
El saldo que Shirley Temple encontró en su cuenta de fideicomiso al convertirse en adulta distaba mucho de los millones que generó en su infancia. Según sus propias palabras, “de los 3.200.000 de dólares que había ganado con todo —ventas de muñecas, libros, ropa y demás—, solo quedaban 44.000 dólares en el fideicomiso”. Esa revelación llegó décadas después de su salto a la fama, cuando ya se desempeñaba como diplomática de Estados Unidos (fue embajadora en varios países) y recordaba su etapa de niña cuando fue la estrella más rentable de Hollywood.
En diciembre de 1933, la situación de Fox Studios no podía ser más precaria. Fundada en 1915 por William Fox, la compañía había prosperado durante la era del cine mudo, pero la llegada de la Gran Depresión la dejó al borde de la bancarrota: las pérdidas se acumulaban, las deudas eran millonarias y el valor de sus acciones se desplomó. A ese escenario crítico llegó una niña de cinco años, de cabello rubio y enrulado, cuya aparición resultaría decisiva.

El primer contacto de Shirley Temple con el espectáculo ocurrió cuando apenas tenía dos años y medio, debido al desbordante nivel de energía que no le permitía tomar la siesta. Su madre, en busca de una solución, la inscribió en una escuela de danza del barrio, a menos de tres kilómetros de su casa. Ahí, la pequeña aprendió a bailar rumba y tango, hasta que fue descubierta por el director Charles Lamont. Aquel encuentro le abrió las puertas para participar en una serie de cortos cómicos denominados Baby Burlesks.
En el rodaje de esos cortos, Temple recordó que el productor no era un gran productor y que era muy tacaño, ya que el estudio se encontraba en una zona de Hollywood conocida como “Poverty Row”. La remuneración era de diez dólares por día de grabación, mientras que los ensayos no se pagaban. Los padres de los niños actores no podían estar presentes en el set de filmación, por lo que la madre de Shirley se encargaba de coser el vestuario, ayudarle con la actuación y peinarla cada noche con sus característicos rulos.

El ambiente de trabajo imponía una disciplina estricta. Temple relató que existían dos cajas de sonido en el set. Una de ellas contenía un gran bloque de hielo y, cuando alguno de los niños se portaba mal, era enviado uno por uno a la caja negra para tranquilizarse y reflexionar sobre su comportamiento, en la oscuridad y con la puerta cerrada. La actriz recordó: “Tuve muchas infecciones de oído, muchos orzuelos, muchos problemas por eso. Estuve allí dentro bastantes veces”.
Los cortometrajes de Baby Burlesks parodiaban películas para adultos. Temple interpretó personajes como Morelegs Sweet Trick, inspirado en Marlene Dietrich. En uno de ellos, War Babies, Temple, con tres años, llevaba una blusa de hombros descubiertos y un pañal, bailando para otros niños disfrazados de soldados que se peleaban por ella y le ofrecían caramelos. En Polly Tix in Washington, interpretaba a una “acompañante” enviada a seducir a un senador. En la primera escena, Temple aparecía usando corpiño y limándose las uñas y, más adelante, entraba en la oficina del senador cubierta de collares de perlas y decía: “Mi nombre es Polly Tix. He venido a entretenerlo”. Temple escribió en su autobiografía llamada Child Star que esos cortos eran “una explotación cínica de nuestra inocencia infantil” y que también “en ocasiones eran racistas o sexistas”.

Después, Temple obtuvo pequeños papeles con el productor Jack Hays. Cuando Hays quebró, el padre de Shirley logró recuperar el contrato de su hija. Poco tiempo después, mientras Shirley bailaba en el vestíbulo de un edificio, fue vista por un compositor de Fox que la invitó a una audición para la película Stand Up and Cheer!. Su participación fue breve, pero le permitió compartir una secuencia de baile con James Dunn. Como no hubo tiempo para ensayar una nueva coreografía, Temple enseñó a Dunn un baile que ya conocía de un corto anterior.
Por ese trabajo, Temple recibió dos semanas de salario. Tras el rodaje, Fox Studios le ofreció un contrato anual de 150 dólares semanales, con posibilidad de extenderlo hasta siete años. Su madre fue incorporada a la nómina para acompañarla siempre al trabajo. El contrato se firmó el 21 de diciembre de 1933.

El siguiente gran proyecto fue Baby, Take a Bow, estrenado en abril de 1934. Además de sus papeles principales, Temple fue cedida a otros estudios, lo que generó importantes ingresos para Fox, superiores al propio salario de la actriz. Ese mismo año, Temple protagonizó Bright Eyes, una película escrita especialmente para ella y para James Dunn. Incluía la canción On the Good Ship Lollipop, que se convirtió en su marca registrada.
Por entonces, Fox Studios seguía atravesando una situación financiera delicada. Tras el desplome bursátil de 1929, la compañía se fusionó en 1934 con 20th Century Pictures para formar 20th Century Fox. El ejecutivo Winfield Sheehan expresó: “No compraron el estudio Fox, compraron a Shirley Temple”.

El primer año de Temple bajo contrato fue de enorme actividad: participó en diez películas. En los premios Oscar de 1935, Temple recibió el primer Premio Juvenil de la Academia, convirtiéndose en la persona más joven en obtener ese galardón. Su popularidad representó un éxito de recaudación en una época en la que el público estadounidense buscaba optimismo en medio de la crisis económica.
El entonces presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt destacó el valor social de Temple: “Durante esta Depresión, cuando el ánimo del pueblo está más bajo que nunca, es algo espléndido que por solo 15 centavos de dólar un estadounidense pueda ir al cine y mirar la cara sonriente de una niña, y olvidar sus problemas”.

A medida que aumentaba la recaudación de las películas, el salario de Temple también crecía, hasta convertirla en la estrella mejor pagada de Hollywood antes de cumplir los diez años. El ritmo de trabajo era intenso, pero Temple recordó en entrevistas que mantenía recuerdos agradables de ese período. Tras la firma del contrato con Fox, su madre la acompañó siempre en los rodajes, lo que marcó una diferencia respecto de la situación de otros niños actores de la época.
Temple dedicó su autobiografía a su madre, resaltando esa cercanía. No todos los niños prodigio tuvieron la misma suerte. En 1939, el estado de California aprobó la California Child Actor’s Bill, conocida como la Ley Coogan debido al caso de Jackie Coogan, un niño actor de los años 20 que, al llegar a la adultez, descubrió que su fortuna había sido gastada por su madre y su padrastro. Coogan demandó a su familia en 1938, y la ley estableció condiciones laborales y la obligación de reservar el quince por ciento de los ingresos de los menores en una cuenta especial.

El caso de Temple fue diferente, aunque tampoco estuvo exento de dificultades. Su padre, que tenía experiencia bancaria, asumió la gestión de sus finanzas. Sin embargo, Temple reveló que a los 22 años sus millones se habían reducido a unos miles de dólares. La propia actriz explicó que gran parte de su fortuna se perdió en inversiones y gastos familiares.
Las películas de Temple tampoco escaparon a la controversia con el paso de los años. La actriz relató que, aunque fue la primera en bailar en la pantalla junto a Bill “Bojangles” Robinson, muchas de las escenas en las que ambos se tocaban eran eliminadas por la censura. La relación profesional entre Temple y Robinson también fue pionera en cuanto a la integración racial en el cine estadounidense.
El ambiente de trabajo fuera del set podía ser difícil para los niños actores. Temple, ya adulta, narró en sus memorias que sufrió episodios de acoso desde los 12 años. Mencionó que, al grabar una película, un productor intentó besarla de forma inapropiada, algo que la marcó y que relató de manera directa en su autobiografía.

La carrera cinematográfica de Temple concluyó a los 22 años, tras el estreno de A Kiss for Corliss en 1949. Su vida profesional continuó lejos de Hollywood. Se desempeñó como embajadora de Estados Unidos en Ghana y posteriormente en Checoslovaquia. Temple afirmó que el trabajo diplomático fue “el mejor empleo de toda mi vida”.
En una entrevista televisiva, le preguntaron si estaba cansada de escuchar la canción On the Good Ship Lollipop. Temple respondió: “No, me ha llevado muy lejos”.

Alejada de los sets de filmación desde 1949 el 10 de febrero de 2014, hace 12 años, Shirley Temple murió en su casa de California por causas naturales, rodeada de sus seres queridos y amigos. “La saludamos por una vida de destacados logros como actriz, como diplomática y, más importante, como una querida madre, abuela y adorada esposa durante 55 años del fallecido y extrañado Charles Alden Black”, decía el comunicado de su publicista que se difundió en su momento. Tenía 85 años.
La historia de Shirley Temple representa el caso de una niña que ayudó a salvar un estudio de cine en crisis. Su presencia en pantalla, la disciplina impuesta desde pequeña y la popularidad alcanzada durante los años de la Gran Depresión, marcaron un capítulo central para la industria cinematográfica estadounidense. Los datos y testimonios de Temple permiten comprender cómo una figura infantil se convirtió en un símbolo de optimismo en tiempos de dificultad y en el motor fundamental para la recuperación de un gigante de Hollywood.
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