“Me han informado de ataques desagradables y judíos asesinados”: los diarios falsos de Hitler y la estafa del “hallazgo del siglo”

El 22 de abril de 1983, el semanario alemán Stern anunció que brindaría por entregas el contenido de unos cuadernos escritos de puño y letra por el dictador alemán donde se mostraba, entre otras cosas, preocupado por “la violencia” que algunos de sus hombres ejercían sobre los judíos. Pese a que los textos estaban avalados por tres expertos, resultaron ser una burda falsificación que fue descubierta a los pocos días

Guardar
Los falsos diarios secretos de Adolf Hitler
La publicación de los supuestos diarios de Hitler fue una de las fake news más escandalosas del siglo XX para blanquear la imagen del máximo responsable del Holocausto

Con el tono pomposo que parecía venir adherido a su prestigio, el experto internacional Hugh Trevor-Roper pronunció su dictamen frente a los cerca de doscientos periodistas y la decena de cámaras de televisión que poblaban la enorme sala donde había sido convocada la conferencia de prensa. “Ahora puedo decir con satisfacción que estos documentos son auténticos; que la historia sobre su paradero desde 1945 es cierta; y que la forma en la que se narran actualmente los hábitos de escritura y la personalidad de Hitler, e incluso quizás algunos de sus actos públicos, deben ser, en consecuencia, revisados”, dijo.

En la ciudad alemana de Hamburgo corría la tarde primaveral del 22 de abril de 1983 y junto a Trevor-Roper, sentados frente a los reporteros, estaban el periodista Gerd Heidemann y el redactor jefe de la revista Stern, Peter Koch, acompañados por otros dos expertos de nota, Eberhard Jäckel y Gerhard Weinberg, encargados con Trevor-Roper de revisar el explosivo material que se acababa de presentar al mundo: los diarios personales de Adolf Hitler.

Antes de que hablara el experto, los dos periodistas de Stern habían mostrado una serie de cuadernos de tapas negras, con el águila alemana lacrada sobre ellas, donde supuestamente el dictador alemán había volcado de puño y letra el relato de sus actividades cotidianas y sus reflexiones entre 1932 y 1945. Según los responsables de la publicación, esos diarios habían sido rescatados de un avión que se había estrellado en lo que después se convertiría en Alemania Oriental al final de la Segunda Guerra Mundial. Para hacerse de ellos y publicarlos, como comenzaría a hacerlo por entregas, Stern había pagado diez millones de marcos —la moneda alemana de la época—, lo que en la década de los ’80 equivalía a unos cuatro millones de dólares. Una verdadera fortuna.

Los falsos diarios secretos de Adolf Hitler
El anuncio de la publicación de los diarios tuvo un fuerte impacto internacional, no solo por la autenticación de los tres expertos sino también por el prestigio de la revista, que era entonces una de las de mayor circulación en Alemania Occidental

El buen dictador

El anuncio fue realmente impactante, pero la verdadera bomba noticiosa estalló después, cuando Trevor-Roper leyó algunos párrafos de los diarios que parecían demostrar que, personalmente, Hitler no había promovido nunca la persecución y el asesinato en masa de los judíos, ni en Alemania ni en los territorios ocupados por los nazis, sino que, por el contrario, estaba preocupado por su suerte. “Las medidas iniciadas desde el primer día en contra de las instituciones judías son demasiado violentas para mí. He advertido inmediatamente a los hombres responsables. Algunos también tuvieron que ser expulsados del partido”, leyó el experto de uno de los cuadernos. En otra parte, Hitler supuestamente había escrito: “Me han informado de desagradables ataques por parte de algunos uniformados, y en algunos lugares también de judíos asesinados y suicidios de judíos. ¿Se ha vuelto loca esta gente? ¿Qué dirán los otros países al respecto?”.

Por cosas como esa, para Trevor-Roper, algunos de los actos adjudicados al dictador alemán debían ser mirados desde otra óptica. El anuncio tuvo un fuerte impacto internacional. No sólo por la autenticación de los tres expertos sino también por el prestigio de la propia revista. En la década de los 80, Stern era una de las revistas de mayor circulación en Alemania Occidental y su credibilidad quedaba fuera de duda. Por eso, los principales medios de Europa y los Estados Unidos quisieron comprar los derechos para publicar los “diarios de Hitler”. En la lista estaban, entre otros, las revistas estadounidenses Time y Newsweek, el diario británico The Sunday Times, el semanario francés Paris Match, y los diarios españoles Tiempo y El País.

Pero la primicia era de Stern y tres días después de la conferencia de prensa de Hamburgo la revista salió a la calle con una foto de los diarios en su portada y el título: “Hitlers Tagebücher entdeck” (en español: “Se descubren los diarios de Hitler”). Los textos que la revista empezaba a publicar a cuentagotas parecían destinados a cambiar la historia del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial, pero pocos días después quedó en evidencia que el supuesto “hallazgo del siglo” era un burdo engaño.

El viernes 6 de mayo de 1983, un ejército de vehículos contratados por las autoridades de Stern recorrieron todos los kioscos de diario del país para retirar el ejemplar de esa semana, un número que había vendido más que ninguno en los 35 años de existencia del medio. Fue el final de una de las fake news más escandalosas del siglo XX, que consistió no solo en una estafa periodística sino también en un intento de manipular la historia para blanquear la imagen del máximo responsable del Holocausto.

Konrad Kujau, quien supuestamente había encontrado los cuadernos, era un ilustrador que decía dedicarse a rastrear todo tipo de objetos relacionados con la Segunda Guerra Mundial, pero en realidad era un falsificador en serie
Konrad Kujau, quien supuestamente había encontrado los cuadernos, era un ilustrador que decía dedicarse a rastrear todo tipo de objetos relacionados con la Segunda Guerra Mundial, pero en realidad era un falsificador en serie

Historia de una estafa

La mayor víctima del engaño fue la propia revista, que estuvo a punto de perder su credibilidad para siempre. Stern llevaba casi tres años trabajando en el tema. Todo había comenzado en 1980 cuando el periodista de su staff, Gerd Heidemann entró en contacto con Konrad Kujau, un ilustrador que también se dedicaba a rastrear todo tipo de objetos relacionados con la Segunda Guerra Mundial para venderlos en el mercado de antigüedades o entre nostálgicos del Tercer Reich.

En realidad, Kujau era un falsificador en serie porque casi todos esos objetos eran obra de sus propias manos. Si Heidemann lo supo o no desde un principio es algo que nunca se pudo establecer con certeza. Lo que les contó a los directivos de Stern fue que tenía noticias de la existencia de un coleccionista que había vendido a otro un supuesto “diario personal” de Hitler. El coleccionista no era otro que Kujau, que en el primer encuentro le aseguró que había varios tomos de esos diarios que estaban en poder de un oficial del Ejército de Alemania Oriental, que ofrecía vendérselos pero que costaban mucho dinero.

Esos diarios escritos de puño y letra por el führer, según el relato de Kujau, eran parte de una colección de documentos recuperados de entre los restos de un accidente aéreo en Börnersdorf, cerca de Dresde, sucedido en abril de 1945, donde se había estrellado un avión de transporte de la Luftwaffe que trasladaba documentos reservados del régimen nazi en los últimos días del conflicto.

Con esa historia, Heidemann logró que los directivos de Stern financiaran la compra de los diarios, que iban llegando a cuentagotas a través del muro. Todo se hizo en el más riguroso de los secretos, hasta que se decidió validarlos y publicarlos. Para entonces la revista había desembolsado, a través de su reportero Heidemann, alrededor de diez millones de marcos para que el coleccionista obtuviera los cuadernos. Lo que nunca imaginaron es que el periodista se quedaba con un porcentaje del dinero como parte de su acuerdo personal con Kujau.

Los falsos diarios secretos de Adolf Hitler
Stern había pagado por los supuestos diarios diez millones de marcos —la moneda alemana de la época—, lo que en la década de los ‘80 equivalía a unos cuatro millones de dólares

Una mala falsificación

Apenas anunciada la existencia de los supuestos diarios de Hitler, comenzaron las dudas sobre su autenticidad porque, más allá de que era difícil poner en duda la credibilidad de Stern y el prestigio de los expertos que los habían validado, el relato sobre el “hallazgo” no cerraba bien. Ante las dudas, la revista entregó tres de los cuadernos a los Archivos Federales de Alemania para que los analizaran sus especialistas en grafología y expertos sobre documentación de la época que supuestamente databan los textos.

Las conclusiones de los expertos oficiales fueron demoledoras: los cuadernos eran “totalmente falsos”, pero además eran producto de una falsificación muy burda. El contenido de los tres cuadernos examinados era una mezcla de los textos de algunos discursos de Hitler con supuestos hechos de su vida cotidiana, desde supuestos reproches que le hacía Eva Braun por sus flatulencias y la necesidad de cambiar su dieta hasta un embarazo histérico que había sufrido Eva. Por otra parte, los expertos no encontraron ninguna mención sobre la solución final ni la obsesión de Hitler por exterminar a judíos, gitanos y otras minorías, lo que era imposible.

Señalaron también que la letra se parecía a la de Hitler, pero no pasaba de un simple parecido, y que las firmas que insólitamente el führer ponía en sus cuadernos privados —no había necesidad alguna de que los firmara— era claramente falsa. La sola existencia de los diarios llamaba la atención. Era un hecho conocido que Hitler odiaba escribir a mano. Y había más: el papel sobre el cual estaban escritos los diarios no había empezado a fabricarse hasta 1946, cuando ya Hitler había muerto, y el falsificador había intentado disfrazar su antigüedad humedeciéndolo con té. La tinta tampoco era de la época.

No tardó en demostrarse que los cuadernos los había escrito el propio Kujau y que los iba entregando a cuentagotas no por la dificultad de contrabandearlos desde el otro lado del muro sino porque le llevaba su tiempo ir “fabricándolos”.

Los falsos diarios secretos de Adolf Hitler
Ante las dudas sobre la veracidad de los diarios, la revista entregó tres de ellos a los Archivos Federales de Alemania para que los analizaran sus especialistas en grafología y expertos sobre documentación de la época. Sus conclusiones fueron demoledoras: los cuadernos eran “totalmente falsos”

Un escándalo monumental

Stern debió retirar los ejemplares de la revista que quedaban en la calle y pedir públicamente disculpas. No era sólo que su credibilidad periodística se había derrumbado como un frágil castillo de naipes, sino que sus directivos corrían el riesgo de ser procesados por apología del nazismo, al publicar textos falsos que mostraban favorablemente a un Hitler contrario al de la verdad histórica. Las ventas del semanario alemán cayeron de manera estrepitosa.

Los dos editores jefes de Stern, Peter Koch y Felix Schmidt, fueron invitados amablemente a renunciar. Habían demostrado haber aceptado la autenticidad de los cuadernos con una ingenuidad asombrosa, sobre todo teniendo a mano el antecedente de otra falsificación famosa, la de los “diarios” de Benito Mussolini. Se los había “descubierto” ya dos veces, en 1957 y en 1967, para venderlos a editoriales interesadas en publicarlos. En las dos ocasiones, los editores habían tenido la precaución de hacerlos examinar por expertos, que rápidamente dictaminaron que se trataban de falsificaciones insostenibles.

Gerd Heidemann y Konrad Kujau fueron procesados y condenados a cuatro años y medio de cárcel por estafar a la revista y por falsificar los diarios. Fueron liberados a mediados de 1987. Una vez en la calle, el periodista se encontró sin un marco, porque tuvo devolver el dinero que había obtenido con la estafa; también debió buscarse otra ocupación, ya que no hubo un solo medio que quisiera contratarlo. En cuanto a Kujau, luego de salir de la cárcel encontró otro negocio rentable: copiar obras de pintores famosos y venderlas con su propia firma.

En 2023, cuando se cumplieron cuatro décadas del escándalo, el grupo de medios Bertelsmann, propietario de Stern y de los diarios falsificados de Adolf Hitler que la revista había comprado, decidió entregarlos al Archivo Nacional de Alemania. El grupo mediático también encargó al Instituto de Historia Contemporánea una investigación sobre la revista Stern para analizar el escándalo de los diarios y establecer “cómo y por qué fue posible que se publicaran las falsificaciones”.

Al recibir los cuadernos, el presidente del Archivo, Michael Hollman, recordó que fue allí donde se descubrió su falsedad y dijo: “Los diarios falsificados de Hitler están en buenas manos en los Archivos Federales como peculiares testimonios de la historia alemana contemporánea. Muestran un descarado intento de dar un barniz humano a los brutales crímenes del nacionalsocialismo”.

Últimas Noticias

Bettie Page, de maestra a ícono sexual de la década del 50: su flequillo como marca registrada, las fotos en Playboy y su triste final

La mujer que escandalizó al Senado de los EEUU, desapareció en la cima de su carrera para ocultarse tras un diagnóstico de esquizofrenia y un fervor místico que la borró del mapa

Bettie Page, de maestra a ícono sexual de la década del 50: su flequillo como marca registrada, las fotos en Playboy y su triste final

Veinte esposas silenciadas, un pueblo cómplice y la compra de niñas por 50 dólares: la caída del falso profeta polígamo

La docuserie de Netflix expone el entramado de manipulación y aislamiento impuesto por Samuel Bateman Short Creek

Veinte esposas silenciadas, un pueblo cómplice y la compra de niñas por 50 dólares: la caída del falso profeta polígamo

Un cohete en una granja, la obsesión por Marte y un reconocimiento póstumo: la vida de Goddard y cómo transformó la ciencia moderna

Desde el primer lanzamiento en Auburn hasta la inspiración en la ciencia ficción y el homenaje de la NASA, la trayectoria de este científico estadounidense marcó un antes y un después en la carrera espacial

Un cohete en una granja, la obsesión por Marte y un reconocimiento póstumo: la vida de Goddard y cómo transformó la ciencia moderna

Un sacerdote argentino en el Líbano asiste a refugiados de la guerra: “Cuando la gente se siente querida, empieza a recuperarse”

Desde una zona montañosa en las afueras de Beirut, Luis Montes sostiene una red de asistencia para más de cien personas desplazadas por la guerra. Con recursos limitados, brinda refugio, alimento y contención a quienes huyeron de la violencia y no tienen a dónde ir

Un sacerdote argentino en el Líbano asiste a refugiados de la guerra: “Cuando la gente se siente querida, empieza a recuperarse”

La lucha de Emma, la niña cordobesa que convirtió un diagnóstico devastador en un camino de superación

A pesar de los pronósticos médicos iniciales por presentar trisomía 13 o síndrome de Patau, esta pequeña de 4 años superó cirugías y la sentencia que marcaba su condición: “No compatible con la vida”. Desafíos constantes, aprendizajes y una lucha que demuestra que es posible cambiar cualquier destino

La lucha de Emma, la niña cordobesa que convirtió un diagnóstico devastador en un camino de superación