
Andrew Gustafson llamó a su esposa durante toda la tarde del 1 de diciembre de 1987. El teléfono sonaba, pero nadie respondió.
Cuando llegó a su casa de Townsend, Massachusetts, al anochecer no había luces encendidas. Subió al dormitorio principal y encontró a Priscilla boca abajo sobre la cama, con dos balazos en la cabeza. Tenía 33 años y un embarazo avanzado. Andrew salió corriendo de la casa y llamó a la policía. En ese momento de conmoción se olvidó de sus otros hijos.
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“Tenía miedo de encontrarlos muertos”, declaró después.
Los encontró el agente George Aho. Abigail, de siete años, en la bañera del baño de abajo. William, de cinco, en la del piso de arriba. Ahogados. El cumpleaños número ocho de Abigail era la semana siguiente.
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La infancia de Daniel LaPlante: abuso, soledad y los primeros robos
Daniel LaPlante nació el 15 de mayo de 1970 en Townsend, Massachusetts, un pueblo pequeño en las afueras de Boston. Desde muy chico, quienes lo rodeaban lo describían como un niño extraño. Sus compañeros de escuela y vecinos lo retrataron al Boston Globe como antisocial y propenso a la violencia. “Nunca fue muy amigable. Nunca le gustaba ir a fiestas. Nunca hablaba mucho”, dijo el excompañero Patrick McGuigan a ese periódico en diciembre de 1987.

La propiedad familiar en la calle Elm era, según los registros del caso, un depósito de chatarra y autos abandonados. LaPlante asistía a la preparatoria St. Bernard’s en Fitchburg, donde docentes y alumnos lo catalogaban como un solitario sin vínculos reales con nadie. Un vecino contó que la única vez que lo veía era cuando se internaba solo en el bosque detrás de su casa.
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El entorno doméstico era igualmente caótico. LaPlante alegó en el juicio en su contra haber sufrido abuso sexual y psicológico por parte de su padre durante la infancia. Más tarde acusó también al psiquiatra que lo trató en la adolescencia de haberlo abusado sexualmente. Ese mismo profesional fue quien le diagnosticó un trastorno de hiperactividad.
A los 15 años, LaPlante ya tenía un historial de robos en su barrio. Entraba a casas durante las noches, sustraía joyas, dinero y objetos de valor, y salía sin dejar rastro . Con el tiempo, el robo dejó de ser el objetivo central. Empezó a mover objetos de lugar, a dejar señales de su presencia y a borrarlas antes de irse. No buscaba llevarse cosas. Buscaba que los ocupantes sintieran que algo no estaba bien, sin poder probarlo.
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Fue arrestado varias veces antes de cumplir 17 años. Cada detención era seguida de una liberación. El sistema de justicia juvenil lo procesaba y lo devolvía al mismo entorno, al mismo bosque y a las mismas casas de su barrio.

El episodio Bowen: semanas viviendo entre las paredes
Tina Bowen tenía 15 años cuando salió una vez con LaPlante durante las vacaciones de Semana Santa de 1986. Cuando regresó a la escuela, otros estudiantes le advirtieron que LaPlante enfrentaba cargos por violación. Ella cortó todo contacto. Su padre, Frank Bowen, creyó que el asunto había terminado. PEro no fue así.
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Durante varias semanas del otoño de 1986, LaPlante se introdujo en la casa de los Bowen en el número 93 de la calle Lawrence, en Pepperell. Encontró un hueco en las paredes de apenas 15 centímetros de ancho y desde allí comenzó a operar. Observaba, escuchaba y esperaba.
Las hijas de Frank (Tina y su hermana Karen) le decían a su padre que los canales de televisión cambiaban solos, que la leche desaparecía, que los objetos aparecían en lugares distintos. Frank lo descartaba. Pensaba que las chicas se hacían bromas entre sí. Quizás, razonaba, veían demasiadas películas de terror.
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LaPlante había visto a Tina y a Karen intentar contactar a su madre fallecida a través de una tabla ouija. Usó esa información con precisión. Empezó a hacerse pasar por un fantasma. Escribió mensajes en las paredes con mayonesa y ketchup: “cásate conmigo”, “estoy en tu cuarto, ven a buscarme”. Vació botellas de alcohol sin beberlas. El objetivo no era robar. Era demostrar que podía estar en todas partes y en ninguna al mismo tiempo.
La escalada fue gradual y calculada. Primero los objetos. Luego los mensajes.Después el cuchillo clavado sobre una foto familiar con la inscripción: “Todavía estoy aquí. Encuéntrame”.
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El 8 de diciembre de 1986, las chicas regresaron a casa acompañadas de su amiga Kathleen Knapp y encontraron el inodoro usado. Frank Bowen registró la vivienda habitación por habitación. En un armario encontró a LaPlante. Tenía la cara pintada, una máscara de ninja, un hacha en una mano y una llave inglesa en la otra. LaPlante no gritó ni corrió. Con calma, metió a toda la familia en un dormitorio.
Tina Bowen salvó la situación. Aprovechó un momento de distracción, trepó por una ventana y corrió a pedir ayuda a un vecino. Cuando la policía llegó, LaPlante había desaparecido dentro de la casa.
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Dos días después, el 10 de diciembre, Frank Bowen volvió a la propiedad a buscar pertenencias y vio una silueta en la ventana. El oficial Steven Bezanson respondió al llamado y abrió la puerta principal. Lo que encontró adentro lo detuvo en seco.

“Cuando abrí la puerta, en la pared de la derecha vi un cuchillo clavado. Y vi que atravesaba una foto, una foto familiar, con un mensaje escrito en marcador: “Aún estoy aquí. Ven a buscarme”. Se me pusieron los pelos de punta”, relató Bezanson al teniente retirado Thomas Lane.
En otra pared había una segunda foto con otro cuchillo y otro mensaje: “Voy a matarlos a todos.”
El jefe David Young y el sargento Jim Scott se unieron al registro. Rastrearon ruidos hasta el baño y determinaron que LaPlante estaba escondido detrás de una pared. Bezanson sacó su arma.
LaPlante fue arrestado. La inspección del sótano reveló que había estado viviendo allí durante semanas. Era un espacio triangular en un rincón, delimitado por dos lados por los cimientos de concreto y una pared interior. Había rastros de ocupación prolongada.
Fue enviado a un centro de detención juvenil. En octubre de 1987, su madre Eleanor Moore hipotecó la casa familiar para pagar los USD 10.000 de fianza. Daniel LaPlante quedó en libertad mientras esperaba juicio. Dos meses después, mató a tres personas.

Los crímenes del 1 de diciembre
Mientras esperaba el juicio, LaPlante continuó robando durante el día. El 14 de octubre de 1987 sustrajo dos armas calibre .22 de la casa de su vecino Raymond Pindell. El 16 de noviembre, irrumpió por primera vez en el hogar de los Gustafson. Andrew, su esposa Priscilla embarazada y sus dos hijos, Abigail de siete años y William de cinco. La familia había llegado a Townsend cinco años antes. LaPlante se llevó un teléfono inalámbrico, un decodificador de cable y otros objetos. Nadie estaba en casa.
El 1 de diciembre de 1987, LaPlante cruzó a pie el bosque que separaba su propiedad de la de los Gustafson, con una de las pistolas calibre .22 robadas a Pindell. Según declaró después a los investigadores, esperaba encontrar la casa vacía. Entró de todas formas.
Priscilla había recogido a William de la niñera alrededor de la 1 de la tarde y regresado a casa. Cuando encontró a LaPlante adentro, él consideró brevemente saltar por una ventana y huir. Pero se quedó.
Llevó a Priscilla y a William al dormitorio principal. Encerró al niño en el placard. Ató a Priscilla a la cama con ligaduras improvisadas y le tapó la boca con uno de sus medias. La violó. Luego le disparó dos veces en la cabeza.
Tomó a William del placard y lo ahogó en la bañera del piso de arriba.
Cuando se disponía a salir, Abigail llegó del colegio en el micro escolar. LaPlante la llevó al baño de la planta baja. El informe forense registró que Abigail presentaba, además del ahogamiento, traumatismo por golpe en la cabeza. El agente Aho, que encontró los cuerpos, declaró en la Justicia. “Mi sensación en ese momento fue que ella había luchado por mantenerse con vida.”
Andrew Gustafson llamó a su casa durante toda la tarde. Nadie contestó. Llegó alrededor de las 5:30 de la tarde, encontró a Priscilla en el dormitorio y salió corriendo. Llamó a la policía. Mientras tanto, esa noche, LaPlante fue al cumpleaños de su sobrina.

La cacería y el arresto en un contenedor de basura
El teniente Lane formaba parte del operativo de búsqueda cuando, al día siguiente, una vecina llamada Lynne McGovern le pidió que la acompañara a entrar a su casa en la calle Jewett.
Tenía razón. LaPlante estaba adentro. Saltó por una ventana y huyó hacia el bosque. Más tarde apareció en la calle Elm y obligó a una vecina, Pam Makela, a subir a su auto. Makela saltó del vehículo en movimiento y escapó.
Esa misma noche, el 3 de diciembre de 1987, los agentes encontraron a Daniel LaPlante escondido dentro de un contenedor de basura. Tenía 17 años.
La camisa y los guantes que usó para ahogar a los niños aparecieron en el bosque detrás de la casa de los Gustafson, todavía húmedos.
El juicio y las tres cadenas perpetuas
En octubre de 1988, LaPlante fue juzgado por los asesinatos. El jurado lo declaró culpable de los tres homicidios. Fue condenado a tres cadenas perpetuas consecutivas.
En 2017, LaPlante compareció ante un juez del Tribunal Superior para solicitar una reducción del tiempo mínimo. En esa audiencia pronunció un discurso.
“Las palabras no pueden capturar completamente lo que hice. Asesiné a tres personas inocentes. Por mi culpa, un niño de cinco años nunca cumplió seis. Una niña de siete años nunca cumplió ocho. Por mi culpa, una mujer nunca pudo dar a luz a su tercer hijo. Le robé a un niño nonato su primer aliento”, dijo LaPlante ante el Tribunal.
El psiquiatra Fabian Saleh, que lo evaluó, dictaminó que LaPlante no mostraba empatía y continuaba minimizando sus conductas. El juez rechazó la solicitud, calificando los crímenes como “tres asesinatos distintos y brutales” y señalando que, pese a ciertos avances durante su encarcelamiento, LaPlante seguía presentando un trastorno de personalidad antisocial.
Daniel LaPlante permanece recluido en la Institución Correccional de Massachusetts en Norfolk. Su primera posibilidad de solicitar libertad condicional llegará recién en 2032.
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