
Desde la infancia, Suzanne Simard creció bajo la influencia de su madre, Janet Simard, una mujer profundamente vinculada con los bosques de Columbia Británica. Janet no solo fue el pilar de su familia, sino también una líder comunitaria reconocida por su compromiso en la defensa del entorno natural.
Suzanne, por su parte, se consolidó como ecóloga forestal, destacándose por su investigación pionera sobre la comunicación subterránea entre árboles. La noticia del diagnóstico de Alzheimer en Janet marcó el inicio de una etapa de incertidumbre y cuidados continuos.
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Para Suzanne, el impacto fue doble: enfrentaba la inminente pérdida de su referente más cercano y, al mismo tiempo, de la figura que había nutrido su amor por la naturaleza. El proceso de hospitalizaciones, consultas médicas y acompañamiento coincidió con una época de intensa actividad ambientalista, en la que ambas participaron activamente en protestas contra la tala de bosques antiguos.

Durante los últimos años de vida de Janet, madre e hija compartieron no solo la intimidad familiar, sino también el activismo y la defensa de sus paisajes más queridos. La matriarca mantuvo su energía y su compromiso social hasta el final, asistiendo a manifestaciones y defendiendo los bosques que consideraba parte de su vida.
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Este acompañamiento y la vivencia del duelo llevaron a Suzanne a observar cómo los sistemas naturales enfrentan la pérdida y la continuidad, un paralelismo que, según relata en la revista National Geographic, le permitió resignificar su dolor y encontrar consuelo en la conexión con los procesos vitales del entorno.
La red subterránea de micorrizas en los bosques
Durante décadas, Suzanne Simard investigó los bosques de Columbia Británica, donde identificó el papel central de los “árboles madre” en una red subterránea de hongos micorrícicos. Estas micorrizas mantienen una relación simbiótica con los árboles, intercambiando nutrientes y carbono esenciales para el ecosistema.
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Las redes micorrícicas conectan árboles y plántulas, permitiendo el flujo de recursos y el apoyo mutuo frente a condiciones adversas. Este descubrimiento, presentado por Simard en National Geographic, mostró que los árboles colaboran de manera activa y que la vida del bosque depende de la cooperación invisible bajo tierra.
El rol de los árboles madre y la regeneración del bosque
Los árboles madre, los más antiguos y de mayor tamaño, cumplen una función central al liderar la regeneración del bosque. Según la investigación publicada por Simard, estos árboles transmiten su material genético a través de semillas, protegen las plántulas jóvenes y nutren los ecosistemas fluviales y la fauna asociada, como los salmones.
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El ciclo vital de los árboles madre implica no solo la transferencia de genes y nutrientes, sino también una herencia de información adaptativa que resulta significativa frente a las crisis climáticas actuales. Cuando estos ejemplares envejecen y mueren, se incorporan a la red alimentaria del bosque, facilitando el crecimiento de nuevas generaciones y asegurando la continuidad del ecosistema.
El funcionamiento de los árboles madre como centros de intercambio biológico y transferencia de recursos permite que los bosques se adapten a los cambios ambientales a lo largo del tiempo.
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Paralelos entre el duelo y los ciclos del bosque
La autora establece un paralelismo entre los ciclos del bosque y los ciclos vitales humanos: nacimiento, crecimiento, muerte, descomposición y renacimiento. Al acompañar a su madre en su última etapa, Simard halló consuelo en estas similitudes, observando cómo la energía y la experiencia acumulada de los mayores se transfieren a las nuevas generaciones, ya sea en la naturaleza o en la familia.
La experiencia de pérdida llevó a Simard a apoyarse en los aprendizajes del bosque: la capacidad de adaptarse, sobrevivir y renovarse constantemente. Así como los bosques se reorganizan tras desastres naturales, la familia y las personas atraviesan procesos de reorganización tras la muerte de un ser querido, continuando el ciclo vital.
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Procesamiento del duelo en la naturaleza y resiliencia tras el incendio
Tras la muerte de su madre, Simard realizó una travesía junto a su hija en las montañas Selkirk. El agotamiento emocional y físico se atenuó al observar la recuperación del bosque después de incendios forestales recientes y sequías intensas. La regeneración de plantas y hongos en suelos quemados proporcionó un modelo concreto para su propio proceso de duelo.

La autora describe que, al caminar por el bosque y experimentar el ciclo vital de la naturaleza, sintió que su madre seguía presente, integrada en un ciclo infinito de vida y muerte. La revista científica National Geographic documenta este proceso, en el que la observación cercana del ambiente brinda herramientas emocionales válidas al enfrentar la pérdida.
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Resiliencia del bosque ante el cambio climático
Durante la travesía, Simard y su hija fueron testigos de las consecuencias del cambio climático: temperaturas récord, sequías extremas e incendios forestales. A pesar de estos desafíos, el bosque mostraba señales de recuperación, con especies vegetales emergiendo sobre suelos carbonizados y nuevas comunidades estableciéndose en el paisaje alterado.
La capacidad del sistema forestal, sustentada por la colaboración entre plantas, hongos y animales, permite que los ecosistemas se transformen y se adapten incluso tras eventos devastadores. La autora señala, a partir de su experiencia y la observación directa en la revista científica National Geographic, que la muerte en el bosque es el inicio de un proceso de renovación y reorganización, en el que la vida se reconstruye sobre las huellas del pasado.
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