
Hace un par de años, cuando participó como invitado del programa “Finding Your Roots” (Encuentra tus raíces), conducido por el historiador y genealogista Henry Louis Gates Jr. en el canal de televisión abierta TBS, el actor estadounidense Edward Norton se llevó una sorpresa al descubrir que era descendiente de Pocahontas. Su árbol genealógico demostraba que la legendaria niña de la tribu powhatan y su marido, el comerciante inglés John Rolfe, eran - dijo el conductor del ciclo - sus “duodécimos bisabuelos”. Emocionado, el protagonista de “American X” atinó a decir: “Esto te hace dar cuenta de que sos una pequeña parte de la historia de la humanidad”. Para la mayoría de las personas, el nombre de Pocahontas evoca a la pequeña princesa indígena de las películas animadas que produjeron los estudios Disney en la década de los ‘90, pero muchas desconocen que se trató de una persona real, que murió hace 408 años, el 21 de marzo de 1617.
En las historias que se cuentan sobre la verdadera Pocachontas resulta difícil diferenciar la leyenda de la realidad. Sí se sabe que nació en 1595 y que pertenecía por vía paterna al pueblo pamunkey, una importante comunidad de la Confederación Powhatan, una agrupación de alrededor de treinta pueblos o naciones originarias del actual territorio estadounidense – más precisamente de Virginia - que a su vez formaban parte del grupo lingüístico algonquino. Su verdadero nombre era Matoaka, aunque desde niña la apodaron también Pokahantesú, un vocablo que puede traducirse como “traviesa” o “inquieta”, y que los primeros colonos ingleses pronunciaban como “pocahontas”. Cuando murió en Inglaterra, con solo 21 años, la enterraron con el nombre que le impusieron al bautizarse antes de su casamiento con Rolfe, Rebecca.
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Pocahontas era la hija mayor de Wahunsonacock, un jefe indio al que los europeos llamaban Powhatan, confundiendo su nombre con el de su pueblo. Los powhatan eran una comunidad hermanada por la misma lengua con otras tribus, como los pies negros, los cheyennes o los arapahos. Eran originarios del norte de Florida, de donde a mediados del siglo XVI fueron empujados por otros pueblos – o quizás por los conquistadores españoles – hacia los actuales territorios de Virginia y Maryland. Allí formaron, una gran confederación con otros pueblos fronterizos, llamada Tsenacommacah, que incluía unas doscientas aldeas y alrededor poblaciones más grandes. Cuando llegaron los primeros ingleses a esa zona, sumaban unos 15.000 habitantes distribuidos en una superficie de más de veinte mil kilómetros cuadrados. Vivían de la agricultura, de la caza y de la pesca, y el poder se transmitía por línea materna, lo que explica la importancia que tenía, aún siendo una niña, Pocahontas en su comunidad.

El encuentro con Smith
En mayo de 1607, un grupo de unos cien colonos ingleses comandados por el capitán John Smith llegó a lo que actualmente es el territorio de Virginia y se estableció en una precaria población a la que llamaron Jamestown, en honor al rey James. Al principio, nativos y colonos se trataron con respeto, intercambiando alimentos por armas y herramientas que traían los ingleses, pero al llegar el invierno la situación se puso tensa: los powhatan tenían una escasa reserva de granos y carne como para comerciar y los colonos se estaban muriendo de hambre. Entonces pasaron de las negociaciones a las escaramuzas armadas.
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En una de esas pequeñas batallas el capitán Smith fue capturado por el hermano de Wahunsonacock, llamado Opechancanough, y llevado a la presencia del jefe indio. El episodio que siguió fue confuso. En un libro de memorias que el capitán Smith publicó en 1624, cuenta que, cuando estuvo en presencia del cacique, dos guerreros lo obligaron a apoyar la cabeza sobre dos piedras y otro levantó un garrote para aplastársela, pero que en ese preciso momento Pocahontas se interpuso, colocó su cabeza junto a la de él y rogó por su vida. En otras palabras, que lo salvó cuando estaban a punto de matarlo.
Hay quienes creen que ese relato de Smith es totalmente falso y que lo incluyó en su libro para darle brillo a su historia; sin embargo, algunos antropólogos especulan que lo que el capitán confundió como una ejecución pudo ser en realidad una ceremonia de “adopción” o de vasallaje. Lo que sucedió después le da fuerza a esta hipótesis, porque fue liberado y el cacique le aseguró que “lo estimaría para siempre como su hijo Nantaquoud”. Además, una vez que Smith regresó a Jamestown, el jefe Wahunsonacock les envió varios cargamentos de comida a los ingleses hambrientos. A estos emisarios solían ir acompañados de Pocahontas, que encarnaba como una suerte de prenda de paz para los colonos. Hay quienes sostienen que la pequeña princesa mantuvo una relación amorosa con el capitán inglés, pero no hay nada que lo pruebe y Smith no menciona nada así en su libro. El supuesto amorío de Pocahontas y Smith fue retomado por Disney en su primera película, que en cambio ignora completamente el matrimonio con Rolfe.
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La cordialidad en las relaciones no duró mucho y se produjeron nuevos enfrentamientos. Los powhatan trataron de doblegar a los invasores por hambre, negándose a mantener cualquier intercambio con ellos. Así, de los 900 colonos llegados desde 1607, en 1610 quedaban tan sólo 150. En 1609, los ingleses atacaron una de sus capitales, Orapakes, pero fueron derrotados. Durante los siguientes cinco años se desarrolló lo que pasó a la historia como la primera guerra anglo-powhatan, que duraría hasta 1614.

Capturada y casada
Una de las víctimas del conflicto fue la propia Pocahontas, que fue secuestrada en 1613 y mantenida como rehén en Jamestown. Por ser hija de un jefe importante, los colonos pensaban en utilizarla como pieza de negociación. Retenida en el fuerte, la princesa india pidió ver al capitán Smith, pero le respondieron que había muerto. Era falso: el inglés había sufrido quemaduras por una explosión accidental y repatriado a Inglaterra para ser mejor atendido.
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Pocahontas tenía ya 18 años y durante su cautiverio aprendió inglés y la adoctrinaron con la Biblia. No se sabe si por voluntad propia u obligada, la cuestión es que fue bautizada y recibió el nombre de Rebecca. Convertida en una joven mujer, llamó la atención de John Rolfe, un colono y comerciante de tabaco que le propuso matrimonio luego de enviar un emisario al padre de la joven para que diera su autorización. Wahunsonacock dio su permiso, pero los novios debieron esperar a que llegara otra autorización, la del gobernador de la colonia, porque era el primer caso de un casamiento entre una nativa y un inglés y Rolfe quería asegurarse de que fuera legal. En su carta al gobernador, Rolfe le decía que no lo impulsaba a casarse “un desenfrenado deseo carnal, sino el bien de la plantación, el honor de nuestro país, la gloria de Dios, mi propia salvación y la conversión al verdadero conocimiento de Dios y Jesucristo de una criatura no creyente, Pokahuntas”. Finalmente, el representante del reino dio el visto bueno y la pareja se casó el 5 de abril de 1614. El único hijo de Rolfe y Pocahontas, Thomas, nació a principios del año siguiente.
Vivieron en Henricus, cerca de una de las plantaciones de tabaco de Rolfe. La guerra había diezmado, sumando muertos y desertores, la población de colonos y, aunque el matrimonio no logró que volvieran los colonos ingleses, sí que creó un clima pacífico entre Jamestown y Powhatan durante algunos años. En una carta a los dueños de la Compañía de Virginia en Inglaterra, Rolfe escribió: “Tenemos ahora un comercio amistoso y no comerciamos solamente con los Powhatan, sino también con sus súbditos”.
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Muerte en Londres
Pese a que se había logrado la paz, los patrocinadores de los colonos de Virginia no dejaban de tener dificultades para atraer a nuevos colonos e inversores a Jamestown. Entonces acordaron con Rolfe utilizar a Pocahontas como muestra de que “los nativos del Nuevo Mundo podían ser domesticados”. Así, Rolfe, lady Rebecca y el pequeño Thomas viajaron a Inglaterra acompañados por una delegación de once indígenas y desembarcaron en el puerto de Plymouth el 21 de junio de 1616.

Se instalaron en Londres, donde por una casualidad, Pocahontas y su marido se cruzaron en la calle con el capitán Smith, al que ella creía muerto. Hombre de prestigio, el ex colono fundador de Jamestown le escribió una carta a la reina Ana solicitándole que Pocahontas era una persona de importancia en su tierra y que merecía ser tratada como una princesa. La respuesta superó todas las expectativas, porque la reina y el rey Jacobo I la recibieron en el Palacio de Whitehall.
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El plan de Rolfe y la Compañía de Virginia era que, una vez que la presencia de Pocahontas en Londres promoviera inversiones y el viaje de nuevos colonos hacia territorio americano, el matrimonio y su hijo regresaran a Jamestown. No llegaron a hacerlo: en febrero de 1617, Pocahontas enfermó de gravedad – unas versiones dicen de tuberculosis, de viruela o de neumonía – y murió en Londres el 21 de marzo.
El funeral se realizó ese mismo día en la parroquia de San Jorge, de Gravesend, en Kent. Se cree que su tumba se encuentra debajo del presbiterio, aunque desde que la iglesia fue destruida por un incendio en 1727, se desconoce el lugar exacto. Hoy, en el exterior del templo, se la recuerda con una estatua de bronce realizada por el escultor estadounidense William Ordway Partridge.
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