Mariano Moreno murió cuando apenas tenía 32 años
Mariano Moreno murió cuando apenas tenía 32 años

Mariano Moreno vivió apenas 32 años y 167 días: nació el 23 de septiembre de 1778 y falleció el 4 de marzo de 1811. Hermano mayor de otros nueve, tuvo la intención de ser sacerdote pero optó por estudiar ciencias jurídicas en la Universidad de Chuquisaca, en la que obtuvo el título de abogado.

De regreso a Buenos Aires integró, como secretario, la Primera Junta de Gobierno (el otro secretario era Juan José Paso), cargo durante cuyo ejercicio se enfrentó vehementemente con quien se desempeñaba como presidente de esa Junta, Cornelio Judas Tadeo Saavedra. A raíz de esos desencuentros terminó renunciando a su cargo.

Con el objetivo de alejarlo del país, la Junta lo envió a Gran Bretaña en misión diplomática, embarcando con ese destino el 25 de enero de 1811; sin embargo el prócer jamás llegaría al viejo continente porque insólitamente falleció en el viaje de ida, el 4 de marzo de ese año, a bordo de la fragata inglesa Fame.

Según el testimonio de su hermano Manuel Moreno, quien viajaba con él, murió debido a una convulsión producida por una sobredosis de un medicamento administrado por el capitán del barco, de tipo antiemético o antivomitivo, de uso habitual en aquella época, elaborado con antimonio, un elemento químico que varios años más tarde, en 1866, fue declarado sustancia venenosa.

Falleció en alta mar en la fragata británica Frame
Falleció en alta mar en la fragata británica Frame

Si bien Manuel Moreno sostuvo la hipótesis según la cual a su hermano lo habían envenenado por orden de Saavedra, la historia no ha podido confirmarla fehacientemente.

De cualquier manera hubo algunos indicios que la han alimentado con cierta razonabilidad: Mariano Moreno era muy joven, gozaba de buena salud, tenía enemigos políticos y, para colmo, pocos días después de haberse embarcado hacia Gran Bretaña, su esposa María Guadalupe Cuenca recibió en su casa una caja que contenía un par de guantes negros, un abanico negro y un velo de luto.

Además, la desdichada viuda le escribió varias cartas que Moreno nunca respondió. ¿No sabían las autoridades de entonces que su representante diplomático había fallecido sin llegar a destino? Y si lo sabían, ¿no era lógico comunicarle la noticia a su esposa? Muchos interrogantes respecto de esta temprana y sospechosa muerte.

Si bien podría decirse que Moreno fue desafortunado desde un punto de vista político, al menos debe admitirse que no fue así en el plano sentimental, ya que su mujer, María Guadalupe, lo amaba profunda y apasionadamente.

 
María Guadalupe Cuenca
María Guadalupe Cuenca

Mariano Moreno y María Guadalupe se habían conocido mientras aquel estudiaba abogacía en la Universidad de Chuquisaca. Ella era nativa del lugar y se enamoró perdidamente del prócer. En 1804 nació un hijo de la pareja, a quien pusieron de nombre Mariano, y en 1805, una vez recibido de abogado, Moreno, su esposa e hijo viajaron hacia Buenos Aires para radicarse definitivamente.

Cuando se produjo el "destierro encubierto" de Moreno, María Guadalupe Cuenca sufrió mucho la separación, lo cual se refleja en el contenido de las diez cartas que infructuosamente le envió a su amado Moreno entre el 14 de marzo y el 29 de julio de 1811.

Ese sufrimiento se agravaba día a día, al advertir que esas cartas no eran respondidas por el desafortunado marido. Pues era lógico que así fuera: ¡el destinatario estaba muerto y su cuerpo yacía en el fondo del océano atlántico!

Los que siguen son párrafos de algunas de esas misivas, aunque advierto que, para facilitar su lectura, han sido transcriptas con algún tipo de edición y sin incluir algunas faltas graves de ortografía y modismos gramaticales de entonces.

Su esposa le escribió 10 desesperadas cartas de amor
Su esposa le escribió 10 desesperadas cartas de amor

En la primera carta del 14 de marzo de 1811, diez días después del fallecimiento del prócer, Guadalupe le escribía:

"Mi querido y estimado dueño de mi corazón, me alegrare que lo pases bien y que al recibo de esta estés ya en tu gran casa con comodidad y que Dios te dé acierto en tus empresas; tu hijo y toda tu familia quedan buenos, pero yo con muchas fluctuaciones y el dolor en las costillas que no se me quita y cada vez va a más; estoy en cura, me asiste Argerich, se me aumentan mis males al verme sin vos y de pensar morirme sin verte y sin tu amable compañía, todo me fastidia, todo me entristece, las bromas de Micaela me enternecen porque tengo el corazón más pa llorar que pa reír, y así mi querido Moreno, si no te perjudicas procura venirte lo más pronto que puedas o si no haceme llevar porque sin vos no puedo vivir, la casa me parece sin gente, no tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener tu mujer y tu hijo que te consuelen y participen de tus disgustos; ¿o quizás ya habrás encontrado alguna inglesa que ocupe mi lugar? no hagas eso Moreno, cuando te tiente alguna inglesa acordate que tenes una mujer fiel a quien ofendes después de Dios……".

En la segunda carta, del 20 de abril de 2011, la esposa de Moreno escribía:

"Mi amado Moreno de mi corazón: me alegraré que lo pases bien en compañía de Manuel (hermano de Moreno), nosotras quedamos buenas y nuestro Marianito un poco mejorado, gracias a Dios… ay, Moreno de mi vida, qué trabajo me cuesta el vivir sin vos, todo lo que hago me parece mal hecho, hasta ahora mis pocas salidas se reducen a lo de tu madre… todo me parece triste, … van a hacer tres meses que te fuiste pero ya me parecen tres años;… veo que cada día se asegura más Saavedra en el mando… Solo Dios sabe la impresión y pesadumbre tan grande que me ha causado tu separación porque aun cuando me prevenías que pudiera ofrecérsete algún viaje, me parecía que nunca había de llegar este caso; al principio me pareció sueño y ahora me parece la misma muerte y la hubiera sufrido gustosa con tal de que no te vayas… En la plaza principal están levantando una Pirámide (en referencia a la Piramide de Mayo que se construyó como festejo del primer año de la revolución de mayo)… el cuarto lo he alquilado en doce pesos porque han bajado los alquileres y no hay quien dé más. … Del pobre Castelli hablan incendios, que ha robado, que es borracho, que hace injusticias…".

Sin respuesta alguna, la pobre viuda seguía escribiéndole a Moreno en su cuarta carta del 9 de mayo de 1811:

"Mi amado Moreno de mi corazón, me alegraré que estés bueno, toda la familia queda buena, pero yo penando siempre con los dientes, y el dolor en las costillas, que unos días más, otros menos, me mortifica mucho, y algunas veces me hace desconfiar de volverte a ver; esta memoria me deja sin sentidos, de pensar morirme, desamparada de mi Moreno, del único consuelo que tengo, del único padre, y del marido más querido de su mujer… yo no aspiro más que a estar a tu lado, servirte, cuidarte, y quererte cada día más de lo mucho que te quiero, toda mi felicidad se funda en que vivas; y yo a tu lado, y así, día y noche, te encomiendo a Dios, para que te dé muchos años de vida, y nos veamos pronto; no me consuela otra cosa más que cuando me acuerdo las promesas que me hiciste los últimos días antes de tu salida, de no olvidarte de mí, de tratar de volver pronto, de quererme siempre, de serme fiel, porque a la hora que empieces a querer a alguna inglesa adiós Mariquita, ya no será ella la que ocupe ni un instante tu corazón, y yo estaré llorando como estoy, y sufriendo tu separación que me parece la muerte, expuesta a la cólera de nuestros enemigos, y vos divertido, y encantado, con tu inglesa; … ya hace tres meses 17 días que te fuistes, por Dios Moreno escribime a menudo y date un lugarcito para leer mis cartas, aunque disparatadas, y no las tires sin leerlas, acordate de tu Mariquita que te quiere más que a sí misma y sobre todo lo que hay en el mundo; nuestro Marianito está muy mejor del empeine que tenía en la cabeza … los médicos Argerich y Capdevila decían que tenía lombrices … tu madre, aunque viene todas las noches, no le gusta que pasen días sin ir Mariano a su casa … cuando estaré a tu lado, ay mi Moreno de mi corazón, no tengo vida sin vos, se fue mi alma y este cuerpo sin alma no puede vivir y si quieres que viva venite pronto, o mandame llevar. El cuarto lo alquilé a un inglés para almacén y había sido ladrón, lo prendieron a los ocho días, y me han venido a tomar declaración….".

“Mi querido Moreno de mi corazón”, escribía Guadalupe
“Mi querido Moreno de mi corazón”, escribía Guadalupe

El 9 de junio de 1811, en una nueva misiva, escribía Guadalupe Cuenca:

"…se cumplen cuatro meses, dieciocho días, de tu salida, y todavía no tengo el consuelo de recibir carta tuya; unos ratos le pido a Dios paciencia para esperar tus cartas y tu vuelta, otros ya me parece que me has olvidado…desahogo mi corazón con llorar; no tengo más desquite que mis lágrimas, pero después de atormentarme con estos pensamientos, te pido perdón, y me acuerdo lo que siempre me decías que siendo yo buena con vos lo habías de ser conmigo: sí, mi amado Moreno, sí lo soy y lo seré hasta mi muerte, pero mi querido Moreno si ves que tu comisión es para largo tiempo mándame llevar … nuestro Mariano sigue en la escuela, sabe de memoria poco menos de la mitad del catecismo, anoche se echó a llorar, le pregunté de qué lloraba, y me dice, ay, mi madre, dónde estará mi padre… El Paraguay ya se ha unido con nosotros, lo han tomado preso a Velasco y otros, y piden a Belgrano porque es precisa su persona para dirigirlos en el Paraguay…".

El 21 de junio la viuda de Moreno volvía a dirigirse a su amado por medio de una nueva carta, de la cual también transcribo parte de su contenido:

"Mi querido Moreno de mi corazón: … ya te puedes hacer cargo cómo estaré sin saber de vos en tantos meses que cada uno me parece un año, cada día te extraño más, todas las noches sueño con vos, ah, mi querido Moreno, cuántas veces sueño que te tengo abrazado pero luego me despierto y me hallo sola en mi triste cama, la riego con mis lágrimas, de verme sola, y que no solo no te tengo a mi lado sino que no sé si te volveré a ver, y quién sabe si mientras esta ausencia no nos moriremos alguno de los dos, pero en caso de que llegue la hora sea a mí Dios mío, y no a mi Moreno, pero Dios no lo permita que muramos sin volvernos a ver… ".

El "vía crucis" de Guadalupe se reflejó también en esta última carta del 29 de julio de 1811

"Mi amado Moreno, dueño de mi corazón: me alegraré que estés bueno, gordo, buen mozo, y divertido, pero no con ninguna mujer … no dejes de escribirme todo lo que te pasa, ábreme tu corazón como a tu mujer e interesada en todas tus cosas; basta de guardar secretos a mí, cumple con tus obligaciones de cristiano, no te olvides de mí, ve modo de que nos veamos pronto allá o aquí, porque sin vos no puedo vivir; … en vos solo, después de Dios, está todo mi pensamiento, … y si no te parece mal que te diga, que me es más sensible a mi que a vos, porque siempre he conocido que yo te amo más, que vos a mi, perdóname, mi querido Moreno, si te ofendo con esta palabra, no tengo más que decirte, recibe memoria de todas, y dáselas a Manuel; tu hijo está estudiando a ayudar misa, procura que nos veamos pero me parece que aquí no puede ser, porque cada día va peor, hazme llevar; adiós, mi Moreno, no te olvides de mi, tu mujer María Guadalupe Moreno… Dios me dé paciencia".

En el mes de agosto de ese año, Manuel Moreno, hermano del prócer, avisó a su cuñada que Mariano había fallecido en alta mar. La noticia la desmoronó, pero al menos le sirvió para entender por qué su amado esposo no contestaba sus cartas.

Guadalupe sobrevivió al difunto cónyuge cuarenta y tres años, falleciendo el 1 de septiembre de 1854, cuando la Argentina ya había ingresado en su etapa de organización nacional al amparo de la Constitución sancionada en 1853. "Marianito" Moreno, mientras tanto, siguió la carrera militar y se fue del país durante la época de Rosas.

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