
El escritor, periodista, historiador, apasionado militante de izquierda, perseguido por la Triple A y forzado al exilio Osvaldo Bayer publicó una columna en el diario Página/12 en diciembre de 2005 sobre Juan Jaime Cesio en la que decía: “El coronel argentino Juan Jaime Cesio fue descalificado por falta gravísima al honor con accesoria de pérdida del uso del grado, título y uniforme, por la dictadura militar de la desaparición de personas”.
“El héroe, en la Argentina, es el culpable. El dictador de manos manchadas de sangre es el juez”, explicó el autor de La Patagonia Rebelde.
Las palabras de Bayer sirven para introducir el nombre de Cesio, quien por oponerse al terrorismo de Estado de la dictadura de 1976 fue castigado. La drástica sanción castrense se fundamentó en que Cesio acompañó a las Madres de Plaza de Mayo en una de sus históricas marchas.
Asimismo, el militar declaró de manera abierta durante los años de plomo que diversas bandas integradas por militares habían usurpado el gobierno nacional con “el mendaz propósito de combatir a la subversión interna, cometieron delitos aberrantes, tales como el secuestro, la tortura y el asesinato de miles de personas”.
Por denunciar públicamente la desaparición sistemática de ciudadanos, el aparato represivo estatal le inició un severo sumario interno bajo la repudiable figura de “deshonor e indecoro militar”.
Tras un viciado proceso disciplinario, el Superior Tribunal de Honor del Ejército le impuso, el 7 de noviembre de 1983, la máxima sanción de la fuerza. la más grave de las sanciones previstas: la descalificación por falta gravísima al honor, con la accesoria de pérdida y privación de su grado, título y uniforme. Esa condena de por vida fue ratificada mediante el decreto 3146 del 30 de noviembre de aquel mismo año, a escasos diez días de la asunción del gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Los tribunales castrenses de la época esgrimieron por escrito que el coronel privilegiaba equivocadamente su condición de ciudadano por sobre su condición militar.

Sin embargo, la implacable persecución contra ese oficial de la Nación había comenzado mucho antes de la instauración de la dictadura. Durante el año 1973, Cesio se desempeñaba como secretario general del Ejército Argentino bajo el mando directo del Comandante en Jefe del Ejército general Jorge Raúl Carcagno.
Fue precisamente en esa gestión castrense cuando el general Carcagno denunció ante la décima Conferencia de los Ejércitos Americanos los peligrosos postulados de la Doctrina de la Seguridad Nacional, orientada exclusivamente a la represión interna.
Por su impecable foja de servicios, Cesio fue propuesto formalmente por la Junta Superior de Calificaciones para su ascenso al generalato en los años 1973 y 1974. No obstante, durante el último gobierno de Juan Domingo Perón, su carrera militar sufrió un freno definitivo.
El entonces ministro de Bienestar Social y monje negro del gobierno, José López Rega, bloqueó de manera personal su ascenso en las respectivas comisiones del Congreso de la Nación. El falso argumento utilizado burocráticamente para trabar su promoción consistió en acusarlo de ser un comunista que había participado activamente en las revueltas del Mayo francés de 1968, a pesar de que los registros migratorios marcaban que Cesio recién había visitado París a partir del año 1971.

Ante estas presiones gubernamentales, el oficial fue pasado a retiro obligatorio en 1975. Posteriormente, la dictadura de facto se encargó de promover a los oficiales que habían sido postergados junto a él.
Tras ser apartado injustamente de las filas castrenses y despojado de su rango, Juan Jaime Cesio tuvo que rearmar su vida en el ámbito civil. Trabajó profesionalmente como gerente de seguridad de la empresa estatal YPF, y se desempeñó como estrecho asesor en temas vinculados a la defensa nacional junto al histórico dirigente Oscar Alende. Asimismo, el ex uniformado encontró ocupación prestando servicios como corrector de estilo literario en varias publicaciones de la época. En ese contexto, llegó a redactar e imprimir un libro de su autoría titulado “La cocina del cuartel”. Sobre esa obra en particular, el propio militar detalló años más tarde que contenía amables tintes de humor y un capítulo entero dedicado a describir para qué sirven verdaderamente los militares en una sociedad moderna, logrando vender alrededor de mil ejemplares. En paralelo a esto, fundó el Centro de Militares por la Democracia (CEMIDA) de forma conjunta con su compañero de armas, el coronel Horacio Ballester.
Durante los años posteriores al restablecimiento del orden constitucional en el país, los sucesivos gobiernos ignoraron por completo su situación legal. Las gestiones presidenciales, los ministros de Defensa de turno y los legisladores nacionales mandaron archivar sistemáticamente en los despachos ministeriales los diversos pedidos de revisión de su expediente.

Cesio llegó a enviarle una misiva formal al ex presidente Carlos Menem, quien jamás le brindó una respuesta institucional. Ante esa inacción deliberada por parte del Estado, el militar se encargó de mantener vivo su justo reclamo de manera inclaudicable.
El propio oficial narró ante la prensa nacional que, cada vez que se producía un recambio de autoridades en las cúpulas militares, se presentaba pacientemente portando una nueva nota escrita mediante la cual solicitaba que por fin se hiciera estricta justicia con su caso.
El 23 de marzo de 2006 se produjo el acto oficial que finalmente dispuso la restitución definitiva de su grado militar. Las complejas gestiones que culminaron de manera exitosa en esa medida reparatoria comenzaron a fines de 2005. El proceso burocrático tomó un impulso notorio luego de que la entonces ministra de Defensa de la Nación, Nilda Garré, invitara de manera oficial al coronel a participar del cóctel de fin de año de su ministerio.
El largo y tedioso proceso administrativo encontró su resolución el 3 de marzo de 2006, cuando el jefe del Estado Mayor General del Ejército, general Roberto Bendini, firmó la disposición que dejó sin efecto la sanción y levantó la prohibición del uso del uniforme. La disposición fue avalada y ratificada por Garré el 6 de marzo de aquel mismo año.
Al ser debidamente notificado de la restitución de sus laureles, el militar expresó públicamente sus profundas sensaciones frente a los medios de comunicación. “Estoy realmente abrumado porque, después de tanto tiempo, no lo esperaba. Es absolutamente emotivo”, confesó el oficial ante la prensa, mostrándose visiblemente conmovido por la situación.
Con innegable franqueza, el protagonista de la jornada dimensionó el peso de todo el tiempo transcurrido en el ostracismo burocrático, afirmando: “He tenido que esperar treinta años para que se hiciera esto”. Asimismo, a lo largo de aquel día, Cesio no dudó en calificar a la infamante sanción impuesta originalmente por la dictadura como una lisa y llana “estúpida medida” en su contra, destacando que siempre aguardó el momento idóneo en el que se hiciera estricta justicia. Para la ceremonia de desagravio institucional, la dependencia oficial de sastrería del Ejército le confeccionó un uniforme reglamentario nuevo a su exacta medida, prenda que le fue obsequiada de manera personal por el propio general Bendini. “Ayer me mandaron de la sastrería militar mi uniforme y me lo volveré a poner esta tarde”, relató con indisimulable y justo orgullo el coronel.

El acto reparatorio impulsado por el Poder Ejecutivo Nacional se llevó a cabo el jueves 23 de marzo de 2006, exactamente a las 18, en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Ese día estuvieron allí funcionarios gubernamentales, legisladores, organismos defensores de los derechos humanos, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. El entonces presidente de la Nación, Néstor Kirchner, pronunció un discurso dotado de una trascendental carga histórica.
Durante esa ceremonia, el Estado argentino no solo restituyó íntegramente los honores militares a Juan Jaime Cesio, sino que el presidente de la República anunció formalmente el envío al Senado de la Nación del pliego correspondiente para concretar su postergado ascenso extraordinario al grado de general de brigada. En ese mismo marco institucional, también se procedió a oficializar el ascenso post mortem del coronel Martín Rico, un uniformado que había sido asesinado por la organización terrorista Triple A en marzo de 1975, luego de investigar y señalar de forma explícita a José López Rega como el máximo responsable de dicha estructura criminal amparada desde el poder.
Aquel día Kirchner aseguró que se estaba llevando adelante un acontecimiento fundamental que superaba ampliamente las barreras de un simple trámite administrativo. “Estamos produciendo un acto que la democracia, el Gobierno y el pueblo se debían a sí mismos”, afirmó Kirchner . Luego señaló: “Sin rencor, con memoria, estamos haciendo un acto de la más estricta y pura justicia”. El presidente argumentó que resultaba completamente imperioso dejar atrás los eufemismos del pasado y comenzar a poner decididamente las cosas de la historia en su justo lugar.
Kirchner recordó que a Cesio se le había reprochado burocráticamente el imperdonable hecho de haber privilegiado su condición de ciudadano por sobre su condición de militar. Ante esta evidente aberración jurídica y moral, Kirchner cuestionó la falsa premisa corporativa que insinuaba que ser un integrante activo de la milicia significaba abandonar obligatoriamente la calidad ciudadana, sosteniendo que la recuperación y el resguardo de la ciudadanía resulta siempre un aspecto absolutamente fundamental en la vida democrática de cualquier nación.
En directa referencia al sentido de la restitución gubernamental en curso, el jefe de Estado pronunció palabras sumamente contundentes: “Debemos hacer esto para que en la Argentina no pueda ya decirse que el héroe es condenado y el dictador con las manos manchadas de sangre resulta juez”.
El ex presidente miró al militar y le dijo: “Querido coronel Cesio, futuro general de la Nación, muchos de los de mi generación que hoy estamos y de los que no están, que en muchas cosas pensábamos igual, siempre, desde hace más de treinta años, pudimos conocer su honorabilidad, su amor a la democracia, su amor a la verdad, el concepto y la filosofía que quería de las instituciones armadas y de su querido Ejército, al cual entregó su vida, su pasión por esta Argentina”.
Hacia la conclusión definitiva del histórico acto en la sede del gobierno nacional, el máximo mandatario aprovechó el enorme peso de la ocasión para pedir sinceras disculpas en representación del Estado. Kirchner remarcó ante los presentes que, después de tantas horas infortunadas y dolorosas que el militar debió atravesar en abrumadora soledad, las instituciones de la República trataban finalmente de devolverlo al lugar de prestigio que en las páginas de la historia de la Patria le correspondía detentar. Asimismo, subrayó a viva voz que las fuerzas armadas nacionales se prestigiarían de manera indiscutible ante el mundo entero al lograr contar nuevamente en sus filas con la inobjetable presencia de generales honorables como Juan Jaime Cesio y Martín Rico. El presidente argentino indicó que la emotiva ceremonia encerraba para el seno de la sociedad civil la imprescindible noticia de que los argentinos no habían perdido de modo definitivo la elemental capacidad humana de distinguir de manera nítida entre el bien y el mal, como así tampoco de diferenciar claramente entre lo que es honorable y lo que representa una deshonra.
Para concluir la jornada de reparación, Kirchner formuló un llamado inclaudicable a destruir para siempre los oscuros códigos del silencio corporativo instaurados en el ámbito castrense, asegurando que únicamente con verdad, con memoria activa y con castigo a los culpables se lograrían echar las bases sólidas para construir un país mucho más justo y equitativo. Cesio fue ascendido a general de brigada un mes más tarde de la ceremonia. Cesio murió el 23 de diciembre de 2017 a los 91 años. Murió con el grado militar que le correspondía.
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