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El atleta griego que corrió desnudo para ganar los Juegos Olímpicos porque perdió su taparrabos durante una carrera y convirtió el ‘fallo’ en una tradición olímpica

La costumbre surgió décadas después del origen olímpico y se explicó por ventaja física, seguridad y sentido religioso, mientras la figura de un vencedor de Mégara quedó ligada para siempre al cambio

Esculturas de mármol de hombres desnudos en posturas de carrera y lanzamiento de disco sobre una superficie clara con gradas de piedra al fondo
Varias estatuas de mármol que representan a atletas desnudos en disciplinas como la carrera y el lanzamiento de disco se exhiben en un estadio antiguo (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En la época de los tejidos técnicos y la máxima tecnología aplicada a cada detalle del runner profesional, los griegos buscaron y encontraron sus propios métodos para ‘alivianar’ al máximo su equipación al correr. Era fácil: ante la duda, mejor ir desnudo.

El pionero en esta técnica fue el corredor Orsipo de Mégara, quien ganó la carrera de estadio en la XV edición de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, celebrados en el año 720 a.C., tras perder el taparrabos que llevaba durante la prueba y completar la distancia sin prenda alguna. Aquel momento, recogido siglos después por el geógrafo e historiador Pausanias en su obra Descripción de Grecia (I, 44.1), no pasó a la historia como una mera anécdota o incluso un evento vergonzoso, sino que transformó para siempre las reglas del atletismo griego y dio origen a una de las tradiciones más reconocibles de los Juegos Olímpicos.

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La carrera en cuestión era el stadion, la prueba más prestigiosa del programa olímpico. Consistía en recorrer unos 183 metros, una distancia equivalente a 600 veces la longitud del pie de Heracles, según la medición mítica que daba nombre al estadio. Los atletas competían entonces con el perizoma, una faja o taparrabos de tela que cubría los genitales, costumbre que Homero ya describía en sus epopeyas y que constituía la norma desde los primeros Juegos, fundados en el 776 a.C. Pausanias, que escribió en el siglo II d.C., dejó el testimonio más citado sobre el episodio: “Orsipo ganó en el estadio de Olimpia corriendo desnudo, cuando los atletas competían con taparrabos según la costumbre antigua”. El geógrafo añadió su propia interpretación: “Mi opinión es que en Olimpia dejó caer deliberadamente el cinturón, pues sabía que un hombre desnudo corre con más facilidad que uno ceñido”.

Intérpretes durante el ensayo general de la ceremonia de encendido de la llama olímpica de los Juegos Olímpicos de París 2024 en la Antigua Olimpia, Grecia. 15 de abril, 2024. (REUTERS/Louisa Gouliamaki)
Intérpretes durante el ensayo general de la ceremonia de encendido de la llama olímpica de los Juegos Olímpicos de París 2024 en la Antigua Olimpia, Grecia. 15 de abril, 2024. (REUTERS/Louisa Gouliamaki)

El texto original, accesible en la edición digitalizada del Project Gutenberg, constituye la fuente literaria más directa sobre el episodio y una inscripción funeraria hallada en Mégara refuerza el relato. El documento, catalogado en el Corpus Inscriptionum Graecarum (CIG I, 1050 = IG VII, 52), grabado sobre la tumba del atleta, lo presenta como “el primero de los griegos coronado desnudo en Olimpia, cuando los anteriores llevaban cinturones en el estadio”. El epigrama, que algunos especialistas atribuyen al poeta Simónides de Ceos, fue analizado por el filólogo August Boeckh en el siglo XIX y constituye la evidencia epigráfica más antigua sobre la figura de Orsipo. Las Inscriptiones Graecae (IG VII), accesibles en el repositorio digital del Berlín-Brandenburgische Akademie der Wissenschaften, conservan el registro de este documento. La tradición, con todo, no es unívoca. Dionisio de Halicarnaso, historiador griego del siglo I a.C., atribuyó la innovación a otro deportista, Acanto de Esparta. En su obra Antigüedades Romanas (VII, 72.3) y según su versión, fue el atleta lacedemonio quien, en esa misma decimoquinta Olimpiada, “corrió desnudo en Olimpia antes de que nadie más lo hiciera”. Las Crónicas de Eusebio de Cesarea también sitúan el cambio en el año 720 a.C. y mencionan tanto a Acanto como a Orsipo.

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Vista lateral de varios atletas masculinos compitiendo en marcha atlética sobre una pista roja en un estadio lleno de espectadores.
Varios atletas participan en la competición de marcha atlética en un estadio olímpico abarrotado bajo un cielo soleado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El debate entre ambas versiones ha ocupado a los historiadores del deporte antiguo durante décadas, como documenta el artículo The introduction of athletic nudity: Thucydides, Plato, and the vases, publicado en el Journal of Hellenic Studies de Cambridge. Otra versión, recogida por el escritor tardoantiguo Isidoro de Sevilla en sus Etimologías (XVIII, 17.2), adjudica la norma de la desnudez a una decisión administrativa: el arconte ateniense Hipómenes habría decretado que los atletas compitieran sin ropa tras un incidente en el que un corredor tropezó con su propio taparrabos.

Los atletas olímpicos no siempre compitieron desnudos

Esta variante apuntaría a motivos de seguridad antes que de rendimiento y convive en la historiografía antigua con las dos anteriores sin que ninguna fuente contemporánea a los hechos las respalde de forma directa. Lo que sí es claro para los especialistas es que la desnudez atlética no formó parte de los Juegos desde su fundación. El estudio Naked Virtue: Ancient Athletic Nudity and the Olympic Ethos of Arete señala que la arqueología de la Edad de Bronce y los poemas homéricos confirman que la práctica no existía antes de finales del siglo VIII a.C.

La desnudez se introdujo más de cincuenta años después de la fundación tradicional de los Juegos, y fuera del deporte y ciertos rituales religiosos, seguía siendo considerada vergonzosa en la cultura griega. La dimensión religiosa y cívica del cuerpo desnudo en la Grecia antigua explica en parte por qué la innovación prosperó. El término gymnasion, que designaba el espacio de entrenamiento, derivaba directamente del adjetivo griego gymnós (“desnudo”), y el verbo gymnazo significaba literalmente “entrenar desnudo”. Como documenta la entrada correspondiente de la World History Encyclopedia, los atletas competían sin ropa como tributo a los dioses y como expresión de la virtud cívica del cuerpo masculino, que debía estar preparado también para la guerra. Los gimnasios estaban bajo la protección de Heracles, Hermes y, en Atenas, Teseo. Tucídides, en su Historia de la Guerra del Peloponeso (I, 6.5), añadió una capa más de complejidad al asunto al afirmar que los espartanos fueron los primeros en ejercitarse desnudos en sus propios gimnasios, aunque su texto no alude directamente a la competición olímpica.

El historiador W. Robert Connor, en un análisis publicado en The Chronology of Athletic Nudity Among the Greeks, argumenta que el pasaje de Tucídides no contradice la tradición sobre Orsipo, sino que describe un fenómeno distinto: el entrenamiento en los gimnasios locales, que habría precedido o coexistido con la desnudez competitiva en Olimpia. De hecho, Orsipo no fue solo atleta. La inscripción funeraria de Mégara también lo recuerda como general que amplió el territorio de su ciudad-estado tras disputas fronterizas con Corinto, según recoge la entrada de la Oxford Research Encyclopedia of Classics.

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