a un ómnibus.
El boicot se mantuvo durante 381 días. El 22 de febrero de 1956, Parks y otras 88 personas fueron acusadas de violar una ley que prohibía los boicots sin “causa justa”. La Corte Suprema de Estados Unidos terminó por declarar inconstitucional la segregación en el transporte público, y el 20 de diciembre de 1956 la ciudad puso fin a esa práctica en sus colectivos.
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Martin Luther King, entonces un joven pastor poco conocido, fue designado vocero del boicot y les enseñó a los manifestantes los principios de la no violencia. Esa lucha lo catapultó como dirigente de la comunidad y, con los años, lo llevó a ganar el premio Nobel de la Paz.

Tras el arresto, Rosa y Raymond Parks fueron despedidos de sus empleos y recibieron amenazas de muerte. La pareja se mudó a Detroit en 1957 para reconstruir su vida lejos del hostigamiento que sufrían en Alabama.
En 1964 Parks se convirtió en diaconisa de la Iglesia Metodista Episcopal Africana. Un año más tarde empezó a trabajar en la oficina del congresista John Conyers, cargo que mantuvo hasta su retiro, en 1988.
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Durante esos años participó de los hitos centrales del movimiento por la igualdad de los derechos de los negros. Estuvo en la Marcha sobre Washington de 1963, donde Martin Luther King pronunció su discurso “Tengo un sueño”, y también en las marchas de Selma a Montgomery de 1965. En las décadas siguientes se sumó, además, a las voces que denunciaban públicamente el apartheid en Sudáfrica.
Días después de aquella celebración del año 2005 Rosa Parks recibió el primer Cardinal Dearden Peace Award, entregado en una iglesia católica de Detroit. Y a fines de febrero, el compositor Hannibal Lokumbe estrenó una sinfonía dedicada a ella, titulada Dear Mrs. Parks, con la Orquesta Sinfónica de Detroit.
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Hace 21 años, mientras trasladaban sus restos desde Montgomery hacia Washington, el piloto del avión sobrevoló dos veces la capital de Alabama mientras cantaba We Shall Overcome, el himno del movimiento por los derechos civiles.
El funeral se realizó en Detroit el 2 de noviembre de 2005 y duró siete horas. Asistieron más de cuatro mil personas, aunque solo había dos mil butacas disponibles para el público. La fila para poder entrar se extendió varias cuadras.
La cantante Aretha Franklin interpretó un tema durante la ceremonia. También habló el entonces senador por Illinois y luego presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quien dijo: “Cuando se escriba la historia de este país, será el nombre de esta mujer pequeña y silenciosa el que se recuerde mucho después de que se hayan olvidado los nombres de senadores y presidentes”.
El expresidente estadounidense Bill Clinton dijo a The Guardian que Parks había sido “una mujer de gran coraje, gracia y dignidad” y una inspiración “para todos los que trabajamos para el día en que seamos una sola América”. El entonces alcalde de Detroit, Kwame Kilpatrick dijo: “Se puso de pie al quedarse sentada. Yo solo estoy acá gracias a ella”.

La entonces secretaria de Estado Condoleezza Rice habló en una ceremonia en Montgomery. “Puedo decir honestamente que sin la señora Parks probablemente no estaría hoy acá como secretaria de Estado”, afirmó.
Tras conocerse la noticia, funcionarios de Montgomery y de Detroit ordenaron colocar cintas negras en los asientos delanteros de los colectivos urbanos. Era un homenaje a la mujer que, medio siglo antes, había desafiado al racismo con un simple pero potente gesto en un medio de transporte.
Rosa Louise McCauley nació el 4 de febrero de 1913 en Tuskegee, Alabama. Fue la primera hija de James y Leona Edwards McCauley y tuvo un hermano, Sylvester, según precisa la biografía difundida por el Rosa and Raymond Parks Institute for Self Development.
De chica trabajó en una plantación cercana a su casa, donde recogía algodón a cambio de 50 centavos de dólar por día. Su educación formal se interrumpió varias veces por la enfermedad de su abuela y, más tarde, de su madre, a quienes cuidó mientras su hermano trabajaba fuera del hogar.
Se casó con Raymond Parks el 18 de diciembre de 1932. Recién en 1934, ya casada, pudo terminar el secundario. Raymond había nacido el 12 de febrero de 1903 en Wedowee, Alabama, y de joven fue uno de los primeros activistas en la defensa de los Scottsboro Boys, el célebre caso judicial de los años 30, según el instituto.

En 1943 Rosa empezó a participar de las reuniones de la NAACP y ese mismo año fue elegida secretaria de la filial local. Con el tiempo pasó también a ser líder juvenil de la organización. Al momento de su arresto en 1955 estaba organizando una conferencia para jóvenes.
Pese a su activismo junto a su esposo, Parks debió soportar el machismo de algunos de sus superiores en la NAACP, que entendían que una mujer solo debía ocuparse de tareas domésticas. Su lugar como secretaria se explicaba, en parte, porque los dirigentes creían que esas tareas administrativas correspondían a una mujer.
En febrero de 1987 cofundó, junto a Elaine Eason Steele, el Rosa and Raymond Parks Institute for Self Development, dedicado a formar liderazgo entre jóvenes de Detroit.
Parks escribió cuatro libros a lo largo de su vida: Rosa Parks: My Story, Quiet Strength, Dear Mrs. Parks: A Dialogue With Today’s Youth —que ganó el premio Image Award de la NAACP a la mejor obra literaria infantil en 1996— y I Am Rosa Parks, pensado para chicos en edad preescolar.
A lo largo de su vida recibió más de 43 doctorados honorarios y decenas de distinciones, entre ellas la Medalla Spingarn de la NAACP y el Rosa Parks Peace Prize, entregado en Estocolmo en 1994. En 1996 el entonces presidente Bill Clinton le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad, y en 1999 el Congreso le concedió su Medalla de Oro, el reconocimiento civil más alto del país.

En 1997 el estado de Michigan instituyó el primer lunes posterior al 4 de febrero como el Día de la señora Rosa Parks, y ella se convirtió en la primera persona viva en tener un feriado en su honor. En el invierno de 2000 se reunió con el papa Juan Pablo II en San Luis, Misuri, y le leyó una declaración en la que pedía sanación racial.
Ese mismo año, en Montgomery, se inauguró el Rosa Parks Library and Museum, en el sitio exacto donde había sido arrestada 45 años antes. El edificio incluye un colectivo de la época y un video que recrea la conversación previa a su detención.
Rosa Parks fue sepultada hace 21 años en el cementerio Woodlawn, junto a su esposo Raymond, fallecido en 1977.
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