En diciembre de 2009 una imagen circuló por todo el mundo. El entonces papa Benedicto XVI caminaba hacia el Altar Mayor de la Basílica de San Pedro para oficiar la Misa de Gallo durante la Nochebuena. El Papa encabezaba la procesión desde el pasillo principal de la basílica. Avanzaba a paso lento. Bendecía a los asistentes con su mano derecha. Se acercaba a saludar a algunos de los fieles que estaban a cada lado del camino que conducía hasta el altar.
Aquel paso cansino, ante la atenta mirada de la custodia vestida de civil de la Guardia Suiza, se vio interrumpido. Fue como una leve ráfaga. Alguien saltó una de las vallas y se tiró sobre el Papa. La custodia llegó a evitar el contacto directo pero la mujer alcanzó a tomarse de la vestimenta del Santo Padre y le provocó una caída. Cerca de Benedicto XVI estaba el cardenal francés Roger Etchegaray quien, en el intento de evitar la agresión, se cayó y se fracturó el fémur y la cadera. Al papa Benedicto no le sucedió nada a punto tal que ofició la misa tal como estaba previsto. Fue el 24 de diciembre de 2009, hace 16 años.
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La mujer que se abalanzó sobre el Papa no era una desconocida para el Sumo Pontífice. Su nombre era Sussana Maiolo y en diciembre de 2008 ya había intentado alcanzar a Benedicto XVI pero no lo había logrado. Aquella ocasión del ataque de 2009 no sería la última vez que se vieran las caras.

Maiolo tenía 25 años en aquel diciembre de 2009. De nacionalidad suizo-italiana había nacido en Frauenfeld, capital del cantón suizo de Turgovia. La joven ya había estado internada durante 18 meses, entre 2006 y 2008, en la Clínica Psiquiátrica “Wohngruppe-Kanzler” de Frauenfeld.
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“Estoy consternado. Vi las imágenes de la Nochebuena en San Pedro en internet y me quedé sin palabras”, había dicho en 2009 Rolf Kessler, director de la clínica psiquiátrica. “Susanna –añadió Kessler– dejó nuestra comunidad hace un año y medio y no sé qué pasó después. Solo puedo decir que me sorprendió mucho la noticia”.
Según el director, la mujer nunca había causado problemas durante su permanencia en la pequeña estructura que albergaba hasta catorce personas con problemas psíquicos. La fe de la mujer, subrayó Kessler, “no era superior a la media y ciertamente no tan fuerte como para considerarla una manía religiosa que pudiera explicar este gesto”.
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Apenas sucedido el hecho, el Vaticano hizo saber que la mujer tenía problemas psicológicos. Fue revisada en los momentos posteriores al hecho en el Hospital Santo Spirito y trasladada a un centro especializado en psiquiatría llamado Angelucci y ubicado en Subiaco.
Subiaco es una localidad de montaña de diez mil habitantes a 70 kilómetros de Roma. Los carabineros de Subiaco vigilaban el lugar. El departamento de psiquiatría está ubicado en la planta baja y el acceso solo le estaba permitido a los familiares. Fue de ese modo que los parientes de Susanna Maiolo pudieron visitarla. El padre y la hermana habían llegado horas más tarde de la detención a Roma desde Suiza. Y después se reunieron con los médicos a cargo del tratamiento. En aquella ocasión la familia decidió que la mujer quedara internada en Subiaco. El padre y la hermana pidieron a los médicos que la protegieran del posible asedio de los medios de comunicación debido a la trascendencia que había tenido el hecho de aquel 24 de diciembre.
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Rápidamente se explicó que estaba bajo “tratamiento obligatorio”. El Vaticano quería dejar atrás el incidente que afectaba la seguridad del Papa, quien por entonces tenía 83 años. Joseph Ratzinger ejerció el papado entre 2005 y 2013, cuando abdicó. Fue nombrado Papa emérito y murió el 31 de diciembre de 2022. Su sucesor fue el argentino Jorge Bergoglio quien eligió el nombre de Francisco.

El vocero del Vaticano de aquellos días, el padre Federico Lombardi explicaba que: “El caso sigue bajo competencia de la magistratura vaticana y será el ´promotor de justicia´ quien decida en los próximos días qué hacer, considerando los informes de los médicos y de la gendarmería vaticana”. Las autoridades judiciales del Vaticano hicieron saber entonces que estaban esperando los informes pertinentes sobre el estado de salud mental de Maiolo. En aquel momento, Lombardi dio una pista cuando los periodistas le preguntaron cómo podía seguir el proceso contra Maiolo: “La justicia de la Santa Sede en general es muy benévola”.
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La mujer, cuando fue detenida e internada en el hospital en aquellas horas aciagas de diciembre de 2009, había dicho: “No quería hacerle daño al Santo Padre”. Los testigos de su frase fueron los socorristas y médicos que la asistieron.
Unos meses después, el miércoles 13 de enero de 2010, Benedicto XVI y Sussana Maiolo se volvieron a ver las caras. Era la tercera vez que estaban cerca. La primera había sido en la Vigilia de Navidad de 2008. La segunda -aquella que cuya imagen había circulado por el mundo entero-, en la Vigilia de Navidad de 2009.
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La tercera tuvo lugar en una de las salas cercanas al Aula Pablo VI, en el Vaticano. La joven pidió perdón al Papa por lo ocurrido, y el Papa le manifestó su perdón, se interesó por ella y su salud, y le expresó sus mejores deseos.
Aquella tercera ocasión en la que se vieron el Papa y Maiolo fue descripta el padre Fernando Pascual, ordenado sacerdote en 1994, doctor en filosofía por la Universidad Gregoriana (Roma) y licenciado en Teología moral y especializado en Bioética por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma).
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En un artículo publicado en Catholic, Pascual señaló sobre aquel tercer encuentro: “Los interesados prefirieron estar a solas, para escucharse y acogerse, para ir más allá de imágenes atractivas. Lo que hayan sentido Benedicto XVI y Susanna Maiolo en cada encuentro sólo lo saben ellos y Dios. El mundo de la imagen y el deseo de conocerlo todo, llevarán a muchos a suponer y a lanzar hipótesis. Además, la aparatosidad de la caída del Papa en la Nochebuena de 2009 se convirtió en noticia mundial y en fuente de discusiones sobre el sistema de seguridad en el Vaticano, sobre otras agresiones sufridas por el Papa, sobre la salud mental de Susanna”.

Y agregó: “El 13 de enero de 2010 queda como una fecha sencilla, casi familiar. Lo aparatoso recibe una atención inevitable en el mundo informativo. Lo sencillo, sin ruido y sin reflectores, puede tener una importancia mucho mayor en el camino de la historia humana”.
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Para concluir: “Es algo que han podido vivir un Papa anciano y una joven de 25 años, que se han encontrado en circunstancias muy diferentes y que siguen adelante, en ese camino misterioso de la vida, hacia el encuentro más decisivo que tarde o temprano nos llega a todos: el de un Dios bueno que conoce los corazones y que acoge, lleno de misericordia, a quienes piden perdón y perdonan sinceramente a sus hermanos”.
Aquella oportunidad en que se la mencionó a Sussana Maiolo por haber sido perdonada por el papa Benedicto XVI en persona fue la última vez que se supo algo de ella. La mujer que hace 16 años se tirara sobre el Papa en la Basílica de San Pedro, se hundió en el olvido.
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