
La ciudad de Pompeya está llena de misterios. La antigua ciudad romana, situada a los pies del Vesubio, se convirtió en una fotografía congelada de la vida de todos sus habitantes en el siglo I d. C. Sin embargo, pese a que los arqueólogos e investigadores llevan siglos analizando todo lo que se ha encontrado, a veces ha habido que esperar a que nuevos avances tecnológicos permitieran comprender alguno de sus secretos.
Esto es lo que ha ocurrido con los llamados grafitis de Pompeya, un conjunto de más de 10.000 escritos en las paredes de la ciudad en los que los ciudadanos dejaban todo tipo de mensajes: desde declaraciones de amor a propaganda política, pasando por chistes y obscenidades de todo tipo. Mensajes, explican desde el Parque arqueológico de Pompeya en un comunicado, “como los que encontraríamos hoy en las calles modernas o en chats y redes sociales”.
Ahora, la incorporación de nuevas tecnologías digitales ha renovado el estudio de los antiguos grafitis hallados en una calle muy especial: el corredor del teatro de la ciudad romana, “un muro revelando excavado hace más de 230 años, frente al cual pasaban millones de visitantes cada año y del que no se esperaba ninguna novedad ni otra historia, y donde, en cambio, mediante el uso de metodologías de investigación de vanguardia”, se han redescubierto escritos inéditos sobre la vida cotidiana y las interacciones sociales de sus habitantes hace casi dos mil años.
Conocemos el significado de más de 300 grafitis
Durante dos campañas de campo, en 2022 y 2025, equipos de la Universidad de la Sorbona de París y la Universidad de Quebec en Montreal, documentó minuciosamente los grafitis en 27 metros de pared, incorporando tecnologías de escaneo tridimensional, fotografía especializada y bases de datos relacionales. “Solo el uso de la tecnología puede garantizar un futuro para toda esta memoria de la vida en Pompeya”, ha defendido al respecto el director del parque, Gabriel Zuchtriegel.
Este trabajo ha permitido añadir 79 inscripciones inéditas a un corpus ya publicado de unas 200 marcas, constituido tanto por textos como por dibujos. Así, se ha conseguido no solo ampliar el número de inscripciones conocidas sino también reinterpretar grafitis ya estudiados, basándose en su ubicación exacta y relaciones espaciales.

Un espacio de contacto y sociabilidad
El corredor del teatro de Pompeya, construido en el siglo I a.C. y cubierto parcialmente, actuaba como conexión entre los dos teatros de Pompeya y cumplía funciones prácticas y sociales. Sus paredes, cubiertas de yeso pintado en diferentes franjas de colores, muestran una de las mayores concentraciones de grafitis públicos preservadas en la ciudad, comparable solo a la de la Basílica y la Palestra Grande.
Las inscripciones reflejan una sorprendente diversidad: nombres propios, anotaciones numéricas, largos mensajes (algunos relativos a la vida pública o la política romana), declaraciones de amor, insultos, referencias sexuales y dibujos que abarcan desde escenas de gladiadores hasta representaciones de animales y formas geométricas.
Los investigadores también han identificado inscripciones en latín, griego y una lengua semítica ausente en otros contextos occidentales. Un ejemplo es la mención a los Tertiani, un grupo probablemente vinculado a la Legio III Gallica, movilizada en la región hacia el año 69–70 d.C., lo que aporta indicios sobre la presencia de soldados forasteros en la ciudad y su interacción con otros grupos sociales. Otra inscripción relevante describe a una trabajadora sexual llamada Tychè, lo que sugiere que este espacio no solo era un paso, sino también lugar de contacto y sociabilidad.

Así han logrado interpretar los grafitis
El avance metodológico más destacado del proyecto consiste en el uso de una cuadrícula virtual para mapear cada inscripción, así como la aplicación del método RTI (Reflectance Transformation Imaging), que, mediante luz variable sobre las superficies, permite identificar hasta el más mínimo relieve de las incisiones.
Este sistema, nunca antes usado a esta escala en Pompeya, requirió la captura de aproximadamente 15.000 imágenes y el procesamiento de datos durante sesiones nocturnas, debido a las condiciones de iluminación del lugar. Además, el equipo desarrolló una base de datos que conecta cada inscripción con información espacial, textual, imágenes y referencias previas, permitiendo analizar relaciones de superposición, oposición o aglomeración entre los grafitis.

El resultado se concreta en una plataforma digital tridimensional, accesible al público a partir de este mismo año, en la que será posible explorar el corredor virtualmente, analizar cada inscripción y sus conexiones con el resto. Según exponen los autores, este sistema garantiza “la preservación digital de una colección tan frágil como excepcional” y abre nuevas posibilidades para estudiar fenómenos históricos difíciles de captar con métodos tradicionales.
En 2026, la plataforma en línea permitirá a especialistas y ciudadanos examinar los grafitis, cotejar sus posiciones originales y acceder a todas las fotos y lecturas sistematizadas. Según concluyen los responsables del proyecto, “el uso de herramientas abiertas y la provisión de datos interoperables en la plataforma garantizarán que puedan ser consultados por el público y aprovechados por la comunidad científica, abriendo la puerta a voces que el paso del tiempo rara vez nos deja oír”.
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