
"Sin agua no hay vida", como en Don del agua, de Tatiana Goransky (Ed. Evaristo), donde nos sumerge cual buzo en la historia familiar de un rabdomante capaz de encontrar agua donde todos han fracasado. Distintas voces y distintas maneras de relacionarse con el elemento primordial, pero siempre de una forma apasionada.
Para leer esta novela hay que mojarse. No alcanza con meter los pies, hay que poner el cuerpo al servicio de esta aventura acuática. "El mar está cubierto por casacarones abiertos, como si cientos de pececitos hubieran nacido aburridos de tanto esperar". Para leer esta novela hay que disponerse a sentir. "A veces, la hora del lobo viene en pleno día y no hay nada que pueda hacer para estar solo. El océano parece burlarse cuando uno se siente desamparado. (…) Dividía a los hombres en tres categorías: los que están vivos, los que están muertos y los que están en el mar".
El agua es un don y una condena que se trasmite de padres a hijos. Mares agitados, blancos de espuma, rizados con olas en miniatura. Mares surcados por barcos que buscan tesoros.

El cuaderno privado de navegación de un capitán y los apuntes inconclusos de una investigadora incitada por una revista local para escribir la tragedia de un barco: voces diferentes para hechos que se entrecruzan; personajes espirituales frente a ambiciosos y resentidos. El premio es sobrevivir en el agua sin artilugios o robarle al lecho del mar un tesoro de diamantes.
La novela naútica y de aventuras nos sopla al oído nombres como Melville y Conrad. En El viejo y el mar, Hemingway dice: "Él siempre pensaba en el mar como la mar, que es como le dice la gente que la quiere" y "Es mejor tener suerte, pero yo prefiero ser prevenido. Entonces cuando la suerte viene, uno está preparado". Goransky dialoga con eso: "Un buceador sólo puede creer en lo que ve y toca, no en lo que otros le dicen que existe ahí abajo".
En Don del agua, lo naútico convive con la filosofía, la superstición y el destino. Hay alguien como el Capitán, que es ballena y gaviota sin ser contradictorio. Hay ambición pero también altruismo; hay venganza pero también justicia. Y, sobre todo, hay una narración original en su enfoque, que atrapa como una novela de aventuras, pero que es a la vez profunda y silenciosa, como el fondo del mar en donde habitan seres que ni siquiera somos capaces de imaginar.
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