
A Armando Gostanian se lo recuerda hoy, el día de su muerte, como el director de la Casa de la Moneda durante la presidencia de Carlos Menem. También, inevitablemente, como el dueño de Rigar’s, casa de camisas y corbatas que tuvo su hora de gloria en una esquina de Corrientes y Suipacha. Lo que poco se sabe es del papel que cumplió Gostanián en la carrera que llevaría al riojano a la presidencia.
Cuando Menem terminó de cumplir el confinamiento que le había impuesto la dictadura en Las Lomitas, Formosa, no tenía claro dónde ir. No porque no tuviera lugar donde vivir en La Rioja, su provincia natal, o en cualquier otro lado, sino para su proyecto político, que para entonces pensaba mucho más allá de la gobernación norteña: la presidencia de la Nación.
Por entonces, Menem tenía sus alrededores políticos, pero no tenían mucho para aportar. Gostanián, en cambio, tenía algo que ofrecer: un departamento en la Ciudad de Buenos Aires – por entonces Capital Federal – y fondos para moverse. Eso, nada más, pero mucho y no poco para la situación.
En esos tiempos, Menem inauguró algo poco visto por entonces y que después sería la marca de una política farandulizada, que sacaría candidatos de cantantes, deportistas y cualquier figura que lo pusiera en las tapas de los medios.
Porque fue entonces, donde albergado en el generoso departamento aportado por Gostanian, que Carlos Menem y sus patillas llegaron a los medios, más específicamente a los farandulescos o del corazón.
Este cronista recuerda haberle hecho por entonces, cuando era colaborador de la revista Flash, un medio pergeñado por Héctor Ricardo García, una entrevista del corazón en ese departamento, cuya composición-tema era su romance con Yuyito González.
-Iuito, es linda Iuito, pero solo somos amigos– contestó Menem en esa ocasión.
Eso, “sólo somos amigos”, fue lo que Yuyito le contestó al cronista cuando la entrevistó un día después.
Fue Carlos Menem, su amigo, quien le impuso también a Gostanián el apodo con que se lo haría famoso: el “Gordo Bolú”, por boludo, si hace falta la aclaración.
A Gostanian no le molestaba. Menem sabía hacer esas cosas y, al mismo tiempo, ser generoso con sus amigos. Tanto que fue director de la Casa de la Moneda durante diez años, todos los que duraron sus dos presidencias.
Durante su gestión en la Casa de Moneda se diseñó y comenzó a emitir el peso convertible, un peso = un dólar, que murió en 2002.
En ese tiempo fue denunciado por el descubrimiento de billetes de numeración duplicada y por una remodelación arquitectónica y de decoración de la Casa de la Moneda, alertada por el entonces concejal Aníbal Ibarra, cuyo costo superaba los dos millones de dólares.
Se trató de cuando, en ocasión del cumpleaños 60 de Menem, emitió una serie de billetes que popularmente se denominaron “Menem truchos” y que le valió una investigación por malversación de fondos públicos, aunque finalmente fue sobreseído.
En 2009 fue procesado por enriquecimiento ilícito, cuando no pudo justificar un millonario aumento de sus bienes en su paso por la función pública, durante el gobierno de Menem.

Según el juez federal Norberto Oyarbide, Gostanian omitió consignar bienes y participaciones en sociedades en sus declaraciones juradas de ganancias y que en marzo de 1992 compró un inmueble en el departamento de Maldonado, en Uruguay, por la suma de 750 mil dólares. El inmueble fue comprado con un crédito extendido por una entidad bancaria uruguaya, pero Oyarbide advirtió que el préstamo fue obtenido después de la compra de esa propiedad.
En su resolución, el magistrado mencionó también la existencia de varias empresas constituidas en Panamá, propietarias de varios inmuebles en la ciudad uruguaya de Punta del Este, cuyos paquetes accionarios completos fueron adquiridos por Gostanián entre 1993 y 1995. El juez calificó las actas de reuniones de asambleas aportadas por la defensa como documentación insuficiente para justificar el incremento patrimonial del procesado.
En 2015, Gostanian fue condenado a 5 años de prisión efectiva y a devolver 800.000 dólares por el cobro de una coima a una empresa alemana mediante sobreprecios para comprar equipos técnicos: según determinó la justicia, después de seis operaciones comerciales que la Casa de Moneda hizo con la firma alemana entre 1996 y 1999, la compañía depositó en una cuenta bancaria de Gostanian el 30 por ciento del valor de la orden de pago en concepto de coima.
Su hija Herminia lo despidió hoy a través de sus redes sociales: “Me inculcaste uno de los valores más importantes que una persona puede tener: la humildad. Ayudaste a tantas personas, algunas de ellas no te valoraron ni respetaron. Te conozco como nadie te conoce. Puse, pongo y pondré las manos en el fuego por vos sin miedo a quemarme”.
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