
Un estudio interdisciplinario reconstruyó cómo dos grupos nómadas, genéticamente distintos, compartieron las estepas de Mongolia durante aproximadamente 500 años y mantuvieron identidades separadas. La investigación, publicada recientemente, analizó el ADN antiguo y las prácticas funerarias en el valle de Orkhon y otras regiones, lo que permitió comprender la compleja interacción entre identidad y costumbres en la Edad de Bronce de Asia Central, hasta la llegada de la cultura de las Tumbas de Losa en la Edad del Hierro, que significó un reemplazo casi total de la población occidental.
El trabajo estuvo liderado por el Leibniz-Zentrum für Archäologie (LEIZA) y la Universidad de Bonn, junto a equipos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, Harvard University, Seoul National University y la Academia de Ciencias de Mongolia. Los investigadores centraron su análisis en dos poblaciones nómadas activas entre los siglos XV y X a.C.: una se asentó en el sur y sudeste, y otra ocupó el oeste y centro del actual territorio mongol. Ambas coincidieron en el valle de Orkhon y compartieron espacios rituales, enterrando a sus muertos en las mismas laderas montañosas.

Aunque compartían el mismo territorio, las costumbres mortuorias marcaron una división evidente. Los occidentales sepultaban a sus difuntos mirando al noroeste, dentro de túmulos de piedra propios del Complejo de Ciervo-Khirigsuur; en cambio, los orientales lo hacían hacia el sudeste, en pequeñas tumbas antropomorfas. Estas diferencias rituales sostuvieron una separación cultural durante casi 500 años.
El análisis genético respaldó la magnitud de esta separación. “Nuestro análisis de ADN humano antiguo mostró que estos dos grupos permanecieron genéticamente distintos durante unos 500 años, a pesar de vivir en estrecha proximidad”, señaló la doctora Ursula Brosseder, responsable del Departamento de Prehistoria de LEIZA y coautora principal del estudio.
Asimismo, la especialista destacó que existen pocos ejemplos en la prehistoria donde se pudo identificar con tanta definición la persistencia de reglas sociales que determinaron los matrimonios y la transmisión de la identidad genética.
La llegada de la cultura de las Tumbas de Losa
La transición a la Edad del Hierro, entre los siglos X y III a.C., marcó un hito. Surgió la cultura de las Tumbas de Losa, caracterizada por recintos funerarios de losas de piedra, que evolucionaron desde la tradición oriental y se expandieron rápidamente hacia el oeste. Este cambio alteró las costumbres funerarias y, de manera decisiva, la composición genética de la población local.
“Nuestros nuevos datos mostraron que este cambio no fue solo cultural, sino también genético”, afirmó el profesor Jan Bemmann, arqueólogo de la Universidad de Bonn. Los perfiles genéticos en las nuevas tumbas mostraron escasa relación con los grupos occidentales previos, lo que evidenció la llegada masiva de poblaciones orientales y el desplazamiento casi completo de la población local. Incluso en el período del Imperio Xiongnu (200 a.C.-100 d.C.) no se identificaron rastros genómicos de la antigua población occidental.

El estudio incluyó el rastreo del origen de la población occidental hasta las culturas Afanasievo y Khemtseg, pioneras en la introducción del pastoreo móvil en Asia Central hace más de 2.000 años. Si bien finalmente desplazado, este legado dejó una huella reconocible en la historia de la ganadería regional.
Colaboración internacional y <i>relevancia </i>histórica
La investigación formó parte del proyecto Bioarchaeological Research on Cemeteries of the Upper Orkhon Valley (BARCOR) e involucró a instituciones de Alemania, Mongolia, Estados Unidos, Mónaco y Corea del Sur. El trabajo integró análisis genómicos con pruebas arqueológicas para reconstruir la relación entre identidad genética y práctica cultural en una de las zonas ganaderas más antiguas del mundo, según remarcó Brosseder.
Los resultados mostraron que una convivencia cultural prolongada no determinó necesariamente una integración genética, lo cual aportó una nueva perspectiva sobre la complejidad de las sociedades humanas tempranas y sus dinámicas de población.
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