
El 1 de marzo de 1911, el joven Juan Domingo Perón se incorporó al Colegio Militar de la Nación. Ello se produjo gracias a los buenos oficios de su abuela Dominga Dutey, que fue la mujer que lo crió desde niño con una gran sensibilidad social, junto a sus hijas Baldomera y Vicenta Martirena, de su primer matrimonio. La vasca Dominga, además pudo conseguirle una beca que le permitió completar sus estudios.
En sus años formativos, tuvo un nutrido grupo de profesores civiles y militares. Los de historia fueron Cobos Daract, Juan J. Biedma, Ricardo Levene y Caillet—Bois. Entre los militares, Waldino Correa, Sandalio Sosa, von Schneler, Manuel A. Rodríguez, Carlos D. Márquez y Carlos von der Becke.
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A ellos se les suma el coronel Luis Ernesto Vicat, hijo natural de los inmigrantes Luis Ernesto Vicat Parmentier, nacido en Metz en 1848 (administrador en el Correo, quien se suicidó en Gualeguaychú, Entre Ríos el 14 de octubre de 1894, luego de haber enviudado) y Luisa Gros Bernard, nacida en Marsella en 1848. Luis E. Vicat nació en Merlo, Buenos Aires, el 8 de julio de 1872. Sus padres franceses se casaron en la Parroquia San José de Gualeguaychú, Entre Ríos, el 5 de septiembre de 1877, y el 16 de octubre de 1877, el niño Luis E. Vicat Gros de 5 años, fue bautizado en ese mismo templo.
Como se puede observar, el haber nacido fuera del matrimonio legal no era un impedimento para incorporarse a la milicia. Además de los casos de Vicat y Perón, tenemos el del general Nicolás C. Accame, que también nació sin que sus padres estuvieran casados. De esta manera, se derrumba uno de los tantos mitos que inventaron los detractores de Perón al afirmar la falacia de que tuvo problemas para ingresar al Colegio Militar por su condición de hijo natural.
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A los 13 años Vicat ingresó al Colegio Militar, y egresó el 16 de agosto de 1890 como teniente de Artillería. Perteneció a la promoción 16ta. y se retiró del servicio activo con el grado de coronel el 31 de diciembre de 1915.
Como oficial retirado, se transformó en un precursor de la corriente industrialista del ejército. Colaborador en la Revista Militar, publicó en 1923, cuatro extensos artículos bajo el título de: “Combustibles y Defensa Nacional”, donde desarrolló la relación entre los combustibles y la defensa nacional, con el petróleo y el gas.
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El 25 de julio de 1925, dictó en el Círculo Militar la conferencia “Defensa nacional industrial: bastarnos a nosotros mismos”, donde sostuvo que: “En caso de guerra, sería imposible resistir a un bloqueo efectivo del país porque se carece de industrias de guerra… El incremento de la riqueza agropecuaria que permite importar más, refuerza ‘en proporciones alarmantes la actual dependencia económica’… Debemos cesar de mendigar nuestro progreso al extranjero, puesto que no han de mover ni un dedo para auxiliarnos a desarrollar nuestra minería y sus industrias derivadas, ya que eso va contra su interés”.
Durante la década del ´30, integró el grupo de militares que influenciaron las ideas de Perón, junto a Enrique Mosconi, Manuel Savio, José M. Sarobe, Alonso Baldrich y Ramón Molina, entre otros. En este sentido se publicó en 1964 el libro “Ejército y Revolución Industrial”, con artículos firmados por Vicat, Mosconi, Perón y otros autores.
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Se casó en Buenos Aires el 15 de marzo de 1895 con Blanca Rosa González Fernández Oro, hija del chileno Ramón González y de Lucila Fernández Oro. En el Censo de 1895, la familia Vicat González aparece en Buenos Aires, junto a sus hermanos menores Blanca Magdalena y Ernesto Vicat Gros, ambos nacidos en Entre Ríos. Luego, fueron padres de nueve hijos: Luis Ramón, Carlos Manuel, Blanca Elena, Arturo Víctor, Lía Esther, Mireya Julia, Raúl Marcelo, Alberto Danilo y María Teresa Vicat González.
En la historia de esta familia, se sabe que al coronel Vicat le había caído en gracia el cadete Perón, por haber sido compañero de promoción de su tío Alberto Carlos Perón. Por ese motivo, en vísperas de las Pascuas de 1913, lo invitó a las sierras de Córdoba. Allí conoció a su familia con la que hizo muy buenas migas. Desde entonces, el cadete fue un asiduo concurrente durante varios fines de semana a la casa de los Vicat, integrándose a la vida familiar, donde compartía con sus hijos la vida social.
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De inmediato se hizo muy compinche con el primogénito Luis que prácticamente tenían la misma edad, amistad que perduró por siempre.
Pero tal vez lo más atrayente y desconocido de estas visitas de Perón a la casa del coronel Vicat, cuando tenía 17 años, es que se había interesado por su hija Elena, una joven muy bella nacida en Essen, Alemania el 11 de mayo de 1900. Perón se sentía atraído por ella, pero, a decir verdad, su madre Blanca y su abuela materna Lucila se habrían opuesto a esa relación, pues consideraban que Perón no le convenía por ser de una condición social más baja. Así fue como ese jovial festejo del cadete con la hija del coronel no prosperó, ni se formalizó.
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El subteniente Perón con 18 años de edad egresó del Colegio Militar a fines de 1913. El 20 de enero de 1914 se incorporó al Regimiento Nº 12 de Infantería con asiento en Paraná, por lo que el festejo amoroso con Elena llegó a su fin.
El coronel Luis Enrique Vicat Gros falleció en Buenos Aires el 13 de enero de 1940.
En 1945, Elena pertenecía a la Sociedad de Damas de Beneficencia y le había pedido a Perón que la ayudara. Lo cierto es que Eva Duarte le puso el freno, pues no iba a permitir que otra mujer haga beneficencia con la ayuda de Perón. Luego, en 1950, fue secretaria de la Corporación Argentina de Cultura, donde nuevamente sufrió la oposición de Evita.
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Una constante en la vida de Perón y sus mujeres es que Elena Vicat y su familia también cayeron en desgracia con Eva Duarte, que siempre lo celó y mucho a Perón. Esto mismo le pasó a la familia de su primera esposa, los Tizón.
Lo cierto del caso es que cuando fue derrocado Perón en 1955, la casa de Luis Vicat fue requisada, y los militares se llevaron todo lo relacionado con el ex presidente, desde fotografías donde aparecía Perón sonriente con Elena, hasta cartas y otros documentos.
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Esta historia desconocida en la vida de Perón tiene un nuevo capítulo. Cuando regresó definitivamente al país en 1973, el entonces presidente de la Nación tuvo un vivo recuerdo de Elena –que nunca se casó– su primer amor, y la llamó por teléfono. Le preguntó por Luisito, su amigo. Ahí se enteró de que había muerto en 1968, y su voz se quebró. La conversación de Perón con Elena fue la siguiente: “—¡Pasó tanto tiempo! —El tiempo pasó, Juan, pero es muy lindo que aún nos recuerdes. —Siempre los tuve en mi corazón, hasta al cabeza dura de tu hermano, pero las cosas no resultaron fáciles para mí y tuve que alejarme. Ahora que he regresado me encuentro con que casi toda la gente que quería ha muerto. —Sí, eso es lo que hace el paso del tiempo, pero el que no llega a viejo lo paga con la muerte y quisiera que esa desgraciada se mantuviera muy lejos de mí. —Aunque no te guste, estamos viejos, Elenita. —Supe por los diarios que tu salud no es buena. —A vos puedo decírtelo con confianza ¡estoy hecho mierda! Y la situación del país me tiene bastante desilusionado. —La política argentina siempre fue un calidoscopio, nunca sabes que figura se armará o que colores tendrá. —Luisito me hubiera dicho que la política es una puta, y tenía razón Elenita, lo aprendí de viejo, pero tenía razón ese loco hermano tuyo”.
Resulta evidente que Perón antes de morir, quiso volver a sus afectos más entrañables. El mismo sentimiento tuvo hacia “Potota” Tizón, cuando una mañana en 1974 fue a los bosques de Palermo, al preciso lugar donde se habían dado el primer beso. Es que como dice el refrán, “donde hubo fuego, cenizas quedan”.
*El autor es miembro de la Academia Argentina de la Historia
Publicó “Perón Íntimo. Historias desconocidas” (Areté 2019)
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