
En la madrugada del 30 de junio de 1934, Alemania fue testigo de una de las purgas políticas más brutales del siglo XX: la noche de los cuchillos largos.
En tres días, Adolf Hitler ordenó el asesinato de decenas de camaradas y rivales, consolidando su poder absoluto y sentando las bases del régimen totalitario nazi. Según National Geographic, entre las víctimas estuvieron Ernst Röhm, líder de las Tropas de Asalto (SA), y otros acusados de planear un complot contra el jefe del Estado.
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El ascenso de Hitler y las tensiones internas en el nazismo
El camino hacia la dictadura de Hitler comenzó con su nombramiento como canciller el 30 de enero de 1933. Como señala National Geographic, su gobierno estaba compuesto mayoritariamente por figuras conservadoras, lo que limitaba su margen de acción. La amenaza principal no provenía de sus adversarios tradicionales, sino de dentro de su propio partido: las Sturmabteilung (SA), conocidas como los “camisas pardas”, dirigidas por Röhm.
Con más de tres millones de miembros, las SA fueron clave en el ascenso del nazismo como fuerza de choque e instrumento de intimidación. Röhm, aliado cercano de Hitler, pretendía fusionar las SA con el ejército regular para crear unas Fuerzas Armadas bajo su control. Esta ambición alarmó a la élite conservadora y a los altos mandos militares, que veían en las SA una amenaza para el orden del país.
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La tensión aumentó cuando Röhm expresó su descontento con la dirección del partido y su desconfianza hacia Hitler. En círculos íntimos, llegó a declarar: “Si él (Hitler) cree que puede estrujarme para sus propios fines eternamente y algún día echarme a la basura, se equivoca. Las SA pueden ser también un instrumento para controlar al propio Hitler”, recoge National Geographic. Estas afirmaciones, sumadas a la presión de Hermann Göring y Heinrich Himmler, precipitaron la decisión de Hitler.
Rumores, conspiraciones y la Operación Colibrí
Mientras crecían las tensiones, Himmler, Göring y Reinhard Heydrich difundieron rumores sobre un presunto complot de Röhm y las SA para derrocar a Hitler. Se recopilaron pruebas —muchas de ellas fabricadas— que acusaban a Röhm de conspirar con potencias extranjeras. National Geographic indica que incluso se denunció que había recibido doce millones de marcos del Gobierno francés con ese fin.
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Göring encargó a Rudolf Diels, jefe de la Gestapo, reunir material incriminatorio, incluidas acusaciones de corrupción y conducta sexual. Paralelamente, Himmler instruyó a Heydrich para reforzar la narrativa oficial de la conspiración. Esta maniobra, conocida como Operación Colibrí, fue la antesala de una purga sistemática destinada a eliminar cualquier amenaza al liderazgo de Hitler.
En una reunión clave, Röhm aceptó la supremacía del ejército sobre las SA, pero se negó a renunciar a su idea de un ejército bajo control de su organización. Ante esta negativa y la presión de su círculo cercano, Hitler resolvió actuar.
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Arrestos y asesinatos entre el 30 de junio y el 2 de julio
La noche del 30 de junio de 1934 se puso en marcha la operación para eliminar a los líderes de las SA y otros opositores. Hitler, acompañado por miembros de las SS y la Gestapo, se desplazó a Múnich para arrestar a Röhm y a altos mandos reunidos en Bad Wiessee.
Las detenciones se extendieron rápidamente a varias ciudades. Las SS ejecutaron al menos a 85 personas, aunque otras fuentes mencionan un número mayor. Entre los asesinados se encontraban figuras como Gregor Strasser, el ex canciller Kurt von Schleicher, miembros del personal de Franz von Papen, líderes católicos como Adalbert Probst y periodistas críticos.
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Röhm fue arrestado en un hotel y trasladado a la prisión de Stadelheim, donde se le ofreció la posibilidad de suicidarse. Al negarse, fue ejecutado por oficiales de las SS. La purga continuó hasta el 2 de julio con la eliminación sistemática de los incluidos en la lista negra del régimen.
Reconfiguración del poder nazi
La noche de los cuchillos largos transformó la estructura interna del nazismo. Las SA fueron relegadas a funciones auxiliares bajo el mando de Viktor Lutze, mientras que las SS, dirigidas por Himmler y Heydrich, se consolidaron como el principal aparato represivo del régimen.
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El ejército alemán, aliviado por la eliminación de las SA, juró lealtad personal a Hitler, quien se posicionó como garante del orden interno. De acuerdo con National Geographic, la clase dirigente conservadora y los sectores económicos influyentes respaldaron esta consolidación del poder, que implicó la legitimación de la violencia como herramienta estatal.

BBC News informó que alrededor de 400 personas fueron asesinadas durante la purga. La eliminación de la cúpula de las SA disolvió la oposición interna dentro del partido nazi y otorgó poder absoluto a las SS. Según el medio británico, este episodio dejó en evidencia el carácter autoritario del nuevo régimen.
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Legalización y propaganda: justificación pública de la violencia
Para dar apariencia de legalidad, el 3 de julio de 1934 se promulgó una ley retroactiva que validaba la purga como acto de “autodefensa de emergencia”. Hitler se presentó ante el Reichstag el 13 de julio y se autoproclamó “juez supremo del pueblo alemán”, afirmando: “Di orden de cauterizar la carne cruda de las úlceras de los pozos envenenados de nuestra vida doméstica […] si alguien levanta su mano para golpear al Estado, la muerte será su premio”.
La propaganda, dirigida por Joseph Goebbels, presentó los asesinatos como necesarios para proteger a Alemania de la traición, moldeando la opinión pública para aceptar la violencia estatal.
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La “noche de los cuchillos largos” fue el punto de quiebre en el que Hitler eliminó toda amenaza interna y afirmó el derecho del régimen a ejercer violencia extrajudicial. Este episodio desmanteló el Estado de derecho y sentó un precedente de autoritarismo legal, abriendo el camino hacia la guerra y el genocidio.
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