
La aparición de Jackie Coogan en la industria del cine marcó un antes y un después en la historia de Hollywood, transformando la figura del actor infantil y abriendo camino a una serie de acontecimientos y legislaciones que afectarían a generaciones de niños artistas.
Su descubrimiento se remonta a un momento fortuito, cuando Charles Chaplin asistió a un espectáculo de variedades en 1919 buscando distraerse de sus problemas personales. El pequeño hijo de uno de los artistas, que en ese momento tenía cuatro años, cautivó a la audiencia bailando con carisma y energía. Chaplin, impresionado por su desempeño, se acercó a los padres del niño en los camarines y afirmó: “Su hijo será una estrella”, según dijo el propio Chaplin en sus memorias.

No pasó mucho tiempo hasta que esta profecía se cumplió. Chaplin seleccionó a Jackie Coogan para protagonizar su primer largometraje como director, El Pibe (The Kid). Estrenada en 1921, la película no solo consolidó la fama de Chaplin como genio cómico y director, sino que también catapultó a Coogan a la cima de la popularidad infantil. A los 7 años, había pasado a ser uno de los actores mejor pagados de Hollywood y el centro de atención de la industria.
Los orígenes de Coogan estaban fuertemente ligados al espectáculo, pues sus padres formaban parte del mundo de las variedades. Había nacido el 26 de octubre de 1914, hace 111 años, en Los Ángeles. Desde los 18 meses pisaba escenarios y su ascenso fue meteórico gracias a la película de Chaplin. El salario inicial fue de 75 dólares por semana (cifra de la época), a lo que Chaplin sumó un bono de 5.000 dólares al estrenarse El Pibe. Muy pronto, Coogan logró cobrar 1.000 dólares semanales, y el éxito impulsó sus ganancias hasta niveles sin precedentes: fue el primer niño actor en firmar un contrato que superaba el millón de dólares y además recibía entre el 30% y el 60% de los beneficios de cada film en el que participaba.

Durante una gira de promoción en Nueva York, se vio obligado a suspender una conferencia de prensa por fiebre. Posteriormente recordó: “Era tan famoso que por una gripe que desplacé al presidente del país de la tapa de los diarios”. El mismo Babe Ruth, icono del béisbol norteamericano, manifestó su deseo de conocer a Coogan, invirtiendo el anhelo típico de los jóvenes de aquel tiempo.
La fama de Jackie Coogan lo llevó a viajar constantemente por los Estados Unidos y Europa, siendo aclamado por multitudes, recibiendo llaves de ciudades y saludando a la gente desde balcones de hoteles. Alcanzó tal notoriedad que a los 7 años regaló una mansión a su familia en uno de los barrios más exclusivos de Los Ángeles. Inauguró su pileta junto a Duke Kahanamoku, nadador hawaiano y varias veces medallista olímpico quien le enseñaba a nadar. No se limitó solo al cine: fue el primero en incursionar en la publicidad y en tener un primitivo merchandising.

Su influencia incluso afectó tendencias infantiles, pues el particular corte de cabello que lucía en pantalla desencadenó la moda entre niños estadounidenses y de otros países. Este detalle quedó simbolizado en la película Johnny Get Your Hair Cut, donde en una escena se le cortó el pelo frente a las cámaras, lo que provocó conmoción entre sus admiradores.
El apogeo no estuvo exento de tragedias. En 1935, sufrió un accidente automovilístico cuando regresaba de cazar palomas en México junto a su padre, Junior Durkin (otro joven actor), y dos amigos. Solo Coogan sobrevivió; todos los demás ocupantes del vehículo murieron. Aquel hecho lo marcó para siempre. Con su padre fallecido, Coogan aguardó alcanzar la mayoría de edad para reclamar la fortuna generada durante su carrera.

La administración de esos más de 4 millones de dólares había quedado a cargo de su madre y su nuevo esposo, quien además era el exabogado de Coogan. Durante todo ese tiempo, Jackie recibía solo 6 dólares con 25 centavos por semana para sus gastos personales.
Al intentar acceder a su propio patrimonio, encontró una negativa rotunda. La madre, en una conferencia de prensa, argumentó: “Para Jackie era como un juego, se divertía ante la cámara; nunca lo vivió como un trabajo. Además, nunca nadie dijo que la plata sería para él. No tiene nada que reclamar”. Por su parte, el padrastro añadió: “La ley está de nuestro lado. Por lo tanto, Jackie Coogan no va a recibir ni un centavo de lo que ganó en el pasado”.

El enfrentamiento legal obligó a la intervención judicial. Tras una serie de audiencias, el juez falló parcialmente a favor de Coogan, otorgándole solo 125.000 dólares, una suma irrisoria comparada con su ganancia original. El caso atrajo la atención pública e impulsó cambios legislativos. Así nació la también conocida como Ley Coogan, que obliga a los productores a depositar el 15% del valor del contrato de un niño actor en un fideicomiso hasta que alcance la mayoría de edad, además de establecer normativas sobre educación y horarios de trabajo infantil.

Tras la caída económica, Coogan intentó reconstruir su carrera. Se alistó en la Fuerza Aérea tras el ataque a Pearl Harbor, sirviendo en misiones en India y Birmania durante la Segunda Guerra Mundial. Fue condecorado al finalizar el conflicto. Sin embargo, en lo profesional, la magia de su infancia se desvaneció: lo que siguió fueron trabajos esporádicos y ganancias modestas. Coogan había quedado relegado al olvido.
Durante años, acumuló participaciones menores en teatro, cine y televisión, al punto de sumar más de 100 pequeños papeles cinematográficos y alrededor de 850 apariciones televisivas.

La oportunidad de un segundo coqueteo con la fama llegó recién en 1964, cuando consiguió el rol de Tío Lucas (Uncle Fester) en la serie Los Locos Addams. Su interpretación del excéntrico personaje, con cabeza afeitada y gestos particulares, lo puso de nuevo en la mirada del público, especialmente el infantil. La serie tuvo solo 64 capítulos, pero suficientes para transformar al personaje de Tío Lucas -como a otros- en inolvidables.
Cuentan que Coogan solía quedarse dormido durante las largas jornadas de filmación de la serie, pero al tocarle grabar, se despertaba, interpretaba su papel con precisión y luego volvía a dormir hasta el siguiente turno. Pese a que Los Locos Addams no se mantuvo mucho tiempo en el aire, otorgó a Coogan un rol perdurable y un puente hacia nuevas generaciones.

Durante toda su vida adulta, el actor mantuvo una relación tensa con los medios, protagonizó escándalos amorosos, cuatro matrimonios –el primero con la actriz Betty Grable–, y múltiples episodios de repercusión pública, como enfrentamientos judiciales y problemas con el alcohol. De los cuatro matrimonios tuvo igual cantidad de hijos, aunque ninguna relación fue duradera; los primeros tres concluyeron en divorcios precipitados.
Diana Serra Cary, mejor conocida como Baby Peggy, quien fuera contemporánea y ocasional rival artística en la era del cine mudo, escribió en 2004 una biografía titulada Jackie Coogan: The World’s Boy King. Baby Peggy conocía el drama infantil desde adentro: debutó a los dos años, consiguió contratos millonarios antes de convertirse siquiera en adolescente y, tras exigir su padre una mayor compensación para ella, fue sustituida y nunca más contratada en Hollywood.

La actriz devenida escritora relató algunos hechos concretos de la vida de Coogan, recabó datos, precisó fechas, revisó archivos, pero lo fundamental de la historia ya la conocía, la había vivido ella. Conocía en carne propia lo que significaba ser explotada, saltear etapas, soportar presiones desde muy pequeña, quedar en la ruina y ser olvidada. Un recorrido que compartió con su biografiado.
El 1 de marzo de 1984, Coogan falleció en Los Ángeles a los 69 años. Lejos había quedado aquel pibito que se había transformado en una de las principales estrellas de Hollywood.
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