
Por Mariana Kozodij
"Hay gente que paga por tu cuerpo, por tocarte, por darte un beso. No se puede explicar mucho", reflexiona Alejo, o Nacho, o Martín. Se trata de uno de los personajes que Hugo Salas crea en su última novela, Hasta encontrar una salida (Editorial Compañía Naviera Ilimitada), para dar cuenta de un mundo aspiracional y sexual; lleno de culpas, traiciones, y la delicada economía de desear y ser deseado.
Sería simple plantear que la novela está divida en tres partes a partir de sus voces narrativas, pero, en realidad, se construye un entramado más complejo entre Ana Karina, profesora universitaria que vive en un country —que fue poeta y performer de joven— y ahora es madre de dos niños en una pareja abierta; Jeff, un estadounidense que intentó, en su juventud ser una estrella de cine en Hollywood —y lo logró, aunque en el mundo del porno— hasta que decidió autoexiliarse en Argentina en los '80 y tener un vivero; y "Alejo", un joven estudiante que trabaja como escort y que funciona como figura traslúcida entre los deseos y las culpas de un universo inesperadamente pequeño e íntimo, lleno de fantasmas personales.
Las relaciones que ofrece Salas son estrechas, como las del perturbador pueblo del sur argentino en su primera novela Los restos mortales (Norma, 2010), con la necesidad de los personajes de encontrarse a sí mismos en otra parte, en otra posición, en cierta idealización de sí mismos.

El laberinto narrativo se inicia con Ana Karina, que se pierde manejando al salirse de la autopista y debe enfrentarse a un asentamiento —en el medio de un basural— que la obliga a replantearse, una vez más, su maternidad, su posición económica, y su objeto de deseo. En esta presentación es donde el autor da imágenes contundentes de lo que nos espera: una geografía de relaciones esquivas llena de cuerpos duales, tan presentes como ausentes.
Un hombre misterioso rescata a Ana Karina y así se inicia la fantasía entre lo que se dice y lo que se oculta a lo largo del relato. La voz madura de Jeff marca un quiebre en el ritmo de la lectura y abre otro universo que parece alejarse para volver a los mismos temores. "Alejo" es el puente que se abre y se cierra, y que pone de relieve las angustias preexistentes.
El ser deseado y "completarse" son las máquinas que atan las historias entrecruzadas con el halo de una idea de destino que poco tiene que ver con lo romántico, sino más bien con la intención de aprovechar la oportunidad.
Swingers, actores porno, escorts, estrellas de cine, amigos, parejas, vecinos, son algunas de las etiquetas que atraviesan los personajes de esta historia de circunstancias que se precipita en dramas, miserias y sorpresas, sin por ello resultar desesperanzadora. Además se suma la prosa pícara que no duda en subrayar la frivolidad y los tabúes, sin ánimos de aleccionar.
Lo sexual funciona, en la superficie, como un intento para "encontrar una salida" con el goce y el poder como acompañantes; mientras que la soledad — y el miedo a enfrentarse a la misma— es el hilo, no hacia el escape, aunque si tal vez hacia un nuevo recodo en el transitar cotidiano de sentirse perdido.
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