
Bolivia vivió más de una década de bonanza económica gracias al auge la industria de los hidrocarburos: entre 2006 y 2014 recibió cerca de USD 30.000 millones por exportaciones de gas natural, impulsadas por los contratos con Brasil y Argentina y los elevados precios internacionales.
Ese ciclo de ingresos fue posible gracias a los descubrimientos de grandes campos gasíferos y la infraestructura de exportación desarrollados en las décadas previas, mientras que la nacionalización de los hidrocarburos, decretada en 2006, incrementó la participación del Estado en la renta extraordinaria.
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El pico más alto, entre 2012 y 2014, hizo que el país tuviera la mayor cantidad de reservas internacionales en relación con su Producto Interno Bruto (PIB) de toda la región y la economía creció a tasas cercanas al 6% anual. En esos años Bolivia registró superávits externos, circulación regular de divisas y un tipo de cambio estable, lo que permitió financiar bonos sociales, inversión pública y expandir el gasto estatal.
Diez años después de la época dorada, el panorama es opuesto: las reservas internacionales se redujeron a una fracción de aquel récord, las exportaciones de gas se desplomaron y el país enfrenta una escasez crónica de dólares, dificultades para importar combustibles, presiones inflacionarias, un déficit fiscal persistente y una inflación que alcanzó niveles no vistos en décadas.
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Un informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) difundido esta semana revela que las exportaciones de gas del primer semestre volvieron a caer: 498,1 millones de dólares, una reducción del 12,9% en comparación con el mismo periodo el año anterior.
Aunque los efectos de la crisis se sintieron hace un par de años, la desaceleración de la economía inició después de 2014 cuando se alcanzó un pico de 6.011 millones de dólares por las exportaciones de gas natural.
Los años siguientes fueron una disminución sostenida que durante algunos años, como en 2015, se agravó por la caída de los precios internacionales o situaciones excepcionales como la pandemia de 2020. Los datos del INE, procesados por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), reflejan esta caída:
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· 2014: USD 6.011millones
· 2015: USD 3.770 millones (Hubo una fuerte caída de los precios internacionales)
· 2016: USD 2.049 millones
· 2017: USD 2.581 millones
· 2018: USD 2.970 millones
· 2019: USD 2.719 millones
· 2020: USD 1.989 millones (Efecto pandemia mundial)
· 2021: USD 2.249 millones
· 2022: USD 2.973 millones (Alza temporal por la crisis energética global)
· 2023: USD 2.049 millones
· 2024: USD 1.614 millones
· 2025: USD 1.082 millones
Esta baja continua se debe a la declinación natural en la capacidad de producción de los principales pozos petroleros, a la falta de exploración y ausencia prolongada de nuevos yacimientos y a la finalización del contrato con Argentina, luego de que lograra la autosuficiencia energética con el campo Vaca Muerta.
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Las exportaciones bolivianas de gas natural, cuyos mercados principales eran Brasil y Argentina, se vieron severamente afectadas en septiembre de 2024 cuando concluyó el contrato con Argentina que se había extendido a lo largo de 18 años y representaba entre el 40% y el 45% del total del gas exportado.
Tras el fin del contrato, el gas boliviano tocó mínimos históricos y aunque en junio de 2025 se reanudaron algunos envíos marginales bajo la modalidad de contratos interrumpibles con empresas privadas, el negocio no sustituye a su antiguo comprador.

En este escenario, el Estado que por años dependió de la renta hidrocarburífera busca nuevas fuentes de financiamiento para sostener el gasto público y evitar un ajuste más severo de la economía.
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El expresidente Luis Arce, que como ministro de Economía manejó las cuentas de un país con prosperidad efímera y como presidente vio explotar la crisis a inicios de 2023, impulsó una política de industrialización que nunca llegó a despegar, con empresas estatales deficitarias que hoy enfrentan cierres inminentes o ajustes en su organización administrativa para sobrevivir sin generar costos al Estado.
El nuevo gobierno de Rodrigo Paz busca estabilizar las cuentas fiscales mediante el acceso a créditos externos y nuevas fuentes de ingresos. El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, señaló en varias entrevistas que no se puede reemplazar los ingresos de los hidrocarburos con otro recurso natural sino con una economía diversificada que incluya la exploración de nuevos campos, mayor productividad, inversión privada y el desarrollo simultáneo de sectores exportadores como la minería, la agroindustria y los servicios.
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Ese proceso, que se anticipa largo y requiere la modificación de una serie de leyes estratégicas, avanza bajo la presión de una eventual crisis energética que diversos especialistas sitúan entre 2027 y 2028 si no se revierte el declive de la producción de gas.
La discusión, por tanto, trasciende la búsqueda de nuevas reservas: implica definir un marco regulatorio que combine incentivos para la inversión, seguridad jurídica y ambiental, mecanismos que aseguren la repatriación de divisas, protección del medioambiente y una distribución equilibrada de la renta de los recursos naturales.
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