En 1731, el capitán inglés Robert Jenkins fue sorprendido por el buque español La Isabela, mientras contrabandeaba en las costas de Florida. El capitán español, Julio León Fandiño no tuvo mejor idea que atar a Jenkins del palo mayor de su nave, el bergantín Rebecca, y de un certero corte con su espada, le rebanó una oreja. Le dijo: "Ve y dile a tu rey que le haré lo mismo si se atreve". Y le confiscó su carga.

Cuentan que el pobre Jenkins fue a la corte inglesa con su oreja en un frasco y repitió el mensaje que el español le había dado. Inglaterra reclamó, en vano, una indemnización a España y la presión de la oposición forzó al rey Jorge II, en julio de 1739, a autorizar atacar objetivos marítimos españoles en el Caribe.

Llegaba a las armas lo que en realidad era un conflicto comercial, en el que España mantenía el monopolio de comerciar con sus colonias en América. Si bien Inglaterra había acordado un permiso relacionado al comercio de esclavos, llamado Asiento de Negros, que era una licencia española para vender esclavos negros en la América hispana, el contrabando que practicaban los ingleses y buques de otras nacionalidades en la zona era celosamente perseguido por los españoles.

Y estalló una guerra que duraría hasta 1748.

El almirante Edward Vernon armó una poderosa flota de 180 buques, con 20.000 soldados, y los ingleses fueron a la batalla en el Caribe.

Hubo un grupo de cinco navíos de guerra -Centurion, Gloucester, Severn, Pearl y Wager- apoyados por tres buques de reaprovisionamiento -Tryal, Ana e Industry- que zarparon tarde. Al mando del almirante George Anson navegaron por el Atlántico pero hacia el sur, con el propósito de cruzar por el Cabo de Hornos, y por el Océano Pacífico alcanzar la otra costa y así atacar posesiones españolas.

A mitad de trayecto, los barcos de reaprovisionamiento regresaron a puerto y cuando la flota arribó a la zona del Cabo de Hornos, lo hizo en la época de los peores temporales posibles. Los buques Pearl y Severn no lograron cruzarlo y regresaron a Inglaterra. Sí lo hicieron el buque insignia, el Centurión, el Gloucester y el Wager.

Dibujo satírico de 1738 que muestra al primer ministro Walpole desmayándose cuando Jenkins le muestra su oreja cortada
Dibujo satírico de 1738 que muestra al primer ministro Walpole desmayándose cuando Jenkins le muestra su oreja cortada

Las peripecias sufridas por estos barcos quedó relatada en libros como "Naufragio en las costas patagónicas", escrito por John Byron o "The unknown shore", una novela de Patrick O'Brien de 1959. Nos detendremos en la historia del Wager, un buque de 28 cañones que llevaba el nombre de Charles Wager, uno de los principales financistas de esta expedición. Llevaba una importante carga de armas cortas, balas y pólvora.

Ya antes de llegar al Cabo de Hornos falleció su capitán, Dandy Kidd, siendo reemplazado por el teniente David Cheap.

Luego de cruzar hacia el Pacífico, los barcos se habían separado. El Wager quedó solo. Frente a las costas cercanas a Chiloé, el 14 de mayo de 1741 encalló en el archipiélago Guayanaco. Tuvo tiempo la tripulación de descender y de bajar la carga y de rescatar la lancha del barco y los botes salvavidas. Lo primero que hicieron fueron improvisadas carpas con las velas para protegerse de la inclemencia del tiempo.

El propósito del capitán era el de navegar hacia el norte con esa lancha y los botes, capturar un buque español y dirigirse a la isla de Juan Fernández donde se suponía que estaba el resto de la flota inglesa.

Sin embargo, otros eran de la idea de retomar el estrecho de Magallanes, ir al Brasil y poner proa a Inglaterra.

A partir de un motín que estalló el 9 de octubre, un grupo de hombres decidieron volver a su país. Construyeron una balandra, la Speedwell y pusieron proa nuevamente al sur. Cruzaron por el Estrecho de Magallanes y ya en el Atlántico, a la altura del Cabo Corrientes, ocho ingleses tuvieron la mal fortuna de desembarcar. Dos fueron muertos por los aborígenes, otros dos fueron tomados como cautivos y cuatro terminaron prisioneros de los españoles y llevados a Buenos Aires.

Con el correr de los siglos, el lugar fue conocido por los veraneantes de Mar del Plata como Playa de los Ingleses, en recuerdo de esos malogrados marineros que perdieron la vida en esas desoladas costas. Aún así, están quienes sostienen que el nombre obedece a que a esas playas se daban cita principalmente familias inglesas, en los tiempos en que la ciudad balnearia era un gusto que pocos se podían dar.

El nombre Playa de los Ingleses desapareció a causa de la guerra de Malvinas, cuando fue cambiado por Playa Varese, en homenaje a Luis Varese quien, en 1930, había levantado el Hotel Centenario, que perduró hasta 1970.

En la guerra entre España y Gran Bretaña, los primeros llevaron las de ganar. A pesar de que todo terminaría en un status quo, fue famoso el rechazo al ataque inglés a Cartagena de Indias, sólo defendido por seis barcos y 3000 soldados.

¿Qué pasó con los hombres de la expedición del almirante Anson? Apenas seis amotinados y cuatro que había continuado viaje al norte volverían a Gran Bretaña. Y todo por una oreja.