
Ese hombre alto, cargado de hombros, de cabellera rubia, amplia frente, piel rosada y ojos pequeños, que ejercía la cartera del Interior en el gobierno de Bartolomé Mitre, se sorprendió cuando los galeses Love Jones-Parry y Lewis Jones le dijeron que sus intenciones eran la de fundar una nación galesa en la Patagonia, pero con su idioma, su religión, sus escuelas, sus costumbres, y que hasta pensaban manejarse con moneda propia.
Escapaban de una Gran Bretaña marcada por la hambruna y las imposiciones de las leyes inglesas, y buscaban mayor libertad. A pesar de las condiciones que pretendían imponer, el funcionario les explicó que lo que pedían era imposible, pero no quiso desalentarlos. Les dio su beneplácito por la empresa que emprenderían, les facilitó el acceso a la tierra, y ese sería el origen de la primera colonia galesa en nuestro país.

El ministro en cuestión era Guillermo Colesbery Rawson, que había nacido en San Juan el 25 de junio de 1821. Al año siguiente falleció su mamá Justina Rojo y su padre era el norteamericano Amán, un médico que dejó su puesto en la armada de su país para radicarse en Argentina.
Su segundo nombre es un homenaje de su padre a Guillermo Colesbery, un compatriota que ejercía la medicina en Mendoza y que lo había instado a que se viniera al país a probar suerte.
Su padre lo instruyó en ciencias, matemática y lengua y luego lo envió a Buenos Aires para que se educase, donde demostró ser un alumno aventajado. En la clase de Física en el Real Colegio de San Carlos sorprendió al padre jesuita Gomila, quien había llevado una pila voltaica y hacía pruebas con un cable para demostrar la celeridad de los impulsos eléctricos. Rawson propuso darle un significado a cada impulso eléctrico para usarlo en comunicaciones, y que ese podría ser el método por el cual él podría comunicarse con su padre, que vivía en San Juan. Sin saberlo, se había adelantado unos cinco años a la invención del telégrafo eléctrico de Samuel Morse.

El doctor Claudio Mamerto Cuenca, director de su tesis doctoral, dijo sobre él: “Los hombres como vos, doctor Rawson, son una sonrisa del cielo, una dádiva preciosa, un impulso de perfección y mejora impreso por la mano de Dios en la carrera progresiva del género humano. Sois la perfección positiva de la perfección moral que sueña la fantasía’‘.
Con el título de médico bajo el brazo, volvió a su provincia a ejercer a la par que hacía sus primeras incursiones en política, donde resultó electo, a los 23 años, legislador provincial.
Opositor a Juan Manuel de Rosas, junto a sus amigos Domingo Faustino Sarmiento y Antonio Aberastain impulsaron la edición del diario El Zonda. Integró el movimiento revolucionario que intentó derrocar al federal sanjuanino Nazario Benavídez, como legislador se opuso a las facultades extraordinarias a Rosas y en febrero de 1852 celebró su caída.

Fue diputado en el Congreso de Paraná y criticó la política de Urquiza. Más adelante renunció a su banca de senador para asumir como ministro del interior del presidente Bartolomé Mitre.
Desde el gobierno, fomentó la conexión entre las provincias mediante la construcción de caminos, expansión del ferrocarril hasta Córdoba, y del telégrafo: estuvo relacionado con el proyecto de un tendido de un cable que unió Buenos Aires con Montevideo.
Asimismo, fue uno de los impulsores de que se hiciera el primer censo en el país, que se desarrollaría durante la presidencia de Sarmiento, con quien, de jóvenes, se habían largado a estudiar italiano por su cuenta en San Juan. Años después mantendrían fuertes polémicas, especialmente por la ley de amnistía a los revolucionarios mitristas discutida en 1874 y antes se habían enfrentado por la represión al caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza.

Cuando el presidente Bartolomé Mitre se hizo cargo de la dirección de la guerra del Paraguay, Rawson se transformó en la mano derecha del vice Marcos Paz, y su labor fue tan destacada que hasta se lo llegó a considerar como un futuro candidato a presidente.
Contagiado de cólera, Marcos Paz fue asistido hasta último momento por Rawson y por algunas semanas -hasta el regreso de Mitre del frente de batalla- debió hacerse cargo del Ejecutivo hasta que renunció desgastado por los conflictos surgidos por una revolución en Rosario contra el gobernador Nicasio Oroño.
Médico higienista
Se había casado con Jacinta Rojo Angulo y tuvieron dos hijos, Adolfo y Josefina, y, a pesar de su trayectoria política, siempre consideró a la medicina como su verdadera vocación. Estuvo en la primera línea en el combate de las epidemias del cólera de 1867 y 1868 y la de fiebre amarilla de 1871, en la que él mismo enfermó y su hermano Benjamín falleció.
Dos años después inauguró el curso de Higiene Pública en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y fue el primero en estar al frente de dicha cátedra durante varios años. Rechazó ser miembro de la Academia de Medicina.
En 1868 intervino en la construcción de un hospital que sirviese para atender la gran cantidad de heridos que peleaban en la Guerra de la Triple Alianza. Llamado Hospital de Inválidos, años después llevaría el nombre de Guillermo Rawson. Allí el 9 de noviembre de 1914 Luis Agote haría la primera transfusión de sangre.
En 1876, representó a la Facultad de Medicina en el Congreso Médico de Filadelfia, Estados Unidos, donde disertó sobre “Estadística vital de Buenos Aires”, un tema que lo preocupaba especialmente, el de la salubridad de la ciudad. Más adelante, representaría al país en congresos de higiene en Europa, experiencias que volcaría en trabajos.

El gobernador de Buenos Aires Mariano Acosta mandó recopilar sus lecciones brindadas en 38 conferencias sobre higiene pública, donde puso sobre el tapete cuestiones tales como el manejo del agua potable, de los residuos, los desechos cloacales y el hacinamiento.
En las instalaciones del antiguo Colegio Nacional de Buenos Aires, junto a un grupo de hombres estableció los cimientos de la Cruz Roja local, la que se formó sobre la base de la carta orgánica del organismo sancionada en el Congreso Internacional de Ginebra de 1864. Rawson fue su presidente honorario.
Había decidido emprender un viaje a Europa un poco para descansar y otro para hacerse atender de un problema de la visión, lo que lo haría dejar la docencia en1883.
Sobrevivía con sus ingresos de su consultorio particular y el Congreso decidió otorgarle una pensión honorífica en homenaje a los servicios prestados. Rawson usaría la mayor parte de ese dinero para instituir un premio al mejor trabajo de higiene que produjesen los alumnos de la Facultad de Medicina.
Volvería al país solo por un tiempo porque su salud empeoró, lo que lo hizo regresar a París. Luego de una operación de cataratas, perdió la visión y falleció en la capital de Francia el 2 de febrero de 1890.
Si bien el poblado todos lo conocían como Fuerte Viejo o Fuerte Aventura, para los colonos galeses que se habían abierto camino en el valle inferior del río Chubut, se referían a ese caserío como Tre Rawson, que en galés significa “Pueblo de Rawson”. Fue el teniente coronel Julián Murga quien oficializó para lo que sería la futura capital de la provincia el nombre de Guillermo Rawson, aquel hombretón amable y cordial que les había abierto las puertas del país a los inmigrantes que llegaron desde la lejana Gales.
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