
Fue Juan Gregorio Pujol, un correntino nacido en Saladas -la patria del granadero correntino Juan Baustista Cabral- quien trajo el proyecto de contar con un sello postal. Pujol había combatido en Caseros, participó del Acuerdo de San Nicolás y fue uno de los responsables de que el país tuviera una Constitución. En agosto de 1852, a los 34 años, había asumido la gobernación en su provincia.
De regreso de un viaje por Europa, dispuso lanzar una estampilla, idea que tuvo al visitar Francia, donde el 1 de enero de 1849 había emitido la primera con la imagen de Ceres, la diosa romana de la agricultura, que también tiene su historia.
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Ceres era la deidad de la agricultura, del crecimiento de las plantas y de las buenas cosechas. La leyenda cuenta que viajaba por todo el mundo repartiendo semillas y enseñando cómo cultivarlas.

La bella Proserpina era su hija y como en toda mitología, el drama también está presente: el escándalo se desató cuando Plutón, el dios del inframundo, la raptó para casarse con ella. Por la tristeza de Ceres las plantas dejaron de crecer. Por suerte Júpiter pudo convencer a Plutón de su metida de pata, liberó a la chica a mitad del año y todas las plantas volvieron a crecer y a florecer. Esta historia era la referencia de los antiguos romanos para explicar las estaciones.
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El país precursor de los sellos postales fue Gran Bretaña, que emitió en 1840 los primeros ejemplares de un penique de color negro y dos peniques de color azul, con la imagen de la joven Reina Victoria, que había ascendido al trono en 1837. Con el tiempo, estos sellos fueron conocidos con el nombre de Penny Black y Penny Blue.
Es que antes de eso, el envío lo debía pagar el destinatario y muchas veces éste se negaba a hacerlo y se acumulaban las cartas rechazadas. Entonces surgió la idea de una estampilla pagada por el remitente.
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El diseño de lo que sería la primera estampilla en nuestro país –por entonces dividido entre el Estado de Buenos Aires y la Confederación- estuvo a cargo de Matías Pipet, un francés nacido en 1826, que por 1850 se había radicado en la ciudad correntina de Mercedes, donde ya existía una colonia de connacionales. En su país natal había sido aprendiz de grabador y en Mercedes se ganaba la vida como panadero. Se lo contactó porque se sabía de sus habilidades y le encargaron el trabajo.
Pipet grabó ocho clisés en cobre, cada uno con pequeñas diferencias. Su tamaño era de 19 por 22 milímetros.
Para imprimir la estampilla se contrató a Paul Emile Coni, también francés, tipógrafo, que había integrado el llamado ejército grande que lideró Justo José de Urquiza para derrocar a Juan Manuel de Rosas. Era uno de los que se ocupaba de la imprenta móvil que manejaba Domingo Faustino Sarmiento, con quien entablaría relación. En Perú al 600, en la ciudad de Buenos Aires, levantaría una importante editorial a mediados de 1880.
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Coni, nacido en Saint Maló por 1826, se había formado en artes gráficas en París. No quiso hacer la estampilla a partir de una litografía, ya que sería fácilmente falsificable, sino que optó por una impresión tipográfica.
Usó esa misma imprenta que, luego de la batalla de Caseros, había sido enviada a Corrientes.
Fue impresa en color azul en papel de barrilete. Su primera emisión fue el 21 de agosto de 1856 en la provincia de Corrientes, valía un real y tuvo 17 emisiones.
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El correo tiene una antigua historia en América. El 14 de mayo de 1514 se creó el Correo Mayor de Indias, con sede en Lima, centro del poder español en América. Con el correr de los años, fue a Domingo Basavilbaso quien alertó de la necesidad de que la ciudad de Buenos Aires contase también con un servicio de correos con una cadena de postas a lo largo del interior del vasto territorio, iniciativa que entusiasmó al gobernador. De esta forma, los porteños se enteraron el 17 de junio de 1748 de que contaban con un correo entre la ciudad, Potosí y Lima. El 1 de julio de 1769 el propio Basavilbaso fue el primer administrador. El funcionario sería, además, alcalde y procurador general del cabildo, tesorero del ramo de guerra y de las rentas de la catedral.

Y si hubo un primer correo también hubo un primer cartero y fue el sevillano Bruno Ramírez. Su empleo era cosa seria. Contratado para “que se sirva entregar a los interesados las cartas, que no se sacan del oficio”, el 14 de septiembre de 1771 juró ante el gobernador Juan José Vértiz ante “Dios Nuestro Señor”, haciendo la señal de la cruz.
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En 1802 fue nombrado como entregador de pliegos, esto es, cartero, Domingo María Cristóbal French, quien en 1806 ascendió a auxiliar de correos, y que su dedicación y responsabilidad lo hizo acreedor de prestigio el trabajo. Además, esta actividad le permitió conocer al dedillo a cada vecino de Buenos Aires, dato sumamente útil cuando movilizó con su amigo Antonio Beruti a la gente en los históricos días de mayo de 1810.
Fue Bernardino Rivadavia quien nacionalizó el servicio y pasó a denominarse Dirección General de Correos, Postas y Caminos, que estuvo a cargo de Juan Manuel de Luca durante 32 años.
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En 1853 pasó a depender de hacienda y tres años después del ministerio del interior. Fue Gervasio Antonio de Posadas Bustillo quien instaló los primeros buzones, elaboró el primer reglamento para los carteros y fijó tarifas postales.
Entonces, los buzones eran cajas de madera instaladas en comercios y en lugares públicos, como las plazas. Diez años después se los fabricó de metal. Todas las tardes, un hombre a caballo recogía la correspondencia, que se distribuía al interior primero en carretas y, a partir de 1916, en el ferrocarril, al disponer de un vagón postal.
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Por 1874 se importaron de Gran Bretaña los característicos buzones cilíndricos de metal, pintados de rojo, aunque en diversas épocas tuvieron varios colores. Ya por 1892 los Talleres Vasena fue uno de los establecimientos fabriles que comenzaron a producirlos.
En 1953, en homenaje a la primera estampilla, se estableció el 21 de agosto como el Día del Filatelista Argentino. Pujol, que fue gobernador de Corrientes en tres períodos y que se lo recuerda por sus dotes de estadista e impulsor del desarrollo, luego fue ministro del interior de Santiago Derqui. Falleció en Buenos Aires el 18 de agosto de 1861, justo cinco años después del lanzamiento de la estampilla con la imagen de la diosa Ceres, responsable de que podamos disfrutar de las estaciones del año.
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