
Tal vez la enigmática cantante Kate Bush hoy sería una desconocida si su amigo Ricky Harper no la hubiese contactado con el guitarrista de Pink Floyd a los 14 años. Hasta no dar con él, otros jugadores del negocio discográfico no le daban una sola respuesta. Él músico, llamado David Gilmour quedó deslumbrado. Como también está sucediendo en la actualidad, con una generación de centennials y millennials que jamás habían escuchado sus originales temas y menos su nombre y ahora es una de sus favorita. El tema Running up that hill no para de sonar en las listas de música de varias plataformas desde que la serie Stranger Things volvió a ponerla de moda después de 37 años.
“David Gilmour estaba haciendo scouting y vino a verme. Y puso dinero para que hiciera un demo adecuado, con arreglos y una selección de temas”, contó la artista inglesa en sus inicios en la televisión británica. Era una adolescente cuando firmó con EMI. Catherine, de grandes ojos y una voz dulce, pausada y melodiosa no era una chica que cantaba frente al espejo. Ella escribía sus canciones desde los 11 años, algo nada común en alguien de su edad y la discográfica se interesó. Entre 1973 y 1978, cuando lanzó su primer álbum, The Kick Inside, ya tenía escritas 120 canciones.
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Catherine Bush nació en Bexleyheath, Kent, un 30 de julio de 1958. Su padre Robert era médico y su madre, Hannah, una enfermera irlandesa que bailaba danzas tradicionales de sus tierra. Catherine era la única mujer, la menor de tres hijos. Su educación fue católica en el St. Joseph’s Convent School, donde aprendió a tocar el violín y el piano.
Cuenta que sus hermanos varones John y Paddy fueron bastante responsables para que ella se involucrara con la música. En una entrevista de la BBC, en la que tenía 20 años, dijo: “Mis hermanos eran musicales. Siempre estaban haciendo música cuando era chica”. Y hasta terminaron conectándola del todo de manera profesional, porque Ricky Harper, era amigo de ellos.
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No es muy difícil darse cuenta de que Kate -nombre que adoptó con su lanzamiento artístico-, apostó por una carrera basada en su personalidad, muy singular y no las tendencias de la época. Le gustaba hacer lo que se le daba la gana y no tuvo muchos obstáculos para lograr sus objetivos. En la misma entrevista de la BBC repasa los tiempos de su adolescencia, cuando abandonó su escuela y decidió formarse como bailarina. “Me pareció que sería muy complementario con la música y no quería desperdiciar el tiempo haciendo nada”.
Antes de grabar su primer álbum, recibió clases no solo de danza y canto. También de mimo. “Lindsay Kemp es uno de mis héroes. Fue mi maestro por un tiempo”, explica. La audiencia dejaba sus preguntas por teléfono, que el conductor del programa, Michael Aspel iba leyendo una a una. Esta era sobre su pelo, que se veía voluminoso. ¿Qué se hacía? “Me pongo henna, es muy buen acondicionador, y lo trenzo, para que quede frizzy”. Su boca brillaba con un reflejo de labial perlado muy típico de los ochentas. Ella fue pionera en todo.
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Mirando hacia el pasado, la cantante pudo notar que sus impulsos como artista se basaban en hacer lo que tenía que hacer como si se tratara de una misión. Y buscaba expresarse, libremente. No perseguía fama, ni dinero ni ser exitosa. Quería dar algo de sí, que gustara a la gente escuchar y ponía toda su energía ahí. Con sus primeros ingresos se construyó un estudio musical en un espacio de la casa de sus padres, para poder grabar sus demos.
En The Kick Inside se ven influencias chinas, tanto en la portada del disco como en el registro de voz agudo de su voz. Su género siempre fue inclasificable, cuando en esa época la música se dividía entre el punk y el pop. Algunas son baladas románticas, otras tal vez de rock más psicodélico o art rock. Su espíritu libre que defendió ante las discográficas, también puede verse en sus videoclips poéticos, oníricos, que dirigió y animó con sus vestuarios y coreografías.
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Uno de los temas que mayor éxito y difusión tuvo fue Wuthering Heights (Cumbres Borrascosas) que fue incluido en ese primer álbum. Hizo dos videos: una versión para el Reino Unido, vestida de blanco, casi fantasmagórica y otra para América, con un vestido largo rojo, exceso de maquillaje (ojos pintados con sombra verde, labios al rojo vivo) y un ramillete de flores en la cabeza, por si fuera poco.

Con ese vestuario, levanta su pierna con pasos de danza un tanto de principiante y mueve los brazos hacia adelante como una zombie. En conjunto, el video es una composición única, llena de color y fantasía. Ese tema fue número uno en el ranking musical europeo durante varias semanas. El mérito no era poco: por primera vez estaba en el podio una mujer con una letra escrita por ella misma.
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A pesar del éxito, no todos confesaban que la música de Kate Bush les gustaba. Era algo así como un placer culposo. Y todavía, con el paso de los años, hay quienes destacan en sus videos tan visitados de YouTube su “loca genialidad”. Comentan quienes comenzaron a descubrirla y quienes estuvieron “enamorados” de ella desde larga data. Una usuaria escribió que su madre le pidió que Cumbres Borrascosas sea el tema de su funeral. Kate está uniendo generaciones en las plataformas musicales, algo poco común.
Para disfrutar de su talento único, no solo hay que escuchar su tema Running up that hill (a deal with God) sino ver su video de efecto casi hipnótico, que se repetirá una y otra vez. Actualmente, ocupa el puesto 47 de videos musicales en YouTube. El tema fue lanzado en 1985, en el álbum Hounds of Love. Su atmósfera envuelve en tonalidades violetas, ella está haciendo danza contemporánea con una bailarín que la eleva y gira su cuerpo por su torso. Trucos difíciles de bailarines experimentados. El vestuario, los pantalones anchos, también deja en evidencia influencias de Oriente. El tema no para de sonar en la mente. Queda pegado. Pero no molesta.
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Running up tha hill alcanzó el puesto número 3 en 1985 en el Reino Unido. Este año, logró algo que nunca había conseguido. Un puesto altísimo en los Billboard Hot 100 de Estados Unidos. El número 4, mientras que en el año de lanzamiento solo había llegado al 30. Increíble.
Su producción musical tomaba descansos, en coherencia con su escaso interés por la fama y el dinero. La cantante y compositora lanzó en total 10 álbumes. Un día decidió dejar de hacer giras. Se bajó literalmente de los escenarios y se tomó una gran pausa de 35 años. Volvió en 2014 con una serie de recitales en Londres. Se cree que le pudo haber quedado un trauma con la muerte de un iluminador de forma accidental durante una gira.
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De su vida privada poco se sabe porque no solía conceder entrevistas. Su vida la mantuvo a resguardo de la prensa. Mientras que en los escenarios y videos se mostraba completamente extrovertida y sin miedo al ridículo, y en los medios de comunicación se mostraba tímida y muy reservada.
Catherine tuvo una larga relación con Del Palmer, un ingeniero y bajista británico desde fines de los setentas hasta principios de los 90. Después, conoció a su actual marido, el guitarrista Danny McIntosh. Tienen un hijo llamado Albert, que también es músico. Su ambiente, continúa siendo musical.
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El último trabajo de Kate fue Aerial, lanzado en 2005 y producido por ella misma. Y por lo pronto, no hay novedades de que esté pensando en hacer algo nuevo. Mientras tanto, los centennials descubren su voz, su música que alguna vez experimental y una expresión de libertad desconocida para muchos. La serie Stranger Things la trajo de vuelta a estos tiempos sin hacer nada nuevo.
Respecto de esta locura por su música que trajo la serie dijo: “Nunca imaginé que sería algo así. Es muy emocionante. Pero es bastante abrumador, realmente. Todo el mundo se ha vuelto loco”, añadió. “Que toda esta gente tan joven escuche la canción por primera vez y la descubra es muy especial”, aseguró.
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