
A finales del siglo XIX, Nueva York enfrentaba un grave problema con la movilidad urbana. Con 150.000 caballos circulando por la ciudad, la acumulación de desechos representaba un desafío sanitario y logístico.
Ante esta crisis, los vehículos motorizados surgieron como una solución prometedora. Sin embargo, los primeros taxis de la ciudad no funcionaban con gasolina, sino con electricidad.
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Según National Geographic, en 1896 se introdujo el primer servicio de taxis eléctricos en Nueva York, impulsado por la Electric Vehicle Company. Esta empresa utilizó el Electrobat, un vehículo diseñado por el ingeniero Henry Morris y el químico Pedro Salom, quienes habían patentado su creación en 1894.

Un sistema eficiente y silencioso
El Electrobat destacó por su diseño innovador. De acuerdo con National Geographic, su estructura incluía una batería de plomo-ácido que permitía alcanzar una velocidad de 32 kilómetros por hora y recorrer hasta 40 kilómetros con una sola carga. Además, su funcionamiento silencioso y libre de emisiones lo convertía en una alternativa superior a los motores de combustión interna de la época.
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El historiador Dan Albert, autor de Are We There Yet? The American Automobile Past, Present, and Driverless, explicó que los automóviles de gasolina eran poco fiables y difíciles de encender, mientras que los eléctricos arrancaban con solo accionar un interruptor.
“Un coche de gasolina apenas encendía en la mañana”, afirmó Albert, destacando la ventaja operativa de los taxis eléctricos en aquellos años.
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La innovación del intercambio de baterías
Uno de los mayores desafíos de los taxis eléctricos era el tiempo de recarga. Para solucionar este inconveniente, Morris y Salom implementaron un sistema de intercambio de baterías.
Según National Geographic, la infraestructura incluía grúas y elevadores que permitían reemplazar una batería agotada de casi 570 kilos en solo tres minutos.
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El historiador David A. Kirsch, autor de The Electric Vehicle and the Burden of History, señaló que este método era tan eficiente que competía con la rapidez de llenar un tanque de gasolina.
“Era mucho más rápido que cambiar un equipo de caballos y probablemente tan rápido como llenar un tanque de combustible”, detalló Kirsch sobre la efectividad del sistema.
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El impacto y la caída de los taxis eléctricos
El éxito de los taxis eléctricos llevó a la Electric Carriage and Wagon Company, subsidiaria de la Electric Vehicle Company, a expandir su flota. En 1899, ya operaban más de 100 vehículos en Nueva York y la empresa había comenzado a extenderse a otras ciudades como Filadelfia, Chicago y Boston, según informó National Geographic.
Sin embargo, los problemas financieros pronto afectaron la estabilidad del negocio. En 1899, el New York Herald reveló que la empresa había obtenido un préstamo de manera fraudulenta, lo que generó el desplome de sus acciones y debilitó la confianza de los inversionistas. A esto se sumó un incendio que destruyó gran parte de la flota, lo que afectó gravemente la operatividad de la compañía.
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Mientras tanto, los automóviles de gasolina comenzaron a ganar terreno. En 1907, el empresario Harry Allen introdujo una flota de 65 taxis a gasolina importados de Francia, la cual creció a 700 vehículos en solo un año. La llegada del Ford Modelo T en 1908 terminó por consolidar el dominio del motor de combustión interna y relegó los taxis eléctricos a un segundo plano.

El resurgimiento en el siglo XXI
Más de un siglo después, los vehículos eléctricos volvieron a las calles de Nueva York. En 2022, la ciudad reintrodujo 25 taxis eléctricos, retomando una idea que, aunque olvidada, ya había demostrado su viabilidad a finales del siglo XIX.
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Según National Geographic, este retorno marcó el renacimiento de una tecnología que, en su momento, estuvo a punto de cambiar para siempre el transporte urbano.
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