Ronan Farrow, el hijo de Mia y Woody Allen que investigó los abusos e hizo temblar a Hollywood

Fue un niño prodigio. Ingresó a la universidad a las 11 años. Antes de los 30 obtuvo el Premio Pulitzer por sus investigaciones sobre las violaciones cometidas por Harvey Weinstein. Apoyó a su hermana en las denuncias de abuso contra Allen. Y señaló a los famosos que callaron

Ronan Farrow
Ronan Farrow

Ronan Farrow es hijo de un matrimonio de estrellas. Desde muy pequeño su vida transcurrió bajo los flashes de los fotógrafos y su crecimiento se pudo seguir a través de las revistas del espectáculo. Cuando el matrimonio de Woody Allen y Mia Farrow colapsó, cuando Woody abandonó a la actriz y se fue con su hijastra, Ronan se quedó con su madre y sus hermanos.

Fue un niño prodigio. Su capacidad intelectual asombró a todos desde muy pequeño. Pese a su corta edad, acaba de cumplir 32 años, su currículum impresiona. Ingresó a la universidad a las 11 años. Y a los 15 ya estaba graduado en filosofía. Luego estudio abogacía. Trabajó en la Unesco. Y fue asesor de Hillary Clinton cuando ella fue Secretaria de Estado.

Luego, mientras seguía sumando posgrados y maestrías, se dedicó al periodismo, su tercera carrera. En poco tiempo tuvo su propio programa de televisión (posiblemente el único fracaso hasta ahora de su carrera), se desempeñó como periodista de investigación en la NBC, escribió en los medios gráficos más relevantes y obtuvo el máximo galardón al que se puede aspirar en la profesión: el Premio Pulitzer.

Más allá de sus logros anteriores, el momento en que alcanzó la masividad, el momento en que todo el mundo supo de él fue en mayo del 2016 a través de una nota en el Hollywood Reporter titulada Mi padre Woody Allen y el peligro de las preguntas que no se hacen. En ella, Ronan salió en apoyo de su hermana Dylan en la denuncia por abuso que realizó contra su padre Woody Allen cuando ella tenía 7 años. Él dijo que le creía a su hermana.

Y enfrentó al periodismo por no abordar el tema de las denuncias por abusos y violaciones cuando estaban frente a las grandes celebridades. Para ello esgrimió los casos de Bill Cosby y de su padre Woody Allen.

Woody Allen y Dylan Farrow
Woody Allen y Dylan Farrow

La nota decía:

“Esta noche el Festival de Cannes se inaugura con la proyección de la nueva película de Woody Allen. Habrá conferencia de prensa y alfombra roja para el paseo triunfal de mi padre y su esposa (mi hermana). Al lado de ellos caminaran sus estrellas, los protagonistas del film: Kristen Stewart, Blake Lively, Steve Carell, Jesse Eisenberg. Ellos confían que la prensa no les hará preguntas incómodas. No es el momento, ni es el lugar. No serán formuladas. Esa clase de silencio no sólo es equivocado. Es peligroso. Envía un mensaje a las víctimas: que no vale la pena la angustia ni seguir adelante. Envía un mensaje sobre quienes somos como sociedad, qué valoramos, qué ignoramos, quién importa y quién no”.

Hasta ese momento no se había expresado públicamente sobre el tema más que con alguna ironía o algún tweet lleno de sarcasmo: “Hoy es el Día del Padre. O, como también lo llamamos en nuestra casa, el Día del Cuñado” había escrito en el 2012.

No quería que su trabajo se viera opacado por el fragor del escándalo. Quería ser reconocido por su labor periodística y no por sus padres famosos y las terribles rencillas familiares. Pero en ese momento, en el 2016, consideró que era imprescindible apoyar públicamente a su hermana. Las denuncias de abuso contra Woody Allen nunca prosperaron judicialmente. Fue absuelto en cada instancia. La justicia las desestimó pese a los reclamos airados de Mia Farrow. Ronan que siempre que es consultado afirma que cree en lo que dice su hermana, no deja de agregar que su padre quebró un límite moral imposible cuando formó pareja con la hermana de sus hijos, con la hija de su ex pareja, con una hijastra suya.

Otro de sus hermanos salió a defender a su padre. Moses negó las acusaciones de Dylan y Mia. Y recordó que tres de los hijos de Mia Farrow murieron en circunstancias extrañas. Alegó que aquello que para la prensa fueron desgracias, accidentes automovilísticos o súbitas fallas de salud se trataron de suicidios originados en el clima tóxico que se vivía en el hogar de Farrow, en sus maltratos permanentes. Ronan decidió no polemizar públicamente con su hermano Moses.

Moses Farrow
Moses Farrow

Sin embargo su gran logro profesional llegó con su serie de notas para la revista New Yorker en la que destapó el escándalo de Harvey Weinstein, el magnate de Hollywood.

Ronan luego de tener su espacio televisivo durante unos diez meses y de que fuera levantado por bajo rating, se incorporó a un equipo de investigación de la NBC. Su compañero fue un productor con más de veinte años de experiencia que desde un comienzo quedó maravillado con la capacidad de trabajo, la seriedad y el coraje de Ronan. “Tenía un gran compromiso. Y una rara mezcla de empatía con la capacidad de ser muy duro y nada concesivo”, dijo.

Luego de algunos informes, Farrow le propuso a la cadena indagar en cómo los grandes personajes de Hollywood incurrían en el racismo, la pedofilia y los abusos sexuales. Le pidieron que se centrara en esta último cuestión. Luego de muchos meses de trabajo, las sospechas respecto a las conductas de Weinstein se habían transformado en certeza gracias a la gran cantidad de testimonios y pruebas colectadas.

Pero, de pronto, las autoridades de la cadena decidieron suspender la investigación y no renovar el contrato de Farrow. “Lo grave no es que tuviéramos muchos nombres de víctimas de Weinstein, es que teníamos hasta grabaciones suyas y nos ordenaron que no hiciéramos ni una llamada más y que canceláramos todas las entrevistas”, escribió en su nuevo libro.

Ronan, en medio de esas negociaciones, consiguió que lo autorizaran para utilizar lo investigado en otro medio. En el New Yorker recibió el apoyo de Ken Auletta y de su director, David Remnick. Confiaron en él y en la investigación. Mientras escribía su artículo se enteraron que el New York Times estaba trabajando en la misma historia. Las notas de ambos medios salieron con cinco días de diferencia y provocaron un terremoto en las estructuras de Hollywood. El hombre más poderoso de la industria había sucumbido ante las contundentes denuncias. No hubo amenazas, ni castigos que pudieran frenar las revelaciones. Una nueva era comenzaba: el #MeToo.

Gracias a esa investigación Ronan Farrow ganó el premio Pulitzer compartido con los periodistas del New York Times. Todavía no había cumplido los 30 años.

En estos meses con la aparición de su nuevo libro, Catch and Kill: Lies, Spies and a Conspiracy to Protect Predators (Atrapar y Matar: mentiras, espías y una conspiración para proteger a los predadores) volvió a estremecer los cimientos de la industria. Allí cuenta las dificultades, presiones y amenazas que tuvo que afrontar en el transcurso de su investigación.

Narra que Weinstein contrató a Black Cube, una agencia privada de agentes de inteligencia israelíes, conformada por ex integrantes del Mossad, para perseguir a Farrow y amedrentarlo. Una tarde Harvey Weinstein llamó a Ronan por teléfono y le dijo: “Yo sé lo que te pasa. Estás sólo y asustado. Tus jefes te abandonaron y tu padre... Como no pudiste salvar a alguien que amabas, ahora pensás que podés salvar a otros”. La presión psicológica tampoco tuvo efecto y no frenó al joven periodista.

El productor cinematográfico Harvey Weinstein (REUTERS/Lucas Jackson)
El productor cinematográfico Harvey Weinstein (REUTERS/Lucas Jackson)

Sin embargo las amenazas y dificultades en un momento fueron tan intensas que Ronan depositó las principales pruebas de su investigación en una caja de seguridad de un banco con un cartel que decía, como en las películas: “Sólo abrir si me pasa algo”.

Cuenta, también, cómo se arma la trama de poderosos para conseguir impunidad, la manera en que persiguen e intimidan periodistas, logran que los grandes medios no publiquen noticias en contra de ellos, cómo “matan las noticias” y de qué modo consiguen callar y postergar a las víctimas.

Una de las grandes revelaciones tiene como protagonista a Matt Lauer, un legendario presentador de un noticiero matutino, que fue despedido por la NBC una mañana de 2017 por conductas impropias con una compañera. El anuncio fue sorpresivo.

Lo que Farrow devela en su libro es que Weinstein enterado de la investigación que se llevaba a cabo amenazó a los directivos de la NBC con dar a conocer las denuncias contra Lauer, una de sus figuras. Que lo que sucedió fue un cambio de figuritas, un pacto de impunidad mutuo. Aunque a ninguno le sirvió demasiado porque en pocos meses las revelaciones salieron a la luz.

Las conductas de Matt Lauer, sostiene Farrow, fueron repetidas y mucho más graves que algo “impropio”. Habla de violaciones y abusos y aporta testimonios. Que su conducta de predador, como la de Weinstein, era conocida y consentida por el medio. La NBC sólo se limitó a decir que Farrow no tenía suficientes pruebas para afirmar que la cadena había encubierto al conductor.

Lo que expuso la investigación sobre Harvey Weinstein es que gran parte del ambiente artístico sabía lo que ocurría. Y que nadie hizo nada por denunciarlo o detenerlo. Ronan Farrow no se limitó a demoler a Wientein. En el New Yorker continuó publicando artículos que le costaron la carrera a encumbrados personajes como el Ceo de la CBS, el político Eric Scheinerman e hizo tambalear a un candidato a la Corte Suprema de su país.

Con la caída de Harvey Weinstein y la era del #MeToo hubo un cambio de paradigma. Lo que antes era tolerado y silenciado se tornó insoportable. Las conductas se modificaron y las carreras de muchas personas influyentes tambalearon. El público se volvió más exigente y poco dispuesto a perdonar delitos sexuales. Lo que antes prefería ignorar ahora se volvió un obstáculo insalvable.

Las empresas presionadas y preocupadas por evitar crisis y denuncias, toman sus recaudos. Así, un efecto inesperado del artículo de Ronan sobre Weinstein fue la suspensión por parte de Amazon del contrato de su padre. La empresa se negó a exhibir la nueva película del cineasta. Ese cambio de época que permitió a Amazon hacer esto es, en parte, producto de las tenaces denuncias e investigaciones de Ronan Farrow. Por lo tanto esta sería la venganza mediada, y hasta inesperada en sus efectos, hacia su padre Woody Allen.

Un tema que él no provocó pero que lo afecta y lo pone en el centro de las conversaciones y el de los rumores es el de quién es su padre. Por las redes sociales circulan las fotos en las que se lo compara con Frank Sinatra. En algunas de ellas, se debe reconocer, el parecido es notable. Los ojos celestes, la sonrisa delgada, el pelo, la mirada profunda. También es imposible de negar que Ronan comparte con Woody, si bien no rasgos fisonómicos determinantes, una capacidad intelectual superior a la media.

Mia Farrow  (Shutterstock)
Mia Farrow (Shutterstock)

Sinatra estuvo casado con Mia Farrow, la madre de Ronan, durante dos años, a fines de los 60. En una entrevista que le hicieron a Mia en 2013 le preguntaron si Sinatra era el padre de Ronan: “Probablemente”, respondió. “Nunca estuvimos totalmente separados, nos seguimos viendo hasta su muerte”, agregó. El escándalo, como era de esperar, fue mayúsculo. Esa contestación puede interpretarse como otra de las venganzas propinadas por la actriz a Woody Allen.

El director cinematográfico dijo que él no sabía nada del tema, que siempre creyó que era el padre pero que no lo juraría por su vida. También dijo que durante años había pagado su manutención, educación y cuidado. Y que en caso de no serlo, el haberle hecho pagar todas esas cosas se convertiría en algo injusto.

Ronan, por su parte, respondió con humor: “No podría dar demasiadas precisiones, porque como ustedes saben, yo no estaba ahí”. Pero, en otra oportunidad, estableció que para él “Woody es legal, ética y personalmente su padre”.

En la polémica intervino Nancy Sinatra, Jr, la hija del cantante. Contó que Mia era parte de la familia, que era cierto que no se habían de dejado de ver nunca y que a Ronan lo querían muchísimo. Sin embargo resaltó que decir que Frank era el padre del chico era un despropósito, un sinsentido. Alegó, también, que Sinatra para la época de la concepción de Ronan tenía hecha una vasectomía. Un periodista de una revista mensual determinó que en el momento de la concepción de Ronan, Frank Sinatra estaba convaleciente de una enfermedad, lo que volvería improbable que en ese tiempo hubiera mantenido relaciones sexuales con Mia.

Quizá la mejor síntesis de este tema la hizo el mismo Ronan: “En realidad, todos podemos ser hijos de Sinatra”.

Ronan hace ocho años que está en pareja con Jon Lovett, creador de uno de los podcasts más escuchados en Estados Unidos. La antigua ocupación de Lovett fue la de escritor de los discursos presidenciales de Barack Obama.

Cuando puso punto final a su nuevo libro, Farrow imprimió una copia y se la dio a leer a su pareja. En medio del manuscrito, Lovett encontró una sorpresa. Ronan le proponía matrimonio.

Sin fecha cierta aún, los medios norteamericanos especulan que este año tendrá lugar la boda. El 2020, además de este evento personal, promete ser un año ocupado para Ronan Farrow: un podcast basado en su nuevo libro, una serie de documentales periodísticos para HBO, la gira de presentación de su libro, las notas para el New Yorker.

Tiene mucho trabajo. No es para menos para alguien al que la revista Time destacó como uno de los 100 personas más influyentes del mundo. Alguien que escapó al destino familiar, que forjó su camino, que logró superar los escándalos a fuerza de trabajo, determinación e inteligencia.

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