
El descubrimiento de un antiguo remolcador bajo las aguas de Manitowoc, Wisconsin, despertó un inusual interés entre arqueólogos e historiadores. Christopher Thuss, aficionado a la pesca, detectó con su sonar una estructura desconocida que resultó ser el naufragio del J.C. Ames, una embarcación de principios del siglo XX.
Según Smithsonian Magazine, el hallazgo, ocurrido a tan solo 2,7 metros de profundidad, ofrece una oportunidad excepcional para estudiar el pasado de la navegación en los Grandes Lagos.
Una imagen inesperada en el sonar
La jornada de pesca de Thuss transcurría con normalidad hasta que su sonar captó una forma extraña bajo el agua. “No sabía exactamente qué estaba viendo al principio”, relató al canal WGBA-TV.
Tras aproximarse, identificó con claridad la estructura completa de un barco, más tarde confirmado como el J.C. Ames, un remolcador de 49 metros de eslora que llevaba más de un siglo oculto.
El hallazgo tuvo un significado personal para Thuss, cuya familia tiene un vínculo particular con los naufragios. Su abuelastra, conocida como “Shipwreck Suzze”, fue responsable de localizar varios barcos hundidos, incluyendo tres en solo tres días en 2015.
Después del hallazgo, Thuss informó a su padre, quien contactó de inmediato a “Shipwreck Suzze”. “Es bastante único ser la primera persona en ver este barco desde que fue visto por última vez”, expresó al Milwaukee Journal Sentinel.

Confirmación oficial y primeras investigaciones
Tras la notificación del hallazgo, la Wisconsin Historical Society activó a su equipo de arqueología marítima. La arqueóloga Tamara Thomsen y el presidente de la Wisconsin Underwater Archaeology Association, Brendon Baillod, lideraron el proceso de verificación. Con base en la ubicación y las características estructurales del casco, identificaron el naufragio como el del J.C. Ames, hundido intencionadamente en 1923.
“Este tipo de descubrimientos son siempre tan emocionantes porque permiten que resurja una parte de la historia perdida”, indicó Thomsen, según Smithsonian Magazine.
Destacó además la notable ausencia de mejillones quagga, una especie invasora que suele cubrir restos sumergidos, lo que sugiere que el naufragio fue recientemente expuesto por tormentas invernales que removieron la arena del fondo del lago.
Del esplendor industrial al abandono
Construido en 1881 en Manitowoc por la compañía Rand & Burger, el J.C. Ames —originalmente llamado J.C. Perrett— costó 50.000 dólares de la época, un equivalente actual a más de un millón. Smithsonian Magazine cita datos de la Wisconsin Historical Society, los cuales lo describen como ‘uno de los más grandes y potentes de los lagos’, capaz de remolcar hasta cinco barcazas gracias a sus 670 caballos de fuerza.
Durante su vida útil, cambió de propietarios y funciones. En 1889, sufrió un grave accidente con la barcaza de vapor M.T. Greene en el canal de Sturgeon Bay. Fue vendido en 1895 a la Lake Michigan Car Ferry Transportation Company, reacondicionado y renombrado como J.C. Ames. En 1908, pasó a la Nau Tug Line, y finalmente a la Newaygo Tug Line de Appleton en 1918, hasta quedar en desuso y ser desmantelado cinco años más tarde.
En 1923, fue remolcado fuera del puerto, despojado de su maquinaria, incendiado y abandonado. “Era como se hacía en aquella época”, explicó Thomsen a Fox News Digital. Incluso se organizaban quemas de barcos como forma de entretenimiento local.

Un sitio lleno de historia bajo el agua
El área del hallazgo alberga más de una docena de naufragios, aunque solo unos pocos fueron localizados. La práctica de “scuttling”, o hundimiento intencional, era común en los primeros años del siglo XX.
Según expertos citados por Smithsonian Magazine, estos restos solo emergen cuando tormentas remueven la arena, y su localización depende tanto del azar como de condiciones climáticas específicas.
“Solo los encontramos cuando las tormentas los exponen, si alguien los ve antes de que vuelvan a quedar cubiertos”, explicó Thomsen. La mayoría de estos restos siguen ocultos, lo que convierte cada hallazgo en una rareza valiosa para la arqueología y la historia regional.
Patrimonio protegido y potencial turístico
Actualmente, el J.C. Ames se encuentra dentro del Wisconsin Shipwreck Coast National Marine Sanctuary, un santuario creado en 2021 y gestionado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) junto con el estado de Wisconsin. Esta área protege 36 naufragios conocidos y está sujeta a estrictas leyes que prohíben su alteración o extracción.
La Wisconsin Historical Society planea incluir el J.C. Ames en el Registro Estatal de Lugares Históricos, lo que permitiría fortalecer su protección y facilitar futuras investigaciones. “Debido a la posición única del naufragio en el Lago Míchigan, tiene el potencial de convertirse en un destino popular para kayakistas y buceadores”, indica el anuncio oficial citado por Smithsonian Magazine.

Un gigante singular en la historia naval
El J.C. Ames se distingue por su tamaño. Mientras que la mayoría de los remolcadores de su época medían entre 15 y 30 metros, este alcanzaba los 49 metros, lo que lo convierte en un ejemplar atípico. “No tenemos otras versiones de remolcadores que sean tan grandes”, afirmó Caitlin Zant, coordinadora de investigación del santuario, a WGBA-TV.
Los arqueólogos esperan estudiar su construcción, diseño y funciones, así como reconstruir parte de la historia de la navegación en los Grandes Lagos. “Podemos entender cómo fue construido, por qué alcanzó tal magnitud y contar esa historia”, agregó Zant.
El naufragio del J.C. Ames no solo representa un hito para la arqueología marítima, sino que también abre nuevas posibilidades para la conservación y el disfrute del patrimonio sumergido. Hoy, ese remolcador olvidado durante décadas se perfila como un nuevo punto de convergencia entre la historia, la ciencia y el turismo en la región de Manitowoc.
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