
Dorothea Puente abrió las puertas de su pensión en Sacramento, California, Estados Unidos, con una sonrisa amable y modales impecables, ganándose la confianza de vecinos y autoridades. Sin embargo, detrás de esa fachada atenta, tejió una red de crímenes que marcarían para siempre a la ciudad. Los asesinatos finalmente salieron a la luz el 7 de noviembre de 1988, cuando la policía desenterró varios cuerpos en su jardín.
Su historial criminal comenzó en 1948, cuando fue arrestada por falsificar cheques. Más adelante, acumuló condenas por dirigir un burdel y cometer fraudes.
A pesar de estos antecedentes, Puente logró transformarse en una figura aparentemente respetable dentro de la comunidad. Administraba su casa como pensión para enfermos y ancianos con gestos de amabilidad. Así ofrecía techo a personas en situación vulnerable, principalmente adultos mayores con problemas sociales o económicos.
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De acuerdo con testimonios recogidos por la policía, la relación con sus inquilinos parecía cordial y desinteresada.
Sin embargo, los primeros indicios de delitos graves surgieron en 1982, cuando fue condenada por robo a tres personas: Malcolm McKenzie, Ruth Munroe y Dorothy Osborne.
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Dos de ellos sobrevivieron, pero Ruth Munroe murió por intoxicación, un hecho inicialmente atribuido a causas naturales y luego determinado como homicidio. Durante su tiempo en prisión, Puente inició una relación con Everson Gillmouth, quien se convirtió en una de sus próximas víctimas.

Las marcas de una doble vida
Según datos recopilados en investigaciones posteriores, la infancia de Puente estuvo marcada por abusos, abandono y la orfandad. Sus padres murieron cuando tenía nueve años, después de atravesar problemas de alcoholismo y violencia doméstica.
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De acuerdo con fuentes especializadas, sufrió maltratos en un orfanato tras perder a su familia biológica y esto tuvo efectos duraderos en su desarrollo.
Con el paso de los años, Dorothea fue adoptando múltiples identidades y se casó varias veces. Según los archivos judiciales y reportajes contemporáneos recopilados por BBC, utilizó diferentes alias para evadir a la justicia y engañar a quienes la rodeaban.
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Siguiendo el rastro del horror
Al salir de prisión, Puente reinició su actividad delictiva en la misma residencia. Según la investigación judicial, administraba sustancias sedantes a sus víctimas antes de asesinarlas.
Luego, se apropiaba de sus posesiones y cobraba sus cheques de la seguridad social. Las autoridades estimaron que mató a nueve personas, aunque solo recibió condena por tres homicidios.
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En 1988, un antiguo inquilino alertó a la policía sobre desapariciones sospechosas. La investigación llevó a los agentes a registrar el patio de la pensión. Excavaciones en el lugar revelaron los restos de varias víctimas. Ni la comunidad ni los servicios sociales, hasta ese momento, sospecharon de su implicación directa.
Las investigaciones policiales, detalladas por BBC, revelaron que Puente utilizaba distintas combinaciones de medicamentos, como flurazepam y otros sedantes, para incapacitar a sus víctimas antes de asesinarlas.
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De acuerdo con los registros judiciales, los agentes encontraron un ambiente meticulosamente ordenado en la pensión, mientras que los restos humanos permanecían ocultos bajo tierra, en fosas comunes improvisadas en el jardín trasero.
Dorothea intentó escapar con una identidad falsa, pero la detuvieron tres días después en un motel de Los Ángeles. Durante el juicio, expertos psiquiátricos debatieron sobre su estado mental y motivaciones.
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La fiscalía sostuvo que el móvil era exclusivamente económico. De acuerdo con los informes periciales, no mostró señales de arrepentimiento por los hechos cometidos.
El tribunal la condenó a cadena perpetua, renunciando a solicitar la pena de muerte. Pasó sus últimos 18 años en prisión y murió en 2011 a los 82 años. El caso de Puente sigue llamando la atención por el contraste entre su imagen pública y sus crímenes.
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De acuerdo con Crime+Investigation, la investigación sobre la “Casa de la Muerte” evidenció la debilidad de los sistemas de control social frente a personas carismáticas y manipuladoras.
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